Archivo para Febrero, 2008

Pobreza educativa

El Banco Mundial dio a conocer recientemente su estudio “Educación de Calidad y Crecimiento Económico” elaborado a pedido suyo por Eric A. Hamshek de la Universidad de Stanford y Ludger Woessmann del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Munich. El diagnóstico encomendado tenía por objeto analizar el impacto de la calidad de la educación en el crecimiento económico de los países miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) a partir de los resultados de las pruebas PISA que este organismo aplica a los alumnos de 15 años.

Encontraron que lo más usual es que los distintos países estudiados, México entre ellos, le den una gran importancia a aumentar la cobertura de la educación, a incrementar los años de escolaridad, y a aumentar el gasto educativo; sin embargo, el estudio señala que “La evidencia sugiere que la calidad de la educación, medida en términos de los conocimientos que adquieren los estudiantes según lo reflejado en las pruebas de habilidades cognitivas, es considerablemente más importante para el crecimiento económico que la mera cantidad de educación”. De acuerdo con el diagnóstico elaborado, un punto porcentual en el crecimiento económico de un país equivale a aumentar 47 puntos en el resultado de matemáticas de la evaluación PISA de la OCDE.

Como consecuencia de este estudio, el Banco Mundial propone reformar el modelo educativo para otorgar mayor autonomía de decisión a las escuelas, relacionar los ingresos de los maestros al desempeño de los alumnos, responsabilizar a las escuelas por la contratación de maestros mejor calificados y mejorar los mecanismos de rendición de cuentas en cada plantel.

En México tenemos muy bajos resultados en las evaluaciones internacionales practicadas, pero al mismo tiempo el gasto en educación como proporción del ingreso nacional es el más alto de todos los países miembros de la OCDE.

Gastamos mucho, obtenemos resultados sumamente pobres. En junio del 2007 la Secretaría de Educación Pública reconoció que manejaba poco más de 13 mil 503 millones de pesos, pero según la Asociación Ciudadana del Magisterio existe un “pliego negro” mediante el cual Elba Esther Gordillo, lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), en forma discrecional maneja miles de millones de pesos adicionales.

De acuerdo con esta misma fuente, el sindicato magisterial manejó con Carlos Salinas de Gortari 25 mil 503 millones de pesos, con Ernesto Zedillo 31 mil 198 millones y con Vicente Fox 41 mil 432 millones. Con Felipe Calderón en el 2006 recibió 100 mil millones a través del Fideicomiso para el financiamiento de la Vivienda Magisterial (VIMA), cantidad cinco o seis veces superior al total de créditos que operará el Infonavit en 2008.

Además, en 2007 los maestros sindicalizados recibieron el beneficio de una Compensación Provisional Compactable (CPC) con un costo anual de 8 mil 449 millones de pesos. En días pasados se dio a conocer un subsidio de hasta 90 días como aguinaldo otorgado por Pemex, que en vez de invertirlo lo desvió al SNTE. Los planes para aumentar la calidad ni siquiera se han presentado por parte de la SEP o el SNTE. Hay gasto, no hay mejora.

Según Andreas Schleicher, Director del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA), Corea tenía en la década de los 60’s un PIB comparable al de Afganistán y un sistema educativo peor que el mexicano, y ahora cuenta con uno de los sistemas más exitosos del mundo. En Finlandia los profesores y los padres de familia analizan juntos los resultados de las evaluaciones. En Alemania los profesores dan una hora más de clase a la semana para abatir la diferencia entre estudiantes pobres y ricos.

En México el SNTE se ha convertido en el principal obstáculo para hacer cambios que mejoren el sistema educativo; sin embargo, tenemos que encontrar la forma de tener la flexibilidad necesaria para mejorar a partir de enaltecer y dignificar la figura del maestro y de trabajar, padres y maestros, en cada escuela, convertida ésta en centro de decisiones para impulsar el nivel de desempeño de los estudiantes y asegurar una mayor correspondencia entre lo que se gasta y lo que se educa. Mejores maestros pueden hacer mejores estudiantes.

Estoy sentado en una cabaña de madera en las orillas de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en el sureste mexicano, a punto de dibujar un retrato del subcomandante Marcos.

Veinte años atrás en este poblado de calles angostas, de casas del color de las flores, cualquier indígena que anduviera por la acera tenía que bajarse para permitirle a algún mexicano “blanco” continuar sin perturbaciones su camino.

Tras la toma de la ciudad por los zapatistas en 1994, esto cambió. Lo que hoy ocurre en esas mismas aceras hoyancadas es asunto de decisiones, no de discriminación.

Al llegar a la cabaña donde se alojaba temporalmente, me preguntó que dónde quería yo que se sentara. Le indiqué una silla junto a dos comandantes zapatistas –una mujer con su niña de seis años y un hombre mayor– ya sentados. Así, supuse, hablará con ellos y me dejará en paz. Me miró con un dejo de ironía, como si leyera mis pensamientos. ¿En paz? Sí, la paz es un momento.

Ayer había anunciado enfrente de varios cientos de personas que, por un tiempo, no haría más apariciones públicas, porque la amenaza a las comunidades zapatistas y a su forma de vida y lucha de los pasados 13 años era ahora tan aguda que debía retornar a ser el soldado clandestino que alguna vez fue, y ayudar a organizar la defensa en las montañas. La defensa de aquellos –le recordó al público– que formalmente renunciaron a cualquier forma de lucha armada desde 1996, pero que, de ser atacados, resistirían empecinadamente.

Puede ser que el nuevo presidente Calderón y su gobierno, después de las fraudulentas elecciones del año pasado, calculen que pronto podrían proceder a barrer a los zapatistas sin provocar la protesta generalizada. Y como tal, crean que el fulgurante ejemplo de desobediencia zapatista ante la tiranía global del fascismo económico conocido como neoliberalismo, puede ser barrido también.

Marcos y los comandantes comienzan a conversar y yo comienzo a dibujar. Ellos tres –y la niña de seis años– llevan pasamontañas. “Usamos máscara”, reivindicaron alguna vez los zapatistas, “para hacernos visibles”. Una extraña paradoja a considerar cuando se dibuja un retrato.

Tres días antes, en la comunidad zapatista de Oventic, conversaba yo con cinco consejeros. Estas mujeres y hombres hablaban con mucha calma porque decían sus propias verdades –tan diferente eso de la verdad. La supuesta calma que acompaña la creencia en una sola verdad es una indiferencia despiadada. La de ellos era una calma plena de consideración. Y sus máscaras, lejos de hacer sus rostros menos humanos o menos únicos, los hacían más humanos y únicos. Leía sus rostros a través de sus ojos, y los mensajes de los ojos son las expresiones faciales menos controlables y, como tales, las más sinceras.

Hablar de sinceridad me hace pensar repentinamente en la foto de una mujer que no usa máscara. Su nombre es María Concepción Moreno Arteaga. Madre de seis niños que crió ella sola. Cuarenta y siete años de edad. Ella vive a 200 kilómetros al norte de la ciudad de México, donde se gana la vida como lavandera. Hace tres años fue arrestada por las fuerzas de seguridad del gobierno mexicano, que la echaron a la cárcel con el cargo, absolutamente falso, de estar implicada en el tráfico de inmigrantes ilegales. [Decenas de miles de hondureños, guatemaltecos y salvadoreños son deportados todos los años por las fuerzas mexicanas del orden al intentar atravesar el país rumbo a la frontera con Estados Unidos, donde esperan cruzar hacia el otro lado y hallar trabajo.] Un día, María Concepción se topó con seis de esos migrantes, harapientos, que habían cruzado ya medio país y que le pedían agua. Así que les dio agua y algo de comer, porque ante su manera de pedírselo “no había modo de negárselo”.

Después de ser acusada falsamente pasó más de dos años en prisión. Su trabajo allí consistía en pegar etiquetas para ropa de marca. Con los pocos pesos que le daban por estos trabajos forzosos, compraba jabón y papel de baño para mantenerse limpia.

El mensaje de sus ojos en la foto es: “No es posible negarse”.

Marcos tiene manos grandes con dedos inusualmente largos. Su piel está gastada y es algo callosa, su textura es parecida a la de las manos de los campesinos. Cuando aparece en público asume la postura y la expresión de un mensajero –ya sea que con cuidado y lentamente lea el nuevo mensaje en voz alta, o que sólo se pare ahí y lo encarne. En cambio, aquí en la cabaña está relajado y no mide el tiempo. Sus extremidades se sueltan como las de un piloto de largas distancias que una vez más logró poner a salvo su aeronave sobre una pista de aterrizaje muy corta. Y de pronto se me ocurre que tiene cierta afinidad física con Saint Exupéry: tal vez son parecidas su timidez o su reticencia con su tamaño y estatura.

México es uno de los países que cuenta con las más extensas minas de plata del mundo, como rápidamente lo descubrieron los conquistadores. Es también una tierra de espejos. Algunos de ellos, enmarcados y palaciegos, rotos muchas veces, y la generalidad son una multitud de fragmentos, bisutería, lentejuelas, escamas de azogue o mica que absorben la luz. “Cuando tocamos los corazones de otros pues tocamos también sus dolores. O sea que como que nos vimos en un espejo”, declararon los zapatistas hace dos años y medio en la Sexta declaración de la selva Lacandona.

***

La ciudad de México es tal vez la tercera metrópoli en tamaño del mundo, con una población desmesurada que bien rebasa los 20 millones. Una ciudad de consumismo sin freno, de pobreza, y redes de estafa y fraude. Barrios enteros gobernados por pandillas que venden droga. Zonas residenciales custodiadas por guardias de seguridad con chalecos a prueba de balas. Una contaminación colosal. Caos vial. El río de La Piedad fluye hacia el este por un monstruoso y herrumbrado ducto. El transporte público es mínimo. Circuitos urbanos con vías elevadas de tres pisos de alto. Por debajo, sin vehículo, uno se precipita como lo hacen las tijeretas. Aquí a los carros los han vuelto tan indispensables para quienes trabajan como rentar una vivienda. La antigua ciudad azteca de Tenochtitlán fue convertida finalmente en un carrusel para los intereses automovilísticos y de gasolina del capitalismo corporativo.

Cada año un millón de campesinos e indígenas mexicanos son forzados por la pobreza o la desposesión de tierras a abandonar sus hogares rurales y a mudarse a la capital u otras ciudades, mientras sus tierras son absorbidas por las corporaciones de la agroindustria.

México es un país migrante. Quince millones de hombres y mujeres trabajan en Estados Unidos. El dinero que envían a casa es, junto al petróleo, la principal fuente de divisas de México. Casi todos estos trabajadores carecen de papeles, por lo que en Estados Unidos los califican de criminales y los tratan como tales.

Lo que ocurre es la imagen en espejo de lo que ocurría en el Gulag soviético. Allá, a los prisioneros se les forzaba a trabajar hasta caer exhaustos. Aquí, a los trabajadores se les caza como a criminales hasta que se asumen fuera de la ley.

Entretanto, en la ciudad de México millones de miradas interrogantes se intercambian segundo a segundo en relación con transas, oportunidades, chistes, alternativas, rutinas, cuestiones de honor o meros asuntos sin resolver.

Únicamente para los poderosos, apuntan los zapatistas, es la historia una línea ascendente, donde su hoy es siempre la cumbre. Para los de abajo, la historia es una cuestión que sólo puede responderse mirando hacia atrás y hacia delante, creando así más preguntas.

Observo las cejas, las líneas de su frente, los círculos bajo los ojos, la forma en que la gran nariz se amolda contra el pasamontañas. Su voz física es al mismo tiempo distante y persuasiva. La voz escrita es otro asunto. Contrariamente a lo que es común asumir, la verdadera voz de quien escribe es rara vez (y tal vez nunca) la suya propia. Es una voz nacida de la intimidad e identificación del escritor o escritora con otros que conocen a ciegas sus propios caminos y que sin palabras guían a quien escribe. Esta voz no surge de su temperamento sino de su confianza.

Y mientras dibujo el volumen de su cabeza, me pregunto cómo definir, cómo delinear, el lugar de donde proviene su voz, como escritor de los mensajes zapatistas. Desde dónde le habla al mundo.

Físicamente la voz habla desde aquí, desde los interminables precipicios y cañadas de los Altos y la selva de Chiapas, hoy controlados por los pueblos indígenas que han recuperado su tierra para cultivarla, y quienes han construido escuelas, clínicas y espacios públicos en sus comunidades. Pero, ¿desde dónde, figurativamente, habla su voz?

Acaba de hacer reír a la niña. Cuando ella ríe, su pasamontañas se agita, como el costado de un cachorro cuando resuella.

***

Regreso a la ciudad buscando respuesta a mi pregunta. La arteria principal se llama, inesperadamente, ¡avenida de los Insurgentes! En el centro hay todavía docenas de calles con nombres de capitales o países europeos, porque hace un siglo México se pensaba a sí mismo como un faro de Revolución y Progreso mundiales.

Casi tantos mexicanos van con sus familias en algún momento de su vida a ver la Epopeya del Pueblo Mexicano, los murales de Diego Rivera, como en peregrinación a la Basílica de Santa María de Guadalupe, y hacen su visita a esta inmensa pintura no por estudiar arte sino por remembrar y considerar su destino.

He cambiado de dibujar con tinta a dibujar con carbón, porque éste es más tentativo, más craquelado, más desgastado. La tinta sabe, de inicio, lo que quiere decir; el carbón escucha.

Ninguna reproducción puede dar idea de la fuerza y la escala del fresco de Rivera que corona la escalinata principal de lo que fuera, hasta hace poco, el asiento del gobierno, el Palacio Nacional. No es descabellada la comparación que frecuentemente se hace con la Capilla Sixtina, pero con el Juicio Final, no con la Bóveda.

Diego, El Elefante como Frida Kahlo lo apodaba, fue tan ordinario como cualquiera de nosotros. A veces era estrepitoso, algunas veces derrotista, otras veces flojo, con frecuencia inconsecuente. Pero se transformó cuando se sintió llamado a pintar y encarnar en esas paredes el relato de los pueblos de los que provenía. Entonces se volvió consecuente al punto de otorgarle a cada detalle, a cada rasgo, su lugar particular en un vasto destino histórico. En la parte alta de la escalinata uno tiene la sensación de que son los mil años de historia los que inventaron al colosal pintor, no al revés.

Los cientos de figuras de tamaño humano de las civilizaciones precolombinas, del mercado callejero de Tenochtitlán, de los tres siglos de explotación colonial española, de la Guerra de Independencia que terminó en 1821 y, más enfáticamente, del siglo que siguió a esa guerra y condujo a la Revolución de 1910 y a su visión de un futuro diferente: todas estas notorias y anónimas figuras están contenidas juntas en una visión de tal energía y continuidad que, pese a las tantas crueldades que nos gritan, se suman como un todo de invitación fraternal. Es como si a cada visitante mexicano, al bajar la escalera para irse, le fuera ofrecido un alcatraz de alguna de las canastas de las vendedoras de flores retratadas en los murales.

Al mismo tiempo –y ésa es tal vez otra razón por la que pienso en el torbellino del Juicio Final de Miguel Ángel–, la historia política del México moderno, según está plasmada en estas paredes y de acuerdo con todo lo que ha sucedido desde que fueron pintadas, no es sino un gigantesco erial de promesas rotas.

A cierto tipo de esclavitud le siguieron otros; nuevos sistemas de represión y discriminación remplazaron los viejos. Se inventaron e impusieron formas modernas de la pobreza. Los gringos del norte extrajeron y robaron más y más recursos naturales y los pueblos indígenas fueron despojados más y más. Sólo el grito de “¡Tierra y Libertad!” de Emiliano Zapata continuó resonando la verdad –antes de ser asesinado en 1919.

Y entonces llego al punto. La hondonada entre el vasto erial de promesas rotas y la búsqueda popular de más justicia tenía que llenarse de algún modo y los partidos políticos, comenzando por el PRI (¡el partido de la revolución institucional!) han intentado durante 70 años llenar la hondonada con el escombro en que quedó convertido lo que alguna vez fue un lenguaje político. Promesas rotas, premisas rotas, proposiciones rotas, leyes rotas.

Cada uno de estos principios –excepto los del interés propio– fueron vaciados de contenido. El debate político, las campañas electorales, los discursos para los medios masivos en manos de las corporaciones fueron sistemáticamente reducidos a prevaricación y diversión de aquellos que los antiguos griegos denominaban los idioti (los que buscaban su propio interés) para distinguirlos de los politici. Bajo el fascismo económico del neoliberalismo esto se está convirtiendo en un fenómeno mundial. La voz de los mensajes zapatistas, que ofrece ejemplo de cómo resistir local y globalmente, surge de esta hondonada.

“No a tratar de resolver desde arriba…, sino a construir desde abajo y por abajo.

“No creemos que el fin justifique los medios. Finalmente pensamos que los medios son el fin. Construimos nuestro objetivo al construir los medios con los que seguimos luchando. En ese sentido es grande el valor que otorgamos a la palabra, a la honestidad y la sinceridad, aunque a veces nos equivoquemos ingenuamente.”

Me observa dibujar y sonríe. Hay dos clases de sonrisas (entre otras muchas): una que espera la conclusión jocosa de un nuevo chiste, y otra que recuerda la broma ya escuchada. La suya es del segundo tipo.

***

Me encontraba en el poblado de Acamilpa, en el estado de Morelos, de donde era Emiliano Zapata. La milpa es un campo de maíz donde crecen y conviven otras plantas, y donde muchos pájaros, insectos y animales coexisten también. Quiero describir el rostro de una anciana que me fue extrañamente familiar. ¿Será que se parece a gente de mi pueblo en los Alpes, o será que la edad nos lleva a todos al mismo poblado? En cualquier caso, era sábado por la tarde en un patio de una casa en un pueblito rural lleno de mesas cubiertas con manteles blancos, porque era el cumpleaños de alguien y los invitados estaban por llegar. Ya un acordeonista tocaba algo de música. Había una acacia enorme que debió haber estado ahí cuando Emiliano Zapata era un niño. En una mesa, trece personas mayores de las comunidades circundantes sostenían una reunión muy seria para coordinar los planes de una desobediencia civil o algún bloqueo de carretera para evitar que su agua la desvíen y se la roben los especuladores de bienes raíces. Hablaban por turnos, con cuidado y determinación. Aceptaban la música como si fuera un platillo que se cocía a fuego lento, y que podrían comer más tarde. El rostro de la anciana estaba bronceado por el sol y el viento, y sus brillantes ojos indicaban que los usaba para avistar en las grandes distancias los vientos que vienen. Para la fiesta de cumpleaños había globos de colores colgados entre la casa y el árbol de la acacia.

Y esto fue lo que me dijo:“He vivido mi vida como me la dieron para vivirla y ahora pienso en el futuro. Pienso en mis nietos y sus hijos y cómo van a vivir. Tenemos que resistir, por ellos. Ésos que hoy gobiernan quieren destruir a todos los campesinos y a todas las comunidades indígenas porque quieren quedarse con todas las semillas de la tierra y con todos los litros de agua que vienen de nuestras montañas. Así que por eso luego les paramos sus camiones cuando vienen a robarse lo que es nuestro… es mejor morir de pie que vivir de rodillas”.

Su cabello largo, tan blanco como el mío, estaba peinado hacia atrás de su rostro barrido por el viento y se lo amarraba en un chongo.

Marcos usa un reloj en cada muñeca. Uno marca el tiempo de la paz. El otro, el de la guerra. Cuando los zapatistas se enfrascan en una operación defensiva, trabajan con un horario alterado por si son interceptados sus mensajes.

Hay en todo caso situaciones que desafían cualquier tiempo, todos los tiempos.

En el poblado de San Andrés Sacamch’en, donde, en febrero de 1996, el gobierno pactó acuerdos formales con los zapatistas para reconocer los derechos de todos los pueblos indígenas, acuerdos que nunca honró, está la iglesia de San Andrés Apóstol. En la iglesia hay varias estatuas de la Virgen y de los santos que llevan ropajes de tela, cosidos y bordados.

Un mediodía, la semana pasada, hice un alto ahí porque, al igual que en Acamilpa, escuché una música. La música era más antigua y diferente. Dentro de la iglesia había dos mujeres jóvenes, indígenas, con sus bebés a la espalda y –a cierta distancia de ellas– dos hombres. No había sacerdote. Los cuatro cantaban en polifonía. En el piso de la iglesia había miles de velas prendidas, muchas veladoras en sus vasos, y sus llamas parpadeaban con el viento que se colaba por una puerta entreabierta. Una de las mujeres, conforme cantaba, balanceaba un incensario, y el humo del incienso flotaba como niebla por encima de las llamas que parecían flores. El año, la estación, el día, la hora, eran detalles olvidados. Hasta que uno de los bebés lloró de hambre y su mamá le dio pecho. La otra mujer alisaba con las manos una túnica que había traído para la efigie de San Andrés. Sabía que era tiempo de cambiar y lavar la que traía puesta el santo.

Tras del pasamontañas, bajo la gran nariz, una boca y una laringe hablan desde la hondonada acerca de la esperanza. He dibujado lo que puedo.

Entretanto, probablemente los zapatistas están en riesgo. Cualquier ataque sobre ellos vendrá de aquellos que en su miopía creen que pueden erradicar su ejemplo.

Cuando el gobierno federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) suscribieron los acuerdos de San Andrés Larráinzar, “éramos conscientes de que difícilmente se cumplirían, porque iban a topar con dificultades, aunque la esperanza era que había fuerzas sociales que los iban a impulsar”, recuerda el obispo emérito de San Cristóbal, Samuel Ruiz García, quien entonces era el mediador entre las partes.A 12 años de la histórica firma, que se cumplen este sábado en medio de una ofensiva contra comunidades indígenas zapatistas, éstas se mantienen en resistencia en protesta por el incumplimiento gubernamental de los acuerdos, lo que implica rechazar programas y recursos oficiales.

Según Ruiz García, quien hace 12 años era presidente de la Comisión Nacional de Intermediación (Conai), la resistencia en dichas comunidades “no ha sido inútil, pues han logrado con su actividad y su aguante físico una mejoría en varios aspectos”.

Paralelamente a la resistencia, las comunidades zapatistas están inmersas en sus procesos de autonomía –que, alegan, forman parte del cumplimiento de los acuerdos–, mediante los municipios autónomos y las juntas de buen gobierno ubicadas en los caracoles de Oventic, Morelia, La Garrucha, La Realidad y Roberto Barrios.

Pero el ejercicio de la autonomía no ha estado exento de ataques, según han denunciado las juntas de buen gobierno, las cuales han referido como su principal agresora a la priísta Organización para la Defensa de los Derechos Indígenas y Campesinos (OPDDIC), que sirve de instrumento a las autoridades para atacarlas.

Uno de los flancos de las agresiones radica en la parte agraria, concretamente por las tierras “recuperadas” en 1994 por el EZLN en la llamada zona de conflicto.

De acuerdo con las autoridades zapatistas, la OPDDIC pretende “despojarlas” de sus tierras mediante documentos “legales” de las instancias agrarias oficiales, como parte de programas de “contrainsurgencia”, que han causado tensión en la zona. Probablemente si los acuerdos se hubieran cumplido esas disputas no existirían.

Samuel Ruiz opinó que, pese a que lo pactado en San Andrés no se ha respetado, “de todas maneras podemos decir que los esfuerzos que se han hecho en distintas partes han logrado que se introduzcan en algunos estados modificaciones sustanciales para la situación de los indígenas”.

Al preguntársele si los indígenas están condenados a que no se cumplan los tratados, el obispo respondió: “La situación de los indígenas está ligada a la acción de un cambio fuerte de la estructura social, de manera que si no se lleva a cabo esto estaremos asistiendo a mejorías pero no a una situación radical. Tiene que haber un cambio de sociedad”.

El prelado agregó que “es un hecho irreversible que hayan indicado ellos que son sujetos de su propia historia. Esto ya no tiene vuelta en la historia en forma regresiva sino que va hacia delante”.

El director del Banco Mundial (BM) para México y Colombia, Axel Van Trotsenburg, sostuvo que en el país hay 48 millones de personas en condiciones de pobreza, por lo que tanto las autoridades gubernamentales como el propio organismo internacional deben hacerse responsables, con el objetivo de ayudar a que el problema disminuya.

Entrevistado después de una reunión de casi cuatro horas con integrantes de la Junta de Coordinación Política del Senado, el funcionario recalcó que aunque la macroeconomía ha sido muy bien manejada en México, no deben descartarse los efectos de la recesión que afecta a Estados Unidos.

Ninguna nación puede aislarse de las repercusiones de la desaceleración económica, ni en Europa, ni Japón, ni China, ni América Latina, y México no es la excepción, comentó.

El representante del BM recalcó que existe alta correlación entre el producto interno bruto de México y la producción en Estados Unidos, y en los próximos meses se verá la profundidad de las repercusiones de la crisis financiera en el vecino país del norte.

Por otra parte, reconoció que la reducción de la pobreza no es tarea fácil, pero hay que trabajar y ver cómo se pueden ampliar las oportunidades para todos, no sólo económicamente, ya que también hay que hacer hincapié en “la tarea de mejorar la educación para que todos los jóvenes puedan estar bien preparados e ingresar al mercado laboral”.

No quiso responder si ha sido eficaz la política del presidente Felipe Calderón para el combate a la pobreza, pues –dijo– no es justo juzgar a un gobierno de apenas 12 meses. Además, insistió en que la pobreza es una lucha en la que todos en México deben hacerse responsables y es también una responsabilidad del BM, organismo que “debe ayudar a todos los países para que mejoren”.

A lo que sí aludió fue a las finanzas mexicanas, y sostuvo que la valoración es muy positiva, no sólo por el BM, sino por las agencias internacionales y los mercados, que han reaccionado favorablemente.

En ese contexto, dijo que dado que el gobierno de Calderón ha manejado bien su presupuesto, lo que el BM analiza ahora “es cómo podemos continuar apoyando en muchas áreas a México, tanto en lo social como en la infraestructura y los proyectos de medio ambiente”.

La explosión se produjo a las 14.30 horas (21.30 horas en España) frente al número 346 de la Avenida de Chapultepec, en la colonia Juárez de Cuauhtémoc.

Los médicos y enfermeros que acudieron al lugar indicaron que la explosión corresponde con un artefacto abandonado en la acera norte de esta céntrica avenida.

En la emergencia participan más de una decena de patrullas de policía, tres unidades del cuerpo de Bomberos, cinco ambulancias, un helicóptero del grupo Cóndores de la Policía y unos 150 agentes de la Policía Federal Preventiva.

El titular de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal mexicano, Joel Ortega, está en el lugar de los hechos coordinando el traslado de los heridos a los hospitales más próximos y para iniciar las primeras investigaciones.

De momento las autoridades de la capital han cerrado la circulación a lo largo de la citada avenida desde el cruce con Nuevo León hasta el cruce con Insurgentes Centro, por lo que los vehículos están siendo desviados por el Paseo de la Reforma.

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