Sábado por la noche. Tercera Llamada. La música de sala, de esas que uno reconoce propias para subir en ascensor o esperar en el conmmutador, hace mutis para dejar en silencio el nuevo espacio que se recreará entre el patio de butacas y el escenario del Teatro Daniel Ayala Pérez. Nuevo y único, cabría decir, pues, aunque sea un lugar común afirmar que el fenómeno teatral es un hecho vivo e irrepetible, no creo que esté de más dejarlo de manifiesto en estos tiempos donde un espectador-consumidor exigente y selectivo (que no todos lo son) bien podría, en nombre de su sensibilidad y su bolsillo, inclinarse por asistir al teatro y disfrutar una puesta en escena como ésta.

Tu ternura molotov, para quien no lo sabe, fue escrita por el venezolano Gustavo Ott un par de años después de que las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, se colapsaran tras ser impactadas por sendos aviones comerciales significándose en el parteaguas de un era preconizada por las doctrinas guerreristas de Estados Unidos, en especial la Low Intensity Conflict, y uno de sus “escenarios” por excelencia: la lucha contra el terrorismo.

Editada por primera vez en 2004, supongo que a raíz de haber obtenido el Premio Ricardo López Aranda, Tu ternura molotov aparece en la trayectoria del también fundador del Teatro San Martín de Caracas luego de un largo camino dentro de un estilo identificado como cruel y hasta macabro, siempre divertido, que, podríamos decir, alcanza su madurez con obras como Fotomatón, 80 dientes, 4 metros y 200 kilos, Tres esqueletos y medio y Miss; para dar paso a una nueva etapa que parece insertarse en lo que algunos estudiosos se han dado a la tarea de clasificar como un teatro latinoamericano posmoderno, entre cuyas obras primeras, hablando de Ott, se encuentran Dos amores y un bicho, Bandolero y Malasangre y, justamente, Tu ternura molotov.

Sobre el proscenio, a telón cerrado, un par de mesas de centro, de esas que llaman de diseño, de un blanco inmaculado, aparecen como punta de un iceberg que se desvela cuando el telón se abre al ritmo de los primeros compases de una suerte de jazz latino que Manuel Estrella musicalizara tomando como leit motiv la melodía de una canción para niños. Desde ése primer momento ya podemos comenzar a imaginar posibles rutas por las que apuntará la propuesta escénica de Juan de Dios Rath.

Casi de inmediato, aparece Victoria, encarnada por una Ariadna Medina guapísima, dando las primeras pinceladas de movimiento sobre la escena con prestancia y energía, y detrás de ella Daniel, vestido con el cuerpo de un Sebastián Liera tan adecentado que poco tiene que ver con la imagen desparpajada que le sabemos quienes lo conocemos de sus andanzas no-teatrales, que comienza a adueñarse del tablado.

Ella, locutora de noticias, modelo de la mujer profesionista que abandera el modo de producción capitalista, lo apura a él, abogado de una firma prestigiosa y modelo del ideal masculino del sistema y su cultura, para que siga a pies juntillas las instrucciones para concebir al heredero perfecto, varón para más señas, de su propia versión de un american way of life moderno, exitoso económicamente, heterosexual, guardián de la moral y las buenas costumbres, amante del orden, perfeccionista obsesivo, siempre sonriente, perfumado y almidonadito.

Todo está a punto, Victoria y Daniel, termómetro y bolsa de agua caliente en ristre, nos hacen saber y sentir que es así, en medio de un ambiente acogedor, elegante, clasemediero tirando a clase alta y por sobre todas las cosas con orden, como puede y debe comenzar a construirse el futuro; lo contrario, el asfixiante humor de la pobreza, la miseria abarcándolo todo como enredadera y su patrimonio: la ignorancia, el olvido, la explotación, es condena.

Pero el idilio se verá roto unos instantes más tarde cuando, en mitad de uno de los momentos más cachondos de la puesta (que no alcanza a salirse del orden preestablecido), la llegada de un paquete para Victoria enviado por el FBI abrirá la puerta a un pasado que irrumpirá en esa sala inmaculada, aunque sexosa, y hará del sueño americano que protagonizan nuestros anfitriones una pesadilla.

A partir de este instante la disección de la obra y su montaje se vuelven complejos, porque el espectador, ora crítico, ora consumidor, ora un poco de ambos, puede agarrarse del texto y dar tumbos hasta el final del recorrido, intentar seguir la dramaturgia de la puesta en escena y sus estrategias para justificar hasta donde es posible las hipótesis del autor, acompañar la trayectoria de los personajes conforme a la dramaturgia actoral o tomar distancia y en lugar de una mirada fragmentada recoger la sensación que le deja la experiencia en su totalidad.

Dicho en tres patadas (favor de no olvidar que lo dicho aquí es la mera percepción de un opinador especializado en no ser especialista en nada ni de nada), si el espectador-consumidor y chance hasta crítico empieza por lo primero, comenzará a hacerse una serie de preguntas para las cuales no encontrará respuesta ya que Ott plantea un conjunto de rutas que abandona sin resolver, ubicando a su obra en una especie de híbrido genérico que no termina por ser una comedia dado lo anecdótico de lo que se cuenta y la relativa simplicidad de los personajes, ni alcanza tampoco a ser una farsa porque el tono (con sabor a comedia) no llega a ser lo suficientemente grotesco.

Si se inclinara por lo segundo, sería testigo de una dupla muy bien acoplada entre la dirección y la producción escénicas que apostó por resolver de manera un tanto cuanto tradicional el universo planteado por el autor y que por esa vía entrega un producto de calidad, bello, cuidado, equilibrado, bien orquestado. Sin embargo, es quizás en la virtud de ser lo suficientemente sensibles e inteligentes como para ser fieles a Ott que, Rath en la dirección y Medina en la producción, pudieran estar cargando también con el pecado de no resolver las contradicciones de las tesis planteadas por su colega venezolano.

Apuntar hacia lo tercero, colocaría al espectador-consumidor de cara al disfrute de una cauda de recursos histriónicos por parte nuevamente de Medina y de Liera con muy buen nivel: cuerpos que habitan el escenario, gestualidades que seducen a la mirada, voces que conducen al pensamiento, desplantes de energía que sacuden la piel. Personalmente, se antoja imaginar qué harían Ariadna y Sebastián con un texto que tuviera menos concesiones tanto para con ellos como para con el público. Porque Tu ternura molotov, desde la dramaturgia de autor hasta la dramaturgia de actor, pasando por la dramaturgia del director, se nos presenta como un producto bellamente acabado: el diseño de la escenografía, el vestuario, la iluminación, la musicalización y la imagen de los personajes, así como su realización, es un dechado de armonía visual donde nada parece desencajar (salvo una zona menos iluminada que otras donde perdíamos la totalidad del gesto en la actriz y, un poco menos, en el actor y algunos errores en la entrada de los tracks de audio y los cambios de luz); pero, tan bello y tan cuidado que caía en una especie de falso realismo al que no le terminábamos de creer.

No obstante, el resultado general, la percepción de la totalidad, puede dejar satisfecho al espectador-consumidor: no saldrá defraudado. Está frente a un texto cargado de una intensionalidad crítica que invita a pensar sin renunciar al sacrosanto derecho teatral de ir a divertirse, pues presencia la disección casi inmisericorde de una clase social cuya doble moral encuentra explicación (mas no justificación) en el deseo con que sus miembros miran a quienes están arriba de ellos, un deseo directamente proporcional al medio con el que miran a los que están abajo; y, lo que es mejor, lo hace llevado de la mano por un equipo de profesionales abajo y arriba del escenario que función tras función le brindarán lo mejor de su no poca experiencia.

Enhorabuena a Murmurante Teatro; pero, sobre todo, felicitaciones al espectador-consumidor de Mérida, la de Yucatán, porque con proyectos como éste, emprendidos por artesanos profesionales y no por improvisados comerciantes, está más cerca de seguir siendo lo primero, un digno espectador, y tomar distancia de su camino a convertirse en lo segundo, un mero consumidor.

CARACOL EN RESISTENCIA
HACIA UN NUEVO AMANECER

JUNTA DE BUEN GOBIERNO EL CAMINO DEL FUTURO.
LA GARRUCHA CHIAPAS MEXICO
28 DE ENERO DE 2010.

A LA SOCIEDAD CIVIL NACIONAL E INTERNACIONAL
A LOS COMPAÑEROS (AS) ADHERENTES DE LA OTRA CAMPAÑA NACIONAL E INTERNACIONAL
A LOS HERMANOS DE DERECHOS HUMANOS NACIONAL E INTERNACIONAL.

HERMANOS Y HERMANAS:

LA JUNTA DE BUEN GOBIERNO EL CAMINO DEL FUTURO, DENUNCIAMOS LOS HECHOS OCURRIDOS EL DÍA 22 DE ENERO DE 2010 EN EL POBLADO LAGUNA SAN PEDRO. MUNICIPIO AUTONOMO DE RICARDO FLORES MAGON EL DESALOJO DE LOS BACES DE APOYO ZAPATISTA.

EL MAL GOBIERNO FEDERAL, ESTATAL PERREDISTA DE JUAN SABINES GUERRERO Y PRESIDENTE MUNICIPAL CARLOS LEON SOLORSANO ARCIA, DE OCOSINGO AN REALISADO UN OPERATIVO MILITAR, POLICIAS FEDERAL ACOMPAÑADO POR FUNCIONARIOS DEL MAL GOBIERNO, PROCURADURIA FEDERAL DEL MEDIO AMBIENTE, (PROFEPA) SOBREBOLARON 4 HELICOPTEROS EN EL POBLADO LAGUNA SAN PEDRO, PARA CAUSARLE MIEDO A LA POBLACION.

LOS QUE PARTICIPARON EN ESTE OPERATIVO POLICIAS, EJERCITO MEXICANO Y FUNCIONARIOS DEL GOBIERNO, Y CAMAROGRAFOS, PERIODISTAS FUNCIONARIOS DEL GOBIERNO, PLATICAN CON LOS HOMBRES Y MUJERES MIENTRAS LAS POLICIAS APROBECHA QUEMAR, LAS CASAS DE LOS BASES DE APOYO ZAPATISTA.

EL MAL GOBIERNO COMO ES POSIBLE HABLA DE DIALOGO, MIENTRAS SUS POLICIAS Y EJERCITO QUEMANDO LAS PERTENECIAS DE LOS COMPAÑEROS BACES DE APOYO ZAPATISTAS.

MIENTRAS ARDIENDO LAS LLAMAS DEL FUEGO DE LAS CASA DE LOS COMPAÑEROS FUERON OBLIGADO SUBIR EN EL HELICOPTEROS HOMBRES Y MUJERES Y NIÑOS FUERON TRASLADO EN PALENQUE.

COMO ES POSIBLE EL MAL GOBIERNO, DESALOJANDO A LOS INDIGENAS CHIAPANECOS Y MEXICANOS MIENTRAS LA TIERRA, LO OCUPA PARA LA CONSTRUCCION DE ECOTURISMO PARA OTRAS NACIONES.

TAMBIEN LOS TRES PODERES DEL MAL GOBIERNO HABLA DE LA REUBICASION DE LOS POBLADORES MIENTRAS SUFRIENDO HAMBRE Y FRIO EN ALBERGUE DE PALENQUE, ASI QUE PREGUNTAMOS DONDE ESTA LA REUVICASION DE ESTOS HERMANOS ZAPATISTAS, QUE GOBIERNO MENTIROSO TRAMPOSO, QUEMA CASAS DE LOS INDIGENAS MIENTRAS LOS PERIODICOS DICE LA REUBICASION DE LOS COMPAÑEROS BACES DE APOYO ZAPATISTAS.

TAMBIEN LOS POLICIAS PERIODISTAS PREGUNTANDO, QUIEN ASEN REUNIONES, QUIEN DIRIGE LAS REUNIONES, ASI QUE SERA UNA REUBICASION ESTOS SON LAS MALAS MAÑAS DEL GOBIERNO DICIENDO COSAS BONITAS MIENTRAS QUE LA FAMILIAS YA ESTAN SOBREBOLANDO RUMBO A PALENQUE.

ESTOS SON LOS Y PERJUICIO, QUE PROBOCO EL GOBIERNO CON NUESTROS COMPAÑEROS BACES DE APOYO ZAPATISTA

QUEMA DE CASA
DESTRUCCION ARBOLES FRUTALES
ROBO DE LAS TIENDAS COOPERATIBA
PERDIDAS GRANOS BASICOS
MAIZ
FRIJOL
ROPAS
ZAPATOS
TODOS LOS ARTICULOS DE LA PRIMERA NECESIDAD TANTOS COMO HERRAMIENTAS DE TRABAJO

ESTOS LAMENTABLE HECHOS SUMAN UN MONTO TOTAL DE $ 585,115.00 ESTOS HECHOS LOS QUE OCURRIERON EN LAGUNA SAN PEDRO MUNICIPIO AUTONOMO DE RICARDO FLORES MAGON, CHIAPAS MEXICO.

ATENTAMENTE

JUNTA DE BUEN GOBIERNO

PEDRO GUTIERREZ GUZMAN
LAURO HERNANDEZ GUTIERREZ
REVECA LORENZO CRUZ
MARIN JIMENEZ PEREZ
GABRIEL HERNANDEZ LOPEZ

Sábado por la noche. Segunda Llamada. En la entrada anterior había querido hacer una especie de juego-ejercicio a partir de la pluma de un joven crítico teatral como Ricardo E. Tatto para ir dejando constancia de que la puesta en escena de Tu ternura molotov, que actualmente se está presentando en la ciudad de Mérida, la de Yucatán, cuenta con algunos ingredientes que seguramente son del gusto del público teatral yucateco: el hecho de conocer y reconocer el trabajo de quien dirige la puesta en escena (Juan de Dios Rath), lo mismo que el de su actriz y productora (Ariadna Medina); entre otros colaboradores. A ese rasgo lo llamé: “sello de garantía”.

Muchas veces, incontables diría yo, se habla del teatro como un fenómeno artístico y cultural en constante crisis; todo mundo habla y escribe sobre la crisis del teatro, sólo que por “crisis” no todo el mundo está entendiendo lo mismo. Los más filosóficos e idealistas hablan no de la crisis, sino de las crisis, y no sólo del teatro, sino de los teatros, y lo ven como una cualidad: aquello-aquél que está en crisis es porque todo el tiempo se cuestiona a sí mismo y es cuestionado por el Otro; vive fuera de certezas y, por ende, de dogmas, y, como la materia o la energía, se transforma: un círculo virtuoso. Los más pragmáticos se refieren a la crisis del teatro como una fatalidad: la de la fuga de espectadores-consumidores para con otras ofertas del mercado artístico y cultural y, por ende, la pérdida de recursos para seguir financiando al propio teatro: un círculo vicioso.

En lo personal, me gusta mirar las crisis de los teatros con la lente idealista y, aunque adorador del demonio que administra los teatros del Infierno, doy gracias al dios de los escenarios en la Tierra cada vez que un cómico emprende su pánico andar fuera de las certezas que le da caminar las recetas en las que se siente seguro en escena; cada vez, pues, que se busca en lo desconocido e insondable que puede ser el Otro. Pero, no por ello, dejo de observar la crisis, digamos económica, del teatro, y, acerca de ésta, tengo mi propia teoría que, parafraseando a Fernando Delgadillo respecto a un poema vuelto canción de Rodrigo Solís, la escribí después de copiarla de una libreta del Sebastián:

“Sin perder de vista que los factores vinculados a la ausencia de los llamados públicos teatrales son diversos y complejos, uno de estos factores se corresponde con un cambio radical en el estatus del espectador cuando el fenómeno teatral, inserto en la lógica del modo de producción capitalista, lo ha conducido a abandonar su carácter de participante de una liturgia en la que se piensa, se siente y se mira a sí mismo de raíz, radicalmente, para ser solamente un mero consumidor. Así, la convocatoria al espectador del Siglo 21, al tiempo que no debe renunciar a doblar campanas para celebrar la misa dionisíaca, quizás también deba tomar en cuenta que, como dicen que dijo Galeano, las catedrales del nuevo milenio son las grandes plazas comerciales y las obras de teatro una mercancía más.”

Juan Villoro, reciente ganador del Premio Internacional de Periodismo Rey de España, propone que el arte sirva para estructurar un discurso que se oponga a lo que llama una “gramática del miedo”; parafraseándolo a él también, creo que el arte podría ir un poco más allá y oponerse a ese fenómeno que escribe el miedo en nuestras vidas, miradas y pieles: el capitalismo, llámese tardío o neoliberal; siempre económico y cultural. Quizás, una manera de comenzar a hacerlo es, en principio, reconocer que el espectador de teatro es ya, por desgracia, si así se quiere ver, un consumidor; pues, invitemos entonces al espectador-consumidor a que se reencuentre con la liturgia teatral a través del montaje-mercancía y, desde allí, desactivemos al consumidor y rescatemos al espectador. El problema estará (y de hecho en algunos casos ya es así) cuando las y los trabajadores del teatro renuncien a su herencia cómica y en lugar de desmontar al consumidor que reside en el espectador del Siglo 21 se vuelvan a su vez mercaderes o, peor aún, mercenarios de las artes escénicas.

Personalmente (soy un opinador, no un experto en la materia), creo que ése es el gran riesgo que tienen enfrente Juan de Dios Rath y Ariadna Medina al dirigir y producir Tu ternura molotov, del venezolano Gustavo Ott. La puesta en escena, retomando la idea del “sello de garantía” (concepto que estoy usando con claras intenciones mercantilistas), si lo que Ricardo E. Tatto ha escrito y publicado se corresponde con la realidad de las y los espectadores meridenses, bastaría para que el público se volcara a la sala por el sólo hecho de que detrás de ésta puesta hay gente como Juan de Dios Rath, Ariadna Medina, Óscar López, Óscar Urrutia o Manuel Ek, nombres todos conocidos y reconocidos por la calidad de su trabajo sobre las tablas meridanas; pero, no parece ser así.

Aquí es donde entra a escena la labor periodística de quien sí es el especialista en la materia: el crítico teatral. Bueno, siguiendo la línea que trazamos con eso de “sello de garantía”, me di a la tarea de buscar si hay o no notas y reseñas sobre el primer montaje de Murmurante Teatro Producciones (que es como se llama el proyecto de compañía que encabezan Medina y Rath) y he descubierto que sí las hay y son, por decir lo menos, halagadoras; las plumas detrás de ellas son: Rigel Solís Rodríguez, Gerardo Martínez y, nuevamente, Ricardo E. Tatto. No obstante, la breve temporada que la obra ganadora del Premio Internacional Ricardo López Aranda en 2003 está cursando en el Teatro Daniel Ayala Pérez de esta ciudad, se duele de falta de público.

Solís Rodríguez afirma desde su columna en Por Esto! que “la obra satisface el que según creo es el principal objetivo del teatro: entretener. Y de paso toca emocional e intelectualmente al espectador mediante el uso adecuado de la estética”, y agrega que “el desempeño de Medina y Liera logró de manera eficaz meter al público en la dinámica de la historia, que incluye acciones terroristas, corrupción, amor, sexo, mentiras y desmentiras.” Martínez, desde el blog Ojo Avizor, va más allá en sus flores para con el montaje: “Tu ternura Molotov, del dramaturgo venezolano Gustavo Ott, ha sido estrenada en Mérida, Yucatán, con un sólido pie [...] Su director, Juan de Dios Rath, y sus actores han otorgado un salto cualitativo a la teatralidad yucatense y, porque no decirlo, a la mexicana, quien a través de este montaje ve con ojos propios, nada extraños, una relación de pareja, marido y mujer, que van destrozando los hechos cotidianos a través del discurso político.” Y Tatto apunta desde su cuenta en Facebook que, “al margen de algunos tropiezos y fallas en cuanto a iluminación y sonido, Tu ternura molotov es excelente, de lo mejor del teatro y talento locales.”

Sin embargo, la función del sábado 22 de enero gozaba de la presencia de unas 50 personas, quizás un poco más, y según los cálculos de la taquilla (contando boletos vendidos y cortesías), ésa misma cantidad de gente se reunió en las dos funciones anteriores. El próximo sábado 30 llegará a su fin esta primera temporada de la puesta en escena más reciente de Tu ternura molotov, obra traducida por lo menos al portugués y al inglés y montada en Gran Canarias (donde se estrenó), Argentina, México, Portugal, Washington, Colombia, California, Caracas y ahora Yucatán, sin que su éxito en otras latitudes y su (ahora sí puedo decirlo) acertado montaje en Mérida hayan podido invocar siquiera la solidaridad de la propia “comunidad teatral”, cuyos miembros han caído a cuenta gotas.

Como dijera el Tío: “ni modos”.

Las Voces del Silencio










Sábado por la noche. Primera Llamada. Después de visitar el MACAY, nos fuimos a tomar un café, ahora sí, al Café-Chocolate, en espera de que nos diera la hora para caerle a la función de Tu ternura molotov. Puedo entender porqué le gusta tanto al Óscar venir a este lugar: está bastante acogedor, se puede uno sentar en una especie de terraza al aire libre, venden aguas naturales de horchata de arroz y jamaica en modalidad de refill o rellenable y tienen un café delicioso, también rellenable.

Prácticamente ninguno de los tres: el Óscar, la Lucha y yo (el Sebastián y el Adis se tuvieron que mover al teatro donde sería la representación), intercambiamos palabra, clavados como estábamos con nuestra lectura de Dos mujeres fuera de serie…, Los mártires del Freeway… y Tercera llamada. No sé ella y él (aunque sus caras delataban que realmente estaban disfrutando de su lectura), pero yo me estaba dando un atracón de lo lindo con el libro de Tatto. Supongo que le hubiera sacado más provecho de conocer los montajes y las personas de quienes habla; aún así, pude darme una idea de quién era quién en la multimentada comunidad teatral meridense.

El libro se arranca con un prólogo del dramaturgo y poeta José Ramón Enríquez, también colaborador de La Otra Chilanga (cuando el Sebastián andaba por estas virtuales tierras) y a cuya trayectoria está dedicado el número más reciente de la así llamada Revista Mexicana de Teatro PasodeGato, y cierra con una entrevista que Tatto le hace al también autor de Madre Juana (primera obra galardonada por el Premio Nacional de Dramaturgia “Wilberto Cantón”).

Dividido en tres capítulos, intitulados “Primera Llamada”, “Segunda Llamada” y “Tercera Llamada”, el libro da cuenta de una selección de crónicas-críticas escritas por Ricardo E. Tatto, director de la revista Soma, Arte y Cultura y conductor de radio de la sección cultural “El arte es largo, la vida breve…” por Radio Fórmula, donde no sólo uno puede ir dando seguimiento a buena parte de la producción teatral meridana; sino, también, ir acompañando la maduración de una pluma que poco a poco se va consolidando en el oficio de contar lo que ve que ocurre sobre las tablas; y quizás, no lo sé, ya lo dirán los hombres y mujeres que hacen teatro en estas tierras, esos sean sus valores más altos.

La curiosidad, que dicen mató al gato, me llevó a buscar las reseñas sobre los montajes en que trabajaron durante 2006, 2007 y 2008 los artesanos dionisíacos cuya labor veríamos este noche en Tu ternura molotov. En general, Tatto considera el trabajo de Ariadna Medina, Juan de Dios Rath, Óscar López y Pepe Molina (fotografía y diseño gráfico) de bueno a excelente, al pasar revista a puestas en escena como: Los errores del subjuntivo, escrita y dirigida por Raquel Araujo; Los disfraces y El desayuno durante la noche, obras de Ricardo Prieto dirigidas por Nelson Cepeda Borba; La historia de la oca, de Michel Marc Bouchard, y El veneno del teatro, escrita por Rodolf Sirera, ambas dirigidas por Óscar López; Escenas del Imperio, “con dramaturgia de Salvador Lemis sobre una idea original de Vicente Leñero” y dirección de Gladys Cervantes; La importancia de llamarse Ernesto, adaptación de José Ramón Enríquez del original de Óscar Wilde, dirigida por Raquel Araujo; Malas palabras, de Perla Szuchmacher, y Cats, original de Andrew Lloyd Webber, también dirigidas por Óscar López, y Fotografía en la playa, de Emilio Carballido, dirigida por Paco Marín.

En otras palabras, siguiendo sólo la pluma de Tatto, cualquier espectador acostumbrado a asistir al teatro en Mérida podría concluir que la puesta en escena de Tu ternura molotov, por estar en manos de cómicos cuyo trabajo reconoce por su calidad, lleva ya de alguna manera un sello garantía: la actuación de Ariadna Medina (quien con este proyecto debuta como productora teatral), la buena mirada de un actor sensible e inteligente como parece serlo Juan de Dios Rath (que con esta obra hace su debut como director) y la complicidad de un director eficaz como Óscar López (que esta vez acompaña al proyecto cuidando la maquinaria teatral que lo soportará función tras función).

Si, además, alargamos la mirada hacia aquellos creativos que Tatto no siempre registró en sus reseñas por sus nombres, pero sí por su trabajo, el sello de garantía se consolida al descubrir que, por ejemplo, el cineasta Óscar Urrutia, maestro de Producción en la Escuela Superior de Artes de Yucatán e iluminador y jefe de foro por excelencia de Teatro La Rendija, es el diseñador de la escenografía y de la iluminación de Tu ternura… y Manuel Ek, uno de los sastres que creo más ha vestido a los personajes que han poblado las tablas meridenses, es el diseñador y realizador del vestuario.

De los demás colaboradores y colaboradoras del equipo no recuerdo haber leído o escuchado algo (con excepción de Issaí García y Addy Teyer, y también por la pluma de Tatto; pero creo que no abundó demasiado)… ya nos tocará verlos y escucharlos a través de su trabajo. Es el caso de Sebastián Liera, quien interpreta a Daniel (actor egresado del Centro Universitario de Teatro de la UNAM y cuyo trabajo ya conocemos de un par de montajes que le vimos en la Ciudad de México cuando arrancaba la Otra Campaña: El diablo con tetas, de Dario Fo, y Los locos de Valencia, de Lope de Vega; ambos dirigidos por Gilberto Guerrero); Hemisferio Derecho y Alejandro Barceló, realizadores de la escenografía; Manuel Estrella, diseñador y realizador de la escenografía sonora; Ilka Monforte, diseñadora y realizadora de la imagen de los personajes, y Katenka Ángeles, asistente de dirección y producción (qué chinga).

* En un comentario anterior, el mismo Sebastián Liera nos invita, ya que nos rehusamos a usar el término despectivo de “huach” o, como lo mal escribimos nosotros, “wache”, a reivindicar el de “chilango”; creo que tiene razón: el vocablo mismo de chilango es peyorativo, pero desde su creación La Otra Chilanga ha querido justamente poner en la mesa de la reflexión virtual que chilangas y chilangos somos muchos pero no todos somos gandallas ni abusivos. Desde ésa posición pido disculpas adelantadas por lo que mi ignorancia, que no siempre cortedad de miras, me lleve a escribir sobre ésa tierra y ésa gente maravillosa que es Yucatán y las y los yucatecos: algo están haciendo bien si es una de las entidades menos peligrosas del país y su capital la ciudad más segura de la República, y nosotros creemos saber qué es: tienen respeto por su cultura y por su historia. Estas notas quieren dar cuenta de ello.

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