De las aulas a la selva
El 14 de febrero pasado, en este espacio, me referí a las amplias e indudables conexiones entre el proyecto bolivariano de Hugo Chávez y diversas agrupaciones políticas en México. Las redes chavistas han sido coordinadas a través de los propios diplomáticos venezolanos acreditados en nuestro país. Vladimir Villegas, quien en el año 2005 era el embajador de Venezuela en México, tuvo una participación muy activa en la conformación de círculos bolivarianos en la Universidad Nacional Autónoma de México.
El 1 de marzo fue abatido por las fuerzas armadas de Colombia en territorio ecuatoriano el guerrillero Raúl Reyes, portavoz de las FARC. Tal suceso derivó en una hecatombe diplomática entre estos países y Venezuela, cuyo presidente advirtió al mandatario colombiano que lo anterior era “causas belis”. En el campamento guerrillero se encontraba un grupo de jóvenes mexicanos. Algunos de ellos murieron durante el operativo contra el legendario líder guerrillero. Investigaciones de autoridades mexicanas y colombianas indican que los mexicanos que se encontraban esa madrugada en Sucumbíos provenían de la UNAM.
Lucía Andrea Morett Álvarez sobrevivió durante el operativo y se recupera en un hospital de Quito. La Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos y la Fundación Regional en Asesoría en Derechos Humanos en Ecuador han liderado la defensa pública de esta mexicana, argumentando que se encontraba en un campamento de las FARC para trabajar en una tesis sobre movimientos sociales en América Latina. Sin embargo, organismos de inteligencia colombianos y mexicanos la ubican como cabeza de una célula subversiva de 38 personas, que opera desde la Universidad Nacional Autónoma de México. Información del gobierno mexicano señala que Morett, sostuvo encuentros con Marco Calarcá, vocero de las FARC en México, para invitarlo a dar conferencias en la UNAM.
Las instancias judiciales deberán llegar a un veredicto sobre la presunta implicación tanto de Morett como de otros mexicanos en actividades guerrilleras. Es cierto que no se puede llegar a conclusiones definitivas hasta que no concluyan todas las diligencias, pero lo que es inaceptable es pretender darle un halo humanista a las FARC y justificar a priori la presencia de este grupo de mexicanos, bajo argumentos de supuestas investigaciones y estudios.
Las FARC son una organización que ha sembrado dolor y muerte durante más de 40 años de actividades terroristas. Han secuestrado y asesinado a miles de colombianos, han desarrollado decenas de ataques terroristas contra blancos civiles, han utilizado explosivos de alto poder para asesinar colombianos en ataques indiscriminados, han utilizado sustancias químicas como el nitrato de amonio para aumentar el daño ocasionado por sus bombas, han reclutado cientos de menores de edad para el combate, han generado el desplazamiento de más de 2 millones de colombianos y tienen hoy a más de 700 secuestrados, a quienes torturan en la selva colombiana.
Hugo Chávez ha pretendido con diversos aliados, entre ellos el presidente de Ecuador, lograr para esta organización terrorista un estatus jurídico político como fuerza beligerante y ha querido proyectar una imagen internacional de acción humanitaria de las FARC por el intercambio de rehenes. Según la DEA, los cárteles mexicanos reciben directamente de la guerrilla colombiana el 55 % de la droga que exportan a Estados Unidos. Las cosas parecen tener conexión. El proyecto político del presidente venezolano implica el fortalecimiento de las FARC. Las células bolivarianas promovidas en México no caminan por sendas distintas a las redes de la guerrilla colombiana. Quizá los mexicanos que estaban aquella madrugada en el campamento de las FARC hacían acopio de información para alguna investigación, quizá más de alguno quedó seducido por el adoctrinamiento perverso de una organización que al asesinato y al terrorismo los denominan reivindicaciones sociales. Que se investigue y aplique la ley, pero en cualquier caso los organismos de inteligencia en México y nuestra máxima Casa de Estudios, orgullo de todos los mexicanos, deberán redoblar esfuerzos para evitar que las aulas universitarias se conviertan en centros de adoctrinamiento de células bolivarianas, que a la luz de los hechos parecen trascender la investigación y el trabajo académico.
Fichero archivado: Ejercito Zapatista de Liberacion Nacional
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