Archivo para Febrero, 2008

Una nueva versión de origen gubernamental, aunque no oficial, sobre los hechos de Bolom Ajaw el pasado jueves por la tarde, señala que el “reportero” que presuntamente fue retenido el jueves por bases zapatistas de la mencionada comunidad, en el área de las cascadas del río Agua Azul, era en realidad “un agente del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen)”, organismo federal dependiente de la Secretaría de Gobernación.Desde el viernes, fuentes del gobierno estatal transmitieron a algunos reporteros dicha versión. La agencia informativa Mirada Sur reporta que “policías estatales preventivos y un agente del Cisen” habrían sido “retenidos y desarmados por presuntas bases del EZLN del municipio de Chilón, cuando el agente tomaba imágenes de un predio invadido en Salto de Agua acompañado de policías estatales”.

No obstante, Bolom Ajaw pertenece a la región autónoma zapatista La Montaña, en la demarcación del municipio oficial de Tumbalá (no Chilón ni Salto de Agua). La información, procedente de Palenque, señala que “seis policías preventivos estatales destacados en Agua Azul, de la patrulla PEP-315”, habrían custodiado al agente federal para que tomara imágenes “de un predio conocido como Bolom-Ajau (sic) invadido por los zapatistas; problema agrario que ya lleva varios años sin resolverse y ha provocado conflictos entre zapatistas y ejidatarios”.

Mientras la junta de buen gobierno del caracol de Morelia, consultada por La Jornada, manifestó que “sigue investigando los hechos”, el citado reporte periodístico añade: “Al parecer, los indígenas zapatistas de Bolom-Ajau tomaron como una provocación la presencia en su territorio de policías armados y un agente del Cisen en presuntas acciones de espionaje, por lo que fueron retenidos y desarmados”. La noche del mismo jueves, los policías “denunciaron los hechos ante la Fiscalía Distrital con sede en Palenque, la cual inició la averiguación previa”.

Fuentes policiacas de Palenque sugirieron el viernes que podría efectuarse “un operativo para recuperar las armas”. Según Mirada Sur, también “trascendió que hay malestar en las autoridades superiores del gobierno chiapaneco, porque el mando a cargo de los policías retenidos no pidió autorización para prestar el apoyo solicitado por el agente del Cisen, tratándose de un asunto delicado y del orden federal”.

Dos mil trabajadores de la sección 49 del sindicato petrolero, con sede en la refinería de Cadereyta, Nuevo León, se levantaron de sus lugares una vez terminada su asamblea, a las 7:15 de la noche del 16 de mayo de 2007. La reunión fue de rutina, asuntos generales y ya. Todos abandonaron el local de la avenida Juárez, pero cinco de ellos no llegaron a su casa esa noche, entre ellos David Vega Zamarripa, hermano del líder sindical Hilario Vega.

De la preocupación familiar se pasó a la angustia. A las 6:00 de la tarde del día siguiente, Hilario, de 44 años, a la sazón líder por tercer periodo de la referida sección 49 del sindicato petrolero y ex diputado federal por el PRI, recibió una llamada en la que una voz en tono amenazante le dijo que tenían a su hermano David y otros trabajadores petroleros, que si no se entregaba les iban a cortar las cabezas y que las iban a tirar afuera de sus casas.

Después de la llamada, Hilario salió hacia el lugar que los captores de su hermano le indicaron; desde entonces tampoco se sabe nada de él.

Por su ejecución, el operativo para llevarse a los hermanos Vega Zamarripa y a sus compañeros tenía todo el sello del narcotráfico. Nadie ha pedido rescate, ni reivindicado la acción. Es más, sus desapariciones forman parte de una serie de 30 levantones que se dieron ese año entre trabajadores de la refinería Héctor Lara Sosa, de Cadereyta, presuntamente relacionados con la célula del cártel del Golfo que opera en este municipio.

No a todos los trabajadores petroleros extrañó el episodio. Hilario Vega es considerado por muchos como un cacique, forjado dentro de la simbiótica estructura de poder PRI-sindicato petrolero, con antecedentes de investigación en Tamaulipas por delitos contra la salud. “Tenía que acabar mal”, asegura un petrolero que prefiere no dar conocer su nombre por temor a represalias.

Para Hermén Macías, director del semanario Lo Nuestro, quien tuvo serias diferencias con los Vega Zamarripa, no hay duda: “No son luchadores sociales. La gente de base del sindicato les tiene miedo por la red de impunidad que han construido en la refinería y en el municipio, donde son intocables”.

El periodista acusó a David Vega Zamarripa, también conocido como El Ganso, de intentar asesinarlo en abril de 2004, en venganza por la publicación de supuestos actos de corrupción en el sindicato petrolero.

¿El Ejército?

Cuando todos los indicios apuntaban sólo hacia el narco, el caso dio un giro el 4 de junio, cuando inopinadamente un reporte de la televisión local señaló que los trabajadores petroleros desaparecidos entre el 16 y 17 de mayo habían sido detenidos por el Ejército mexicano, porque estaban siendo investigados por sus posibles nexos con la delincuencia organizada.

Comenzó un vía crucis de búsquedas y viajes de la familia. Ni en la subprocuraduría ni en Matamoros, Tamaulipas, donde también se suponía que podrían haber sido llevados, hay noticia de ellos.

Salomón Vega, desesperado, buscó la ayuda de organizaciones sociales de presentación de desaparecidos, como el Comité Eureka, de la senadora Rosario Ibarra, quien ya propuso un punto de acuerdo en el Senado de la República para pedir la presentación con vida de ambos. Reconoce defenderlos por el hecho de haber indicios de que el Ejército los tiene en su poder, lo que podría estar relacionado, a su vez, con una presunta escalada de hostigamiento oficial contra los opositores a la privatización de Pemex.

¿Guerrilleros?

De pronto, aparece otro giro inesperado: el Ejército Popular Revolucionario (EPR), en su comunicado emitido el 15 de enero, de entre todos los casos de desaparecidos políticos que habrían sucedido en el país, destaca en particular el caso de los hermanos Hilario y David Vega Zamarripa, a quienes considera presos políticos.

La confusión se hizo mayor: ¿guerrilleros?, ¿narcos?, ¿luchadores sociales?, ¿caciques sindicales?

Salomón Vega sale en defensa de sus hermanos y menciona que ninguno de los dos tiene antecedentes de trabajo político o dentro de movimientos sociales y que ignora por qué razón el EPR les tuvo tanta consideración en su comunicado, pues su familia siempre ha sido priísta. Descarta cualquier nexo con el narcotráfico.

Para colmo, o quizá derivado de ello, dos y cuatro meses después de la desaparición de Cadereyta, el EPR llevó a cabo sus ataques a ductos de Pemex, en Salamanca y en Querétaro, los cuales necesariamente contaron con información técnica desde el interior de la paraestatal. ¿Sería éste el eslabón perdido que une a los petroleros con los guerrilleros?

Los sindicalistas potencialmente tendrían información no únicamente de la red nacional de ductos, sino sobre todo de la propia refinería de Cadereyta, considerada de la mayor importancia para la seguridad nacional.

Si, por el contrario, el caso se ubica en la órbita del narcotráfico, las dudas persisten, pues ¿qué interés podría tener el grupo armado en defender a sindicalistas ligados al crimen organizado? El misterio rodea al caso.

Mujeres rebeldes

Decenas de mujeres zapatistas, muchas de ellas indígenas mayas tzeltal de las tierras bajas de Chiapas, adornadas con plumas y cintas multicolores y sus ojos oscuros enmarcados por pasamontañas negras, salieron del rústico auditorio en medio del aplauso de cientos de feministas internacionales reunidas en la sesión inaugural del Encuentro de Mujeres Zapatistas con Mujeres del Mundo, realizado a fines del año pasado por invitación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

A fines de julio, al término de una reunión con campesinos de una decena de municipios en la aldea conocida como La Realidad, Evarilda, una joven rebelde de esa comunidad, al parecer sin la aprobación previa de la comandancia general del EZLN, convocó al encuentro de todas las mujeres, explicando que los hombres estaban invitados para ayudar en la logística pero que mejor se quedaran en casa a cuidar a los niños y los animales mientras las mujeres conspiraban contra el capitalismo.

Siguiendo lo dicho por Evarilda, durante el encuentro llevado a cabo del 29 al 31 de diciembre —al que asistieron entre 300 y 500 mujeres activistas no mexicanas— en esta localidad llamada oficialmente municipio autónomo Francisco Gómez, y que rindió homenaje a la memoria de la fallecida comandanta Ramona, los hombres desempeñaron decididamente un papel secundario.

Letreros colocados alrededor del caracol —centro cultural y político zapatista— llamado “Resistencia Hacia un Nuevo Amanecer”, advertían a los varones que no podían actuar como “voceros, traductores o representantes en las sesiones plenarias”.

En vez de ello, sus actividades se confinarían a “preparar y servir comida, lavar platos, barrer, limpiar las letrinas, recoger leña, y cuidar a los niños”.

De hecho, algunos jóvenes zapatistas se pusieron delantales que llevaban impresas palabras como “tomate” y EZLN para trabajar en las cocinas.

Mientras tanto, los hombres mayores se sentaban en silencio en bancas de madera en las afueras del auditorio, algunas veces haciendo señas entre ellos cuando una compañera sostenía un buen argumento o sonriendo con orgullo luego que su hija, esposa, hermana o madre contaran sus historias a las asistentes.

Mujeres ganan espacio
El papel de la mujer dentro de la estructura zapatista ha cambiado drásticamente desde que se gestó la rebelión.

Cuando los fundadores del EZLN, radicales de las ciudades del norte de México, llegaron por primera vez a las tierras bajas tzeltal-tojolabal en el sureste de Chiapas, las mujeres eran mantenidas monolingües por sus maridos como un medio de control, dedicadas a criar familias, y su posición no era destacada en la comunidad.

Los que vinieron de afuera ofrecieron a las jóvenes independencia y las invitaron a asistir a los campos de entrenamiento en la montaña donde aprenderían a llevar un arma y nociones de castellano. Se convirtieron en parte de la fuerza combativa del EZLN.

El 1 de enero de 1994, cuando los zapatistas tomaron las ciudades de San Cristóbal y Ocosingo y otras cinco cabeceras municipales, las mujeres constituían un tercio del ejército rebelde. Combatientes mujeres se inmolaron en la sangrienta batalla por Ocosingo.

Integrar a las mujeres a la estructura militar resultó más fácil que cultivar la participación en la estructura civil, arraigada en la vida de las comunidades.

Aunque las mujeres ocuparon cinco lugares de los 19 en el Comité Clandestino Revolucionario Indígena, la comandancia general del EZLN, su representación es mucho menor en los 29 consejos municipales autónomos y las cinco Juntas de Buen Gobierno que administran la autonomía regional zapatista.

Pero conforme crecía la infraestructura social zapatista, las mujeres se convirtieron en promotoras de salud y educación y líderes en las comisiones que planificaban esas campañas.

Baja incidencia de violencia
La liberación de las mujeres en la cultura zapatista se ha visto reforzada por la prohibición del consumo de alcohol impuesta por los zapatistas en sus comunidades.

Mientras que muchas localidades mayas del interior, como San Juan Chamula, están saturadas por el alcohol y elevadas cifras de violencia doméstica, la región zapatista tiene los más bajos indicadores de abuso en el estado, según datos mostrados por la comisión de mujeres del Congreso de Chiapas.

Como estado, Chiapas tiene una de las cifras más elevadas de femicidios en México: 1,456 mujeres fueron asesinadas entre los años 2000 y 2004.

La baja incidencia de violencia contra las mujeres en la zona de influencia zapatista es más notable porque gran parte del territorio rebelde en las zonas bajas se extiende a territorio guatemalteco, donde 500 mujeres son asesinadas cada año.

Con los hombres cuidando a los niños y limpiando las letrinas, las mujeres contaron sus historias en las plenarias.

Muchas jóvenes compañeras como Evarilda han crecido en la revolución —que este año cumplió su 14º aniversario— y contaron que aprendieron a leer y escribir en escuelas rebeldes, de su trabajo como promotoras sociales, como maestras, como campesinas o madres.

Las abuelas zapatistas hablaron de los primeros años de la rebelión y comandantas veteranas como Susana, quien habló con emoción sobre Ramona, “la más pequeña de las pequeñas”, su compañera de tantos años, recordaron cómo en la guerra hombres y mujeres aprendieron a compartir los quehaceres domésticos como cocinar y lavar ropa.

“Muchos de los compañeros todavía no quieren entender nuestras demandas”, afirmó la comandanta Sandra. “Pero no podemos luchar contra el mal gobierno sin ellos”.

Decenas de mujeres zapatistas, muchas de ellas indígenas mayas tzeltal de las tierras bajas de Chiapas, adornadas con plumas y cintas multicolores y sus ojos oscuros enmarcados por pasamontañas negras, salieron del rústico auditorio en medio del aplauso de cientos de feministas internacionales reunidas en la sesión inaugural del Encuentro de Mujeres Zapatistas con Mujeres del Mundo, realizado a fines del año pasado por invitación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

A fines de julio, al término de una reunión con campesinos de una decena de municipios en la aldea conocida como La Realidad, Evarilda, una joven rebelde de esa comunidad, al parecer sin la aprobación previa de la comandancia general del EZLN, convocó al encuentro de todas las mujeres, explicando que los hombres estaban invitados para ayudar en la logística pero que mejor se quedaran en casa a cuidar a los niños y los animales mientras las mujeres conspiraban contra el capitalismo.

Siguiendo lo dicho por Evarilda, durante el encuentro llevado a cabo del 29 al 31 de diciembre —al que asistieron entre 300 y 500 mujeres activistas no mexicanas— en esta localidad llamada oficialmente municipio autónomo Francisco Gómez, y que rindió homenaje a la memoria de la fallecida comandanta Ramona, los hombres desempeñaron decididamente un papel secundario.

Letreros colocados alrededor del caracol —centro cultural y político zapatista— llamado “Resistencia Hacia un Nuevo Amanecer”, advertían a los varones que no podían actuar como “voceros, traductores o representantes en las sesiones plenarias”.

En vez de ello, sus actividades se confinarían a “preparar y servir comida, lavar platos, barrer, limpiar las letrinas, recoger leña, y cuidar a los niños”.

De hecho, algunos jóvenes zapatistas se pusieron delantales que llevaban impresas palabras como “tomate” y EZLN para trabajar en las cocinas.

Mientras tanto, los hombres mayores se sentaban en silencio en bancas de madera en las afueras del auditorio, algunas veces haciendo señas entre ellos cuando una compañera sostenía un buen argumento o sonriendo con orgullo luego que su hija, esposa, hermana o madre contaran sus historias a las asistentes.

Mujeres ganan espacio
El papel de la mujer dentro de la estructura zapatista ha cambiado drásticamente desde que se gestó la rebelión.

Cuando los fundadores del EZLN, radicales de las ciudades del norte de México, llegaron por primera vez a las tierras bajas tzeltal-tojolabal en el sureste de Chiapas, las mujeres eran mantenidas monolingües por sus maridos como un medio de control, dedicadas a criar familias, y su posición no era destacada en la comunidad.

Los que vinieron de afuera ofrecieron a las jóvenes independencia y las invitaron a asistir a los campos de entrenamiento en la montaña donde aprenderían a llevar un arma y nociones de castellano. Se convirtieron en parte de la fuerza combativa del EZLN.

El 1 de enero de 1994, cuando los zapatistas tomaron las ciudades de San Cristóbal y Ocosingo y otras cinco cabeceras municipales, las mujeres constituían un tercio del ejército rebelde. Combatientes mujeres se inmolaron en la sangrienta batalla por Ocosingo.

Integrar a las mujeres a la estructura militar resultó más fácil que cultivar la participación en la estructura civil, arraigada en la vida de las comunidades.

Aunque las mujeres ocuparon cinco lugares de los 19 en el Comité Clandestino Revolucionario Indígena, la comandancia general del EZLN, su representación es mucho menor en los 29 consejos municipales autónomos y las cinco Juntas de Buen Gobierno que administran la autonomía regional zapatista.

Pero conforme crecía la infraestructura social zapatista, las mujeres se convirtieron en promotoras de salud y educación y líderes en las comisiones que planificaban esas campañas.

Baja incidencia de violencia
La liberación de las mujeres en la cultura zapatista se ha visto reforzada por la prohibición del consumo de alcohol impuesta por los zapatistas en sus comunidades.

Mientras que muchas localidades mayas del interior, como San Juan Chamula, están saturadas por el alcohol y elevadas cifras de violencia doméstica, la región zapatista tiene los más bajos indicadores de abuso en el estado, según datos mostrados por la comisión de mujeres del Congreso de Chiapas.

Como estado, Chiapas tiene una de las cifras más elevadas de femicidios en México: 1,456 mujeres fueron asesinadas entre los años 2000 y 2004.

La baja incidencia de violencia contra las mujeres en la zona de influencia zapatista es más notable porque gran parte del territorio rebelde en las zonas bajas se extiende a territorio guatemalteco, donde 500 mujeres son asesinadas cada año.

Con los hombres cuidando a los niños y limpiando las letrinas, las mujeres contaron sus historias en las plenarias.

Muchas jóvenes compañeras como Evarilda han crecido en la revolución —que este año cumplió su 14º aniversario— y contaron que aprendieron a leer y escribir en escuelas rebeldes, de su trabajo como promotoras sociales, como maestras, como campesinas o madres.

Las abuelas zapatistas hablaron de los primeros años de la rebelión y comandantas veteranas como Susana, quien habló con emoción sobre Ramona, “la más pequeña de las pequeñas”, su compañera de tantos años, recordaron cómo en la guerra hombres y mujeres aprendieron a compartir los quehaceres domésticos como cocinar y lavar ropa.

“Muchos de los compañeros todavía no quieren entender nuestras demandas”, afirmó la comandanta Sandra. “Pero no podemos luchar contra el mal gobierno sin ellos”.

Emplearon explosivo que usa ETA

El explosivo detonado el viernes pasado en Avenida Chapultepec no había sido usado antes en México por la guerrilla ni por el narcotráfico, informaron autoridades del Gobierno federal.

De acuerdo con reportes de la investigación, realizados por las autoridades del DF, la bomba estaba integrada por un “niple” o tubo de agua, un estopín o detonador, un teléfono celular, cables y una combinación de componentes químicos a base de acetona y peróxido.

El radio de la onda expansiva de este explosivo fue de alrededor de 70 metros, de acuerdo con la información que ha recabado hasta ayer la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF).

Los peritajes han determinado en sus conclusiones que la bomba explotó por accidente en manos de Juan Manuel Meza Campos, “El Pipen”, debido a una falla en el armado del sistema detonador.

Al parecer, dijeron investigadores consultados, desde que elaboraron esa bomba hubo un error en los cables de conexión con el estopín y el celular. Además, ese explosivo era tan sensible que podía activarse con un falso movimiento, fricción o un golpe.

“El explosivo ha sido usado por la ETA, al menos hasta hace 3 ó 4 años; en México nadie lo ha usado antes, ni guerrilla ni el narcotráfico.

“Los peritajes están prácticamente terminados y hay teorías que, en caso de confirmarse, apuntarían a algo que no se ha visto en México a nivel de explosivos, porque no hay antecedentes”, dijo uno de los funcionarios consultados.

Los peritajes en torno al caso aún no concluyen, pues personal de la Procuraduría General de la República (PGR) realizó ayer trabajo de campo en el predio de Avenida Chapultepec 324.

Poco antes de las 9:00 horas, cuatro personas que portaban batas blancas con el logotipo de la PGR y guantes arribaron al lugar, ubicado en la Colonia Roma de la Delegación Cuauhtémoc.

Las personas se identificaron como peritos de la PGR ante tres elementos de la Secretaría de Seguridad Pública del DF y dos agentes de la Policía Judicial que se encuentran en guardia permanente en el lugar.

Distrito Federal— Tras una inspección ocular dentro del predio y al exterior, donde todavía permanecen tres vehículos con los cristales rotos por la onda expansiva de la detonación, los peritos comenzaron a recabar elementos con pinzas y guantes especiales.

Utilizando bolsas de papel de estraza, el personal de la PGR recogió algunas muestras de tela semiquemada y al parecer plástico que se encontraba esparcido por la banqueta y parte de la carpeta asfáltica.

Alrededor de 12 muestras fueron embaladas por los peritos y colocadas dentro de recipientes de plástico, para su análisis posterior.

De forma cuidadosa todos los elementos fueron fotografiados dentro de su contexto original, afuera y al interior del predio, presuntamente para realizar una reconstrucción de los hechos.

Otros dos elementos de la PGR llegaron alrededor de las 10:20 horas, cuando ya habían sido recogidas todas las pruebas, y sólo ayudaron en su embalaje, tras lo cual se retiraron todos un poco antes de las 11:00 horas, a bordo de un automóvil Focus.

Petróleos Mexicanos (Pemex) busca evitar que se repitan ataques como los sufridos el año pasado en sus ductos con la inversión de 8.9 millones de pesos en armamento destinado a la protección de sus instalaciones.Los ataques contra ductos de gas en los estados Guanajuato, Querétaro, Veracruz y Tlaxcala perpetrados finales del año pasado por supuestos integrantes del Ejercito Popular Revolucionario (EPR), obligaron a la paraestatal a presentar diversos proyectos que buscan incrementar la seguridad en sus instalaciones, según publican diversos diarios de circulación nacional.

Uno de esos proyectos, enviado a la Secretaría de Hacienda, contempla una inversión total de 25. 6 millones de pesos en equipo para elevar los niveles de seguridad. De ese total 8.9 millones de pesos serían invertidos en armamento, 12.2 millones en vehículos y 4.5 millones de pesos en equipos de radiocomunicación.

Otro proyecto, este de tipo operativo, contempla la contratación de militares retirados con “récord impecable” para salvaguardar instalaciones estratégicas, con lo que la paraestatal busca sustituir a casi 4,000 vigilantes sindicalizados y formar su propio ejercito de vigías

El plan llamado Relevo contempla la incorporación de 2,461 elementos de las Fuerzas Armadas para vigilar, instalaciones estratégicas encargada actualmente a 3,800 vigilantes sindicalizados y 202 agentes de confianza que sólo obedecen a sus líderes sindicales o a los jefes de quienes dependen.

Ante la ineficiencia de los vigilantes sindicalizados, Pemex propone contratar personal de las Fuerzas Armadas separado dignamente del servicio activo, ya que son confiables para vigilar y garantizar seguridad física de sus instalaciones y posee formación y experiencia.

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