¿Desnutrición en México?
El pasado 16 de octubre se conmemoró el Día Mundial de la Alimentación, promovido por la FAO, y cuya finalidad es, desde 1979, concienciar a las naciones sobre el problema alimentario mundial y establecer políticas tendientes a fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza.
En este contexto surge una constatación dramática para el caso de México: cada año mueren ocho mil niños por causa de desnutrición aguda. Este escenario es similar a lo que sucede en países de África como Sudán, Etiopía o Angola.
La muerte infantil por falta de una adecuada nutrición resulta increíble y una vergüenza para todos los mexicanos. Hasta Benedicto XVI señala que el incumplimiento al derecho a la alimentación se debe no sólo a causas de tipo natural, sino, sobre todo, a situaciones provocadas por el comportamiento de las personas, tanto en el consumo que muchas veces es irrespon-
sable, como en los métodos y acciones para la explotación de los recursos naturales. En suma, que se trata de un asunto de educación y de cultura, a veces influido por la política.
En este momento, alrededor de 150 mil niños padecen emaciación o desnutrición crónica, 5% del total de los menores de cinco años tiene bajo peso y talla —lo que equivale a más de 470 mil niños— y un millón 645 mil padecen algún tipo de desnutrición. A los niños desnutridos no se les desarrolla de manera normal el cerebro, de modo que no podrán realizar ciertas actividades de precisión, de manera que su futuro está desde ahora condicionado: nunca serán grandes académicos ni especialistas en ámbitos intelectuales, serán jornaleros, obreros, trabajadoras domésticas, albañiles…
Como suele ocurrir en México, casi todos los problemas relacionados con la marginación y la pobreza en nuestro país se concentran en los estados del sureste: Morelos, Guerrero, Puebla, Oaxaca, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
Algunos otros indicadores hablan de que la desnutrición afecta a la quinta parte de la población del medio rural, lo que representa alrededor de cinco millones de personas y, contra lo que se podría suponer, en los sectores urbanos este porcentaje aumenta al 7%. Además, los embarazos de mujeres desnutridas impiden que la madre pueda trasmitir las sustancias nutritivas al feto y da lugar a la desnutrición in útero.
Alrededor de un 9% de los recién nacidos en el medio rural y un 8% en el medio urbano padecen desnutrición. Es en este periodo de la vida del niño cuando se deben tener los mayores cuidados respecto de su adecuada alimentación hasta los 18 ó 24 meses o después, se vuelve más difícil revertir los efectos.
Por todo esto, es necesaria una mayor coordinación entre las diversas secretarías y entidades gubernamentales que tienen que ver con este problema
—Secretaría de Salud, Sedesol, SEP, DIF, IMSS, etc.—, para que se establezcan metas factibles con base en programas de salud y nutrición materno-infantil.
Se necesita diseñar una política integral de apoyo a zonas marginadas y con altos niveles de desnutrición, que cambie la visión de corto plazo y asistencialista por una visión subsidiaria y de acciones diversificadas que genere procesos educativos y propicie las condiciones para que las propias familias de los niños tomen consciencia del cuidado de la salud de sus pequeños, que conozcan y utilicen de la mejor manera los servicios que el Estado brinda, sea para mejorar la alimentación, sea para salir de la marginación que es la principal causa de este problema.
Se calcula que se requieren, anualmente, alrededor de 38 mil millones de pesos para eliminar la desnutrición infantil, pero mientras existen comunidades que son atendidas por más de una institución, otras no cuentan con ayuda de ninguna instancia.
Se requiere voluntad política, programas eficientes, coordinación entre el gobierno, las organizaciones de la sociedad civil y las iglesias que atienden a estas comunidades para establecer procesos de evaluación y seguimiento, sistemas de información y análisis, uniformidad de criterios generales para combatir las causas del problema: la pobreza, el analfabetismo, la desigualdad en las oportunidades y en una palabra la injusticia social que todavía subsiste en nuestro país.
Existen los recursos, existe la voluntad política del
gobierno de Felipe Calderón para trabajar por los que menos tienen, existe un sector de la sociedad civil
preocupado y ocupado en ayudar, sabemos dónde están y quiénes son los que nos necesitan ¿qué más hace falta?
Fichero archivado: Ejercito Zapatista de Liberacion Nacional
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