Archivo para Octubre, 2007

El dulce encanto de la oligarquía

Llegó a noventa dólares el precio del barril de crudo. Son catorce millones cuatrocientos mil los mexicanos hundidos en la pobreza alimentaria. Los que se acuestan con hambre y se levantan con hambre, dicen los organismos financieros de la globalidad que dieron la receta y hoy urgen al paciente para que busque un antídoto.

Noventa dólares y vuela rumbo a los cien por barril. Mientras sus mercenarios protegen a los contratistas en Irak, en Washington hablan de la amenaza de terrorismo nuclear y exponen sus planes para bombardear Irán. De Rusia llega Putin a Teherán a formalizar la alianza regional y petrolera del Caspio. Pero la presión de la demanda de energía que no cesa en China y la India es mayor que la incertidumbre geopolítica. A pesar de que las tropas de Turquía incursionan en el norte de Irak para combatir a los independentistas kurdos. A pesar de la desestabilización de Pakistán y el retorno de los señores de la guerra a Afganistán, donde mandan los talibán y los cultivadores de amapola, mientras las fuerzas de ocupación vagan sin rumbo. Volvió Benazir Bhutto del destierro y un atentado cobró la vida de 139 personas de entre la multitud que la recibió en Karachi.

Todo en nombre de la democracia sinónimo de capitalismo; del Nuevo Orden Mundial; del libre mercado que sirve de mampara a las tendencias monopólicas y a la más brutal concentración de riqueza de que se tenga memoria. La América nuestra es, para vergüenza de las clases dirigentes recicladas y entremezcladas por la transición en presente continuo, la región de la Tierra en la que es mayor la desigualdad. Pero Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Venezuela, entre otros, rechazaron el yugo de la austeridad paralizante y la incontenible concentración de la riqueza generada por la economía del mercado. En México lamemos la coyunda del consenso de Washington y mientras Paco Gil goza la beatitud del cero déficit, el veinte por ciento que obtiene el ochenta por ciento de la riqueza generada por todos, vive el dulce encanto de la oligarquía.

Nuevo régimen fiscal para Pemex, dicen. Nuevo federalismo en el que el reparto de los excedentes petroleros sustenta la reforma fiscal, en la que las entidades federativas son “las grandes ganadoras”. Esto dijo Felipe Calderón en Manzanillo, Colima, el Puerto Viejo donde se reunió la Conago: los estados recibirán 45 mil millones de pesos de los 127 mil millones adicionales considerados en el presupuesto de 2008. Una vez que se apruebe. Porque en San Lázaro no hubo quórum debido al tradicional recurso parlamentario de abandonar la sesión, a cargo de la bancada del PRD. Por lo pronto, entre sonrisas y voluntades expresas de colaboración plural, los “grandes ganadores” recordaron que no se ha distribuido algo más de 30 mil millones de pesos de excedentes petroleros correspondientes a los últimos años del sexenio de Vicente Fox.

Treinta mil millones a sumar al fondo perdido de los miles de millones de dólares que ingresaron al fisco vía ordeña de Pemex en el establo que les escrituró la alternancia. Y que se diluyeron en el gasto corriente. Ni un peso en obras de infraestructura, escuelas, carreteras, hospitales, restauración de los sistemas de riego abandonados por los que se fuga el 80 por ciento del agua, libre o no de contaminación. Ni un peso para invertir en mantenimiento, en exploración, explotación de nuevos campos petroleros, ya no digamos en refinerías cuya construcción se ha pospuesto durante lustros, mientras crecían demanda y consumo y llegamos a importar gasolinas. Según algunos estudiosos, no todos partidarios del inmovilismo que condujera a la imposible privatización, en diez años podríamos convertirnos en importadores de crudo.

A 100 dólares por barril. Pero México sigue sin rumbo, atado al timón fijo de la tecnocracia timorata; la de la inversión diferida a nombre de la disciplina fiscal, o porque rebasaría los sacrosantos “techos fiscales” y nos condenaría a una espiral inflacionaria vertiginosa, incontenible, capaz de dificultar la competitividad rentista de nuestras cúpulas empresariales y ensombrecer el dulce encanto de la burguesía. Gloria a Gil en el insondable cero déficit. Y el premio de ministro de Finanzas del año para Agustín Carstens, seguramente por la inesperada habilidad de los juegos de birlibirloque en una reforma fiscal que no cobra un centavo más a los que más ganan, no acomete a los molinos de viento del impuesto sobre la renta progresivo, pero asegura mayores ingresos con el tributo empresarial prepagado, con lo que casi recuperaría en cinco o seis años el 3 por ciento que dejará de ingresar en un año con el nuevo régimen fiscal de Pemex.

País petrolero. Nunca como ahora, causa de optimismo, instrumento formidable para enfrentar el reto de generar y distribuir riqueza. Pero en plena euforia de transparencia oficial, pareciera tenderse un lente opaco sobre el sector energético; sobre Pemex y el papel fundamental que habrá de desempeñar en el logro de los planes de gobierno y los objetivos del Estado mexicano. La Secretaría de Energía trabaja en monacal discreción, con humildad franciscana, se diría. Aunque hay presencia firme y accionar constante en la Comisión Federal de Electricidad; quizás porque genera la única energía que no puede almacenarse; o porque los agoreros del fatalismo zedillista toparon con una empresa de Estado cuyos servicios llegan a más del 90 por ciento de la población.

La conspiración del silencio en torno a Pemex cede ante los estallidos de bombas en los ductos de gas. Dan voz a una guerrilla que reivindica los atentados y demanda la presentación de dos de sus integrantes; desaparecidos, dicen, por las fuerzas del orden. La tímida discreción oficial contrasta con el sonido y la furia de las denuncias sobre el influyentismo de la familia del ex presidente Vicente Fox, quien promueve en la televisión de Estados Unidos su autobiografía y su proyecto de liderazgo mundial de la ultraderecha velada de la antigua democracia cristiana. No hacen falta fiscales especiales, ni comités de salud pública. El de San Cristóbal Potemkin se basta solo para exhibir el vacío, la prepotencia intolerante de quien se alzó con el poder y nunca supo que no era por mandato divino. No cayó una pobre estatua, se desplomó un colosal engaño.

De petróleo hablaba. El viernes se conmemoró el 37 aniversario de la muerte del gran expropiador, de “Lázaro Cárdenas, general de América”. En el Monumento a la Revolución, como cada año, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano depositó una ofrenda floral ante el mausoleo. Con él, su madre, su esposa, sus hijos y algunos amigos. Ningún dirigente del PRD. De espaldas a la historia, agobiados por el servilismo, se imaginan actores de una épica revolucionaria y son partiquinos de una disputa sin sentido: pecado de lesa majestad de Cuauhtémoc Cárdenas al decir “que hay un gobierno, que está tomando decisiones, que tiene secretarios de Estado, que firma decretos, que cobra impuestos y (le) parece que esta es una realidad que no puede desconocerse.”

Frente a un socavón de la ciudad que se hunde bajo sus pies, Marcelo Ebrard pontifica: “Las declaraciones de Cuauhtémoc Cárdenas simplemente reflejan su altura política”.

La expectativa, unto del sistema. Frente o atrás del espejo, el dulce encanto de la oligarquía.

Vicente Fox acosado

Nos estuvieron diciendo que Marcos iba a llegar en helicóptero y armado hasta los dientes, que tuviéramos cuidado, que no nos acercáramos al Encuentro porque era peligroso y que iba a haber balazos”, cuenta en el zaguán de su choza María del Pilar, una yaqui de 32 años, alta, delgada y con la cara larga.

En Sonora, Vicam es el pueblo más antiguo de esta tribu integrada por cerca de 30 mil personas, según el INEGI. Aquí no fueron pocos los intentos oficiales que ocurrieron para evitar que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional organizara su cónclave con grupos indígenas de todo el continente.

Pero el perifoneo del miedo falló. Por entre caminos polvorientos que esperan ser pavimentados algún día, hasta los yaquis escépticos del poblado, como María del Pilar, presencian ahora las reuniones donde se habla del poder indígena, las reuniones del EZLN en Vicam.

La curiosidad entre los nativos ha crecido para ver lo que se ha ido conformando en los últimos días en su comunidad: un mapa de esa rebeldía que se da de manera dispersa y discreta en distintos rincones del país y que el EZLN trata de unificar mediante la conformación de un movimiento social, que tenga a las organizaciones indígenas como columna vertebral.

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Un purépecha dice: “Para algunos, la opción es vivir mal o vivir bien. Para los pueblos indios, cada vez más la opción es vivir o morir”.

Aquí están los kiliwa de Baja California, que desde el año pasado instalaron un campamento de protesta para defender su supervivencia como etnia, ante el despojo constante de sus tierras ricas en agua y la amenaza de la desaparición de su lengua. La iniciativa, impulsada junto con los zapatistas, provocó una reacción internacional en contra de las autoridades estatales.

También se ve en estos lares calurosos a esos triquis jóvenes de Oaxaca, que el primer día de este año tomaron el poblado de San Juan Copala, centro espiritual de su etnia, y lo declararon municipio autónomo adherido a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, rompiendo con el Movimiento Unificado de Lucha Triqui, una organización histórica que en los últimos años se acercó a los gobiernos del PRI de aquella entidad.

Vestidos con manta adornada por colores alegres, usando huaraches, morral y sombrero de palma con adornos de chaquira y bolas de alambre, los huicholes, amables y viajeros, traen su palabra de protesta ante la invasión constante de sus tierras, allá por lo que es el municipio de La Yesca, en Nayarit.

El único periódico de Sonora que le dio la portada a la inauguración del Encuentro de Pueblos de América, celebrado en Vicam, tituló su nota con la siguiente cabeza: “Desplaza EZLN a yaquis de la comunidad”. Y el balazo es: “Prácticamente tomado Vicam”. En la edición también se colocó la fotografía de un joven rubio con el torso desnudo, tatuajes, piercing y rastas en el pelo, con la siguiente pregunta: “¿Encuentro de indios?”

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Hay una voz que una y otra vez se invoca en esta cita: la que presume ser la primera, la voz que reitera que es la originaria, la de los que se quejan de que el estado los sentencia por ser indios y por ser pobres.

Entre ellos, están un grupo de mazahuas que vienen del Estado de México con el reclamo por el encierro desde hace más de un año de su compañera Magdalena García Durán, aquella vendedora de frituras detenida en San Salvador Atenco y que hace unos meses fue declarada por la secretaria de Amnistía Internacional, Irene Khan, como la “principal presa de conciencia que hay en México”.

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Para ti no habrá sol, para ti no habrá muerte, para ti no habrá dolor, para ti no habrá calor, ni sed, ni hambre, ni lluvia, ni aire, ni enfermedad, ni familia.

Nada te causará temor, todo ha terminado para ti, excepto una cosa: hacer tu trabajo.

En el puesto que has sido asignado, ahí te quedarás para la defensa de tu nación, de tu gente, de tu raza, de tus costumbres, de tu religión.

Juramento de los yaquis.

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Es ese mosaico pequeño del México indio, del México lastimado y jodido que se reúne aquí en Vicam, justo en los mismos días en los que el gobernador de Sonora, Eduardo Bours, satura los medios de comunicación por su informe de gobierno que hoy dará a conocer.

Para los indígenas en cónclave, apenas hay una poca de atención local y si acaso, la más que se da es parecida a la que le da un locutor que usa la concesión radiofónica para decir que aquí en Vicam “la indiada está en revuelta”.

La democracia electoral en Latinoamérica no le da esperanzas a los indígenas de la región, dijo este lunes el subcomandante Marcos, líder de la guerrilla mexicana Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).La “democracia electoral es aquello con que los mandones (gobernantes) hacen el negocio de llevar el mundo a la catástrofe, porque allá arriba no hay esperanza para los pueblos indios”, explicó Marcos al clausurar en el estado mexicano de Sonora (noroeste) un encuentro continental de etnias indígenas.

Sin embargo, el encapuchado subcomandante confió que en el futuro habrá “un mundo sin mandones, algo que parece imposible hoy”.

El encuentro, que reunió a más de medio centenar de etnias de una decena de países americanos, se pronunció por globalizar la lucha indígena, oponerse a los tratados de libre comercio, rechazar a la Iglesia Católica y recuperar las creencias religiosas indígenas, entre otras conclusiones.

Vive México tiempo crítico

“Tiempo crítico éste que vive México. Con las mismas y quizá mayores cuotas de desigualdad de hace 30 años.¡Hay mucha pobreza! Jóvenes adultos la sufren. La juventud casi no tiene perspectiva. ‘Achatada’, hace lo que puede. Abierto al mundo, con miles de millones de dólares de fuera, México no crece. Y los jóvenes sin educación superior. Apenas el 20, quizá el 25. ¡Coeficiente de Educación Superior bajo! Estados Unidos anda en el 60-70. Europa se mueve entre el 40-50.

“Hay un problema” -diseccionó: “la dirigencia del Estado mexicano que se casó con la hipótesis y las creencias -pese a que ya se vio que no funcionan- de tenerle una fe ciega al mercado y a la globalización.

“¡Hasta la caricatura de Fox ¡ Fox, que quiso continuar lo hecho antes”. Y ni continuó, ni saltó.

“Y está el problema real de las élites mexicanas. Los ricos de México no están nada dispuestos al arriesgue. Veo mucho desgaste. Se fía en exceso en el poder de la inversión externa. Que sea complemento ¡sea! Pero no el sustituto.

“Se exacerbó el conflicto social y político. Hoy es difícil llegar a acuerdos sustantivos. A una cooperación entre Estado y empresas.

“Vemos, además, un exceso de conflicto y agresividad de empresas contra obreros. Tal es el caso de mineros y empleados de aviación. Situación preocupante”.

Rolando Cordera Campos, coautor junto a Carlos Tello Macías del clásico “México: La Disputa por la Nación”, conserva intacto, más bien afilado, el humor.

“¿Qué se requiere para alcanzar el rango de Profesor Emérito en la UNAM?”

“Tiempo ¿no? Yo doy clases aquí en Economía desde hace 37 años. Tiempo… Tiempo…”

EN LA UNAM SE VEN LAS DESIGUALDADES DEL PAIS

“¿Cómo está hoy la UNAM?”

“Después de la huelga de fin de siglo, veo que la UNAM es muy vulnerable. Es un sitio completamente abierto. Ve, mira. Aquí no hay policía.

“La UNAM requiere de mucho trabajo. Fortalecimiento de su tejido social; de su población. La huelga la dañó. Dejó rencor, encono, dolor; separación.

“Hallamos que la UNAM puede fortalecerse, reencontrarse, avanzar como comunidad intelectual académica, científica, culta. Aumentó su nivel de aprendizaje. Aunque es desigual. Tiene investigadores de alto nivel. E institutos de Primer Mundo. Facultades que hacen su trabajo. Aportan, desde luego. Atienden a muchos.

“Y esta economía menguante que no atrae a muchos. Juzgo dramático, trágico el caso de nuestras ingenierías. En la UNAM se gradúan. Y no hay obra pública. Y la poca que hace el Gobierno se entrega a firmas extranjeras. Bien formados los ingenieros de la UNAM. Ellos construyeron mucho de este país. Hoy -y ya desde hace años- no encuentran trabajo.

“Urge revisar los criterios económicos. ¡Para poner a México a crecer! El país tiene con qué. Cuadros buenos le sobran.

“Pues la UNAM -a quien muchos daban por extinguida- dio el salto. La UNAM funciona. Lo digo sin pretensiones triunfalistas. Probó que no hay contradicción entre educación de calidad y cantidad de estudiantes. ¡Se puede!

“Se necesitan -ya se sabe- más recursos. Dinero. Que la sociedad aporte. Las universidades no pueden atravesar el amargo trance de la negociación anual de su presupuesto. Al cuarto para las doce deben batirse contra quienes se proponen hacer ‘recortes’ y más ‘recortes’.

“El rector De la Fuente realizó un gran esfuerzo. Compromiso abierto y personal el que desplegó. Juan Ramón creó espíritu. Atrajo a personas, a grupos. Y a profesores, alumnos e investigadores. A todos los que mostraban opuestos en el terreno político. Juan Ramón de la Fuente tejió una formidable coalición. Unió voluntades…

“La comunidad universitaria avanzó mucho. No se ve que se reviva el conflicto. Visiones diferentes, las hay. El chiste es dar con el cauce para dirimirlos.

“No hay conflicto serio. Existen grupos ¡claro!. Minoritarios, que no lograron montar un movimiento de oposición frontal en la UNAM.

“Ahí está el tema del 2 de julio del 2006. No ha habido más de una interrupción en el trabajo académico y de investigación. No veo focos de alarma, no. Tengamos en cuenta -atrajo Rolando Cordera- que, como el país, la UNAM recoge ‘desequilibrios sociales’. Aquí se encuentran contingentes de muchachos cuyas familias no obtienen más de 5 salarios mínimos diarios. Muchos son universitarios de ‘primera generación’. Jóvenes que vienen de casa sin librero. Muchachos ‘mal nutridos’

“Todo esto forma parte de esta realidad universitaria. Muy rica. Esta es una comunidad muy desigual. Las becas hacen la diferencia. Unos cientos de pesos salvan. O condenan.

Repentinamente:

“Yo no quisiera hablar más de la UNAM. Tengo responsabilidades y debo ser prudente”.

Pero sí accedió Rolando Cordera:

“El Gobierno no se interesa en el Conacyt. No se da apoyo real, sostenido a los proyectos de los hombres de ciencia. Tampoco a la ampliación de la oferta educativa. ¡Cuidado ¿eh?! Nos estamos quedando muy atrás. Pero a diario se habla -en el círculo del poder- de la importancia del conocimiento.

“Desde 1973, cuando Echeverría propició la creación de la Universidad Autónoma Metropolitana, aquí no se ha abierto una institución de enseñanza superior. Y no hablemos de la situación de las universidades públicas del país. Sufren fallas muy severas.

“Y la iniciativa privada tiene sus escuelas. Algunas como ITAM o el Tec de Monterrey son de excelencia. Las más no hacen investigación. No dedican dineros a las ciencias básicas. No ponen sus recursos en matemáticas, física, biología… En la iniciativa privada no está la solución a la educación superior nacional.

NOS FUIMOS DE BRUCES A LA GLOBALIZACIÓN…ENMENDEMOS

Rolando Cordera Campos nació en Manzanillo, Colima, hace 65 años. Su padre fue marino. Estudió Economía en la UNAM. Enseñó Economía Mexicana…

“¿A los “toficos”, profesor?

“¡Ah, los “toficos”! Manuel Camacho fue mi alumno. Hugo Araujo, también. Carlos Salinas no. “Toficos” siempre hay aquí. Jejeje.

“Dediqué 18 meses a estudiar en la London Economics School. No concluí mi posgrado. Estuve en el PSUM. Fui Diputado en la LII Legislatura. Formé en el PMS. ¡Pero ya no fui al “perredé”!. Con Gilberto Rincón Gallardo fui a Democracia Social.

“Pero yo no me he retirado por completo de la política… Sospechemos del que diga eso…Jejeje…

“Más de una década en la televisión. Inmevisión. Teveazteca. Nexos. A divulgar la tarea intelectual. En México existe un déficit en esa tarea. En Nexos nos propusimos poner en circulación las ideas. Es preciso que las ideas circulen

“Hablo usted de la creciente desigualdad…

“Hay mucha pobreza, dije. Con un añadido. La pobreza es más urbana. Afecta a la gente joven. Hace 30 años hería a la niñez. Hoy tiene el sello de marcar a los jóvenes, adultos urbanos.

“Signo de la desigualdad. Abundan los muchachos pobres. Muy preocupante. Y esta economía nuestra que poco, muy poco crece, a los jóvenes no les ofrece perspectiva. O muy escasa. Y en casos, ninguna. Jóvenes de futuro “achatado”.

“Jóvenes que irán al ‘trabajo informal’. O a un ‘extreo’ que es lo criminal. Y de muestra los encontronazos en Tepito. Las bandas. Y en todo ese orbe, los jóvenes. Ahí están. Hacen lo que pueden. Una encuesta reciente entre jóvenes probó que a la pregunta ‘¿Qué haces?’ los muchachos respondían ‘¡Nada!’.

“Y se ve que -desde hace unos 6 años- los jóvenes de las ciudades se van. Son los ‘braceros’ de hoy. Muchachos con conocimientos por encima del promedio nacional, toman camino.

“Innegable: economía, política, desarrollo cultural, educación no hallan hoy clima y terreno propicio”.

Rolando Cordera tenía algo de prisa. Dejaría CU. Iría al Palacio de Minería. ¿Dónde, con quién comería? Alumnos querían asesoría. “Mañana ¿sí? Gracias”. La secretaría no podía irse.

“¿Qué más?

“Hay que hacer cambios importantes en lo económico, en lo social; en lo político. Hay que tomar en cuenta a la demografía -propuso.

“Los jóvenes requieren empleo. Posibilidad de ir a la educación media superior. Y avanzar. De formarse. Y formarse bien.

“Tenemos que pensar en la salud pública. En el cambio epidemiológico. Ya no tanto diarrea y neumonía. Tenemos la mala nutrición. Y la diabetes precoz. Y el ’stress’ y las enfermedades cardiovasculares. ¡Repensemos la salud!

“Ya se sabe -atenuó la preocupación- que la enfermedad no requiere examen de admisión. “Y que el cáncer no tiene palabra de honor…”

“¿Nos fue bien con la globalización?”

“Así como fuimos, no. Nos fuimos de bruces; de bulto. Con la esperanza del mercado más grande del mundo. Dijeron que eso era suficiente. ¡Y no!.

“¿Entonces?

“Es hora de enmendar. Sin vueltas atrás. Como reza un “slogan” de la CEPAL: “Hay que reformar las reformas”.

Avanza el modelo zapatista

Las Cañadas, Chiapas. Donde se acaba el asfalto y la vereda de tierra se vuelve más sinuosa, comienza el territorio zapatista. “Aquí manda el pueblo y el gobierno obedece”. Esta leyenda, inscrita en los accesos principales de los poblados donde el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) tiene sus bases de apoyo, demarca los enclaves rebeldes. Un conjunto de remotas aldeas en dos subregiones de Chiapas: Oventic y Polhó, en las tierras altas; y Morelia, San Miguel y La Garrucha, en la región de Las Cañadas de la selva Lacandona.

Son pequeños conglomerados de viviendas de barro o de madera con techo de lámina, pintadas con alegres murales donde se glorifica o rememora la etapa épica, romántica, del EZLN: la de la lucha armada, del 1 al 12 de enero de 1994, y se recrea el pasamontañas o el paliacate rojo como íconos irremplazables de la rebelión indígena.
“Aquí manda el pueblo y el gobierno obedece”, se repite una y otra vez en aquéllos enormes manchones dentro del mapa geográfico de Chiapas, lo mismo en la fría serranía del altiplano central que en la húmeda selva tropical de la Lacandona.

Comunidades olvidadas, donde hasta 1994 el 99 por ciento de ellas no tenía luz eléctrica, agua, servicio postal o teléfono, y el 90 por ciento no contaba con maestros de educación elemental. Su único vínculo con el exterior era la Iglesia católica. “Ahora estamos avanzando. Poco a poco pero estamos avanzando. En el terreno productivo, en el terreno educativo, de salud, estamos avanzando”, dice Rigo, un mando zapatista de San Miguel, un ejido de las Cañadas, en la selva Lacandona.

Rigo no habla de más: en los últimos 12 años, las comunidades zapatistas, más cohesionadas que el resto de comunidades indígenas o campesinas rurales, han desarrollado su propio sistema educativo (“semillita de sol”), de salud (promotores comunitarios y dispensarios médicos) y su propio sistema centralizado de producción agropecuaria a escala.

“Nosotros sabemos que debemos depender cada vez menos del exterior, que debemos generar nuestros propios medios de subsistencia, aunque siempre necesitamos efectivo para comprar sal, tabaco, jabón, limas para afilar machete, pilas para la radio y lámpara de mano”, explica Rigo mientras viaja con nosotros de San Miguel a Ocosingo.

“Todo se reparte equitativamente”, dice Rigo. El Comité Clandestino Revolucionario Indígena (el CCRI), el más alto mando político-militar del EZLN, establece las metas de producción para cada Caracol: Morelia debe de producir cierta cantidad de maíz, para garantizar el suministro en aquellas comunidades donde la producción no es tan eficiente o donde la tierra está muy desgastada; La Garrucha debe generar tantas cabezas de ganado vacuno; Tierra y Libertad debe engordar tantas gallinas y cerdos. San Miguel debe ampliar su producción de caña de azúcar para garantizar al resto de comunidades zapatistas el suministro de endulzante (panela o piloncillo); Polhó debe mejorar sus cafetales, incrementar la productividad del aromático, incrementar el valor agregado del grano y mejorar los canales de comercialización con México y con el extranjero; y Oventic debe ampliar su base internacional de solidaridad con el movimiento.

El ambiente se vuelve más húmedo a medida que penetramos el territorio bajo control de los rebeldes. La selva es cada vez menos selva conforme van sucediéndose las apacibles aldeas zapatistas, donde hombres y mujeres aran la tierra con yuntas de bueyes en espera de las lluvias. A la vera de la carretera o en el entronque con algún camino de herradura, donde la selva está más tupida, es común hallar a hombres o mujeres montados a caballo o arreando a mulos cargados con leña o a grupos de jóvenes que salen del monte con su machete bajo el sobaco y la resortera lista.

Son jóvenes de mirada resuelta, descubierto el rostro, sin el caluroso pasamontañas de lana o el paliacate rojo que suelen portar como lo que son: milicianos del EZLN.

El canto de las chicharras es ensordecedor, aunque los niños de San Miguel han elaborado una trampa para atraparlas adicionando la mitad de una botella plástica a una larga vara.

Los zapatistas le han ganado nuevas tierras al bosque y a la selva para la milpa colectiva, el cafetal colectivo, el cañaveral colectivo (para producir panela o piloncillo); y en la parcela individual, en el traspatio de sus humildes moradas, crían cerdos, gallinas, guajolotes y patos.

Morelia

La cercanía de la frontera con Guatemala ha permitido a los zapatistas mantener en sus tiendas cooperativas cierta competitividad frente a los comercios establecidos en las principales cabeceras municipales de los territorios bajo su influencia.

“Podemos dar mejor precio porque compramos en Guatemala”, confiesa Elías, en quien recae la responsabilidad de administrar la tienda comunitaria. Morelia es quizá el Caracol más desarrollado de los cinco bastiones zapatistas en Chiapas. En las cooperativas zapatistas una Coca-Cola de 600 mililitros cuesta solo 3.50 pesos; un tubo de galletas maravillas, de Gamesa, seis pesos.

“Ya casi no da la tierra”, dice Marcos Pérez Lorenzo, presidente del comisariado en el Ejido Laguna El Carmen Pataté. “¡Pataté Nuevo!”, precisa.

A Marcos Pérez Lorenzo y a su esposa los topamos en un tramo de tercería en donde por accidente nos aventuramos. Era una brecha trunca de la selva, donde un enorme tractor arrastra troncos de árboles recién derribados. El espectáculo es más que dantesco: “¡Los zapatistas están vendiendo madera!”, exclama. Ese mismo día, por la tarde, confirmamos que, lo mismo en el territorio bajo el gobierno del Caracol de Morelia que en el de La Garrucha, se estaba vendiendo la madera a un aserradero del municipio de Las Margaritas.

Marcos Pérez Lorenzo viajó en nuestra Caravana con placas de Québec, Canadá, hasta el entronque donde la carretera se divide en dos: a la izquierda Patate Nuevo, a la derecha San Miguel, una pequeña aldea en medio del camino hacia La Garrucha, sede de uno de los gobiernos regionales de los zapatistas.

Este año, por ejemplo, Pataté Nuevo tiene autorizado talar dos mil metros cúbicos de madera. Según Marcos Pérez Lorenzo, la venden a razón de 620 pesos el metro cúbico, aunque para el próximo año, los ejidatarios de Pataté Nuevo han pactado un precio de 670 pesos el metro cúbico con los madereros de Las Margaritas. Se reparten equitativamente el producto de la venta. “Así tenemos dinero, de otra forma no, porque aquí la tierra no da mucho, como dos zontes por hectárea, cuando bien da. A razón de 400 mazorcas por zonte”, precisa Marcos Pérez.

En el trayecto, pequeños hatos de ganado vacuno pastan en descampados hurtados a la selva o rumian la hierba que crece caprichosa a un costado de la agreste carretera, casi siempre serpenteando por entre pequeñas colinas accidentadas.

“En Pataté Nuevo ya no hay zapatistas, puro independiente”, dice el presidente del Comisariado Ejidal. Los habitantes de Laguna del Carmen Pataté, según Marcos Pérez Lorenzo, abandonaron desde 1995 la causa del EZLN. Arriaron la bandera negra con la estrella roja y retornaron a su antigua militancia: La Unión de Uniones, que luego se transformó en la ARIC (Asociación Rural de Interés Colectivo), a la fracción autodenominada Independiente.

Las tierras que comparten Pataté Viejo y Pataté Nuevo colindan con La Garrucha. El Caracol zapatista “Hacia un nuevo amanecer” se asienta sobre un manto petrolífero.

“Desde hace 10 años Pemex hizo esos registros y los selló. Sabemos que hay petróleo, y creo que si lo van a explotar el petróleo nos debería tierras buenas, escuelas, clínicas, tecnologías, créditos para producir”, dice Pedro de un solo tirón, casi sin tragar saliva.

En Laguna del Carmen Pataté no hay escuela ni clínica y el agua escasea. “A veces tenemos que pedir pipa desde Ocosingo y si alguien se enferma tenemos que ir hasta Ocosingo”, se queja Marcos Pérez Lorenzo.

Marcos Pérez Lorenzo nació en Pataté Viejo. Su padre llegó allí desde 1956, cuando abandonó la finca Santa Rita, de Antonio Nájera, un rico hacendado de Comitán. “Así es como llegó mi papá hasta acá. El presidente Lázaro Cárdenas dijo a los campesinos que buscaran tierras nacionales para declarar su ejido”, rememora.

San Miguel

Hay angustia en el rostro del insurgente Rigo: su nuera agoniza. La joven insurgente, esposa de su primogénito, contrajo fiebre tifoidea. Languidece desde hace tres días. José Carlos, el joven promotor de salud no puede hacer más por ella. El paracetamol que le dio para aliviarle el dolor no fue suficiente. La joven miliciana tiene tres meses de embarazo y la partera comunitaria teme que el bebe muera dentro del vientre materno.

Esa es la razón por la que Rigo, que es mando zapatista en San Miguel, retornó la víspera de Oventic, a donde acude cada mes para prestar servicio comunitario durante siete días. Rigo forma parte de la estructura política regional de los zapatistas.

Los automóviles que disponen en la comunidad partieron desde el viernes a La Garrucha, donde al igual que él, los mandos medios acuden también a capacitarse y a dilucidar y resolver los problemas comunitarios. Por eso, no hay trajín en las polvorientas calles de San Miguel. Casi todas las pequeñas aldeas de la región de Las Cañadas lucen semivacías.

Al contrario, la sede de los Caracoles bulle de gente. Los milicianos celebran concejo. Algunos insurgentes hacen guardia en los accesos principales donde se tramita el permiso de ingreso a los Caracoles. Grupos de hombres y mujeres que sesionan bajo la sombra de algún árbol o en aulas construidas ex profeso para sus deliberaciones.

En su propia comunidad y conforme pasa el tiempo, el sufrimiento de Rigo es mayor; desde una pequeña colina llama por celular a Ocosingo para pedir auxilio.

“Antes, cuando no había tecnología, cosechábamos a razón de cuatro a cinco zontes por hectárea; ahora sacamos a veces 120, a veces 130 zontes por hectárea (400 mazorcas hacen un zonte, 20 zontes una tonelada); lo que pasa es que antes los pobres sembrábamos en los cerros y los ricos tenían sus fincas, pero nosotros recuperamos la tierra y ya tenemos yuntas para trabajar”, dice Rigo

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