Archivo para Marzo, 2008

Confidencias guerrilleras

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Antes del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, varios grupos armados discutieron con el ahora llamado Subcomandante Marcos la necesidad de hacer estallar la rebelión en todo el territorio nacional, revela Proceso en su número 1635

Pero ante “la decisión unilateral” de Marcos de concentrar la rebelión en esa entidad y abrir fuego el primero de enero de 1994, las organizaciones guerrilleras discordantes abandonaron el plan y decidieron reunirse después para determinar la fecha y las dimensiones de la ofensiva.

Tal es una de las versiones que se desprenden de las entrevistas y documentos reunidos por Proceso a raíz de que, en su edición número 1632, publicó el reportaje Traicionado y torturado, donde se relatan los pormenores de uno de los golpes más fuertes que el gobierno federal ha asestado a la guerrilla.

Se refiere allí que el 19 de octubre de 1999 fueron aprehendidos los guerrilleros Gloria Arenas, Coronela Aurora, y Jacobo López Nogales, el Comandante Antonio, máximo dirigente del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), cuya detención se atribuye a un trabajo de infiltración gubernamental.

Ahora, el Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos (MRLCB) confirma la información de Proceso: el operativo para detener al Comandante Antonio se basó en el trabajo de una agente infiltrada, Ruth Ortega Orozco, alias La Juchiteca, a quien considera “una leyenda ideada por algún servicio de inteligencia militar”, probablemente el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen).

Desde Canadá, donde vive como “asilada política”, Ruth Ortega –cuyo paradero se reportaba como desconocido en el reportaje aludido– se comunicó a Proceso para asegurar que no entregó al líder guerrillero Antonio y, a su vez, acusar de la traición a un integrante del Ejército Villista de Liberación Nacional (EVLN), dice el reportaje que aparece en la edición 1635 de Proceso.

De 46 años y tres meses de prisión a 14 años y dos meses fue reducida la sentencia a Jacobo Silva Nogales, comandante Antonio, y Gloria Arenas Agís, coronela Aurora, ex dirigentes del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI).El Comité Verdad Justicia y Libertad Jacobo y Gloria informó que el sábado pasado se recibió la notificación de la resolución del amparo interpuesto el pasado 12 de septiembre por los ex guerrileros, pero apenas la noche del lunes fue difundida.

Organizaciones sociales guerrerenses se congratularon del anuncio; Andrés Nájera Hernández, dirigente del Comité Eureka, reconoció que es un gran avance en la lucha por la libertad de los presos políticos en el país.

Manifestó que el planteamiento de las organizaciones sociales de la entidad “es demandar una amnistía general para todos los presos políticos en el país; queremos que se castigue a los verdaderos delincuentes y que en Guerrero no se criminalice la lucha social”.

El dirigente de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, Arturo Miranda Ramírez, lo consideró “efecto de justicia, no de ‘buena onda’ de nadie, tomando en cuenta que con la ampliación de la condena por rebelión se sigue actuando de manera arbitraria, debido a que al comandante Antonio y a su esposa Gloria Arenas ya se les había juzgado por ese delito”.

No obstante, dijo que es loable que se haya reconocido que no estuvieron en ninguna de las acciones militares que se les atribuyeron; “creo que ambos ya cumplieron su condena y deben ser puestos en libertad”.

Pedro Nava Rodríguez, dirigente de Asamblea Popular de los Pueblos de Guerrero, opinó que la reducción de penas a los ex dirigentes del ERPI demostró que son inocentes de los delitos por los que están recluidos.

“Sin duda es un triunfo de las organizaciones sociales que durante los ocho años pasados hemos demandado la libertad de los presos políticos”, agregó.

En tanto, en el comunicado emitido por el Comité Verdad Justicia y Libertad se informó que a Silva y a Arenas “les quitan los delitos de homicidio calificado y tentativa de homicidio calificado por los que se les había sentenciado ilegalmente, dejando únicamente el delito de rebelión y daño en propiedad ajena”.

Sin embargo, añade, “los magistrados aumentaron la condena de rebelión a 14 años y dos meses, actuando así contra la ley, pues estas penas ya estaban compurgadas.

“La sentencia de segunda instancia contra la cual se ampararon Jacobo y Gloria era de 21 años por homicidio calificado, 20 años por tentativa de homicidio calificado, cinco años por rebelión y tres meses por daños en propiedad ajena, sumando 46 años y tres meses”.

Resaltó que “los magistrados reconocieron que Silva y Arenas no son delincuentes, sino presos políticos, pues el delito que se sostiene en la resolución del amparo es únicamente el de rebelión”.

Jacobo y Gloria fueron detenidos el 19 y el 22 de octubre de 1999, respectivamente, por lo que han estado privados de su libertad durante ocho años y medio.

Nunca se vieron cara a cara ni hablaron por teléfono. Pero juntos escribieron una novela a cuatro manos, Muertos incómodos (falta lo que falta), publicada por Planeta. “Fue como una película de espías chinos”, dice Paco Ignacio Taibo II en la entrevista con Página/12. “Yo creía que era una broma”, cuenta el escritor mexicano, y recuerda esa noche en la que llegó, desde Chiapas, un enviado del Subcomandante Marcos con una carta personal en la que le proponía escribir una novela. “Miré fijamente al intermediario y me dijo: ‘Si dices que sí, tengo otro sobre’. La verdad que en ese momento no me apetecía romper con lo que estaba escribiendo, llevo años trabajando una biografía de Pancho Villa que me quita las canas y el sueño. Pero cómo podía rechazar desayunar con Marilyn Monroe”, confiesa. Contó hasta diez, pero la tentación de hacer algo con el enmascarado zapatista fue más fuerte que todos sus reparos mentales. “Una vez que dije que sí, en una segunda carta había un esquema, que es más o menos el que seguimos con pequeñas variaciones: él escribía los capítulos impares y yo los pares, con dos personajes que van corriendo en paralelo. A mí me tocaba la tarea de construir una trama, a él un personaje. Lo único que sabíamos era que íbamos a escribir una novela policial.”
El policial chino –no confundir con la novela publicada– se fue aceitando a medida que los autores escribieron los doce capítulos, publicados en el diario mexicano La Jornada, entre el 5 diciembre de 2004 y el 20 febrero de este año. “Fue una relación epistolar muy del siglo XIX, y el sistema de envíos del material era barroco. Salía un burro de la realidad zapatista con el capítulo que había escrito Marcos, con cada página firmada, y tenía que llegar siete días antes de la publicación para que yo pudiera escribir mi capítulo y mandárselo a él.” Era como la serie Misión Imposible, pero ambientada en México y en Chiapas. En vez de la cinta que se autodestruía a los cinco segundos, lo que “desaparecía” era la dirección de e-mail a la que Taibo II enviaba sus capítulos, que a su vez eran reenviados a otra dirección, hasta que de tanto pasear por el ciberespacio el capítulo llegaba a manos de Marcos. El proyecto surgió de una confabulación entre el Subcomandante y el escritor Manuel Vázquez Montalbán, que habían quedado en llamarlo al escritor mexicano, para escribir la novela a seis manos, con tres ejes: Barcelona, Ciudad de México y la selva zapatista. “La muerte de Manolo interrumpió ese proyecto, pero Marcos lo retomó y le hizo un homenaje al padre de Pepe Carvalho”, explica Taibo II.
En Muertos incómodos –cuyos derechos de autor se entregarán a la organización no gubernamental Enlace Civil A.C., que los destinará a obras sociales en Chiapas–, una serie de llamadas desconcertantes, que supuestamente provienen de Jesús Marías Alvarado, un militante estudiantil asesinado en 1971 por un tal Morales, originan una doble investigación protagonizada por el insurrecto zapatista Elías Contreras –personaje creado por Marcos– y Héctor Belascoarán Shayne, emblemático detective creado por Taibo II. Morales, el asesino en cuestión, encarna la podredumbre del sistema político y económico mexicano: un ex guerrillero del ’68 que se vuelve ¿aliado, informante, agente? de los servicios secretos mexicanos, verdugo a sueldo del gobierno contra el movimiento estudiantil independentista, testaferro de los intereses oligárquicos en la entrega del rico ecosistema Montes Azules a empresas transnacionales, soldado a sueldo en la guerra sucia de Zedillo contra los zapatistas, organizador de la banda paramilitar El Yunque, sociedad secreta de ultraderecha enquistada en el gobierno del presidente Vicente Fox.
–¿El Subcomandante le pidió que volviera a recuperar a Belascoarán?
–Sí, él me dijo: “Yo trabajo con Contreras, tú con Belascoarán”. Carajo… tengo a Belascoarán metido en el armario hace 10 años y pensé que quizá era el momento de sacarlo del closet, un Belascoarán más viejo y desconcertado. Marcos conocía a Belascoarán y para él era más fácil trabajar con un personaje que ya tiene nueve novelas. En la primera carta que me mandó me comentaba las novelas, incluso en la correspondencia que mantuvimos había veces en que mandaba citas de Belascoarán para llevarme la contraria (risas).
–Empezaron a escribir sin conocer el desenlace; sólo sabían que iba a ser una novela policial. ¿Por qué eligieron este género?
–¿Qué haces normalmente con la literatura policial? Además de ser una narrativa de acción, una literatura divertida y amena, cuando escribes un policial lo que haces es sociología, el policial es la mejor sociología, es la que te permite vincular el momento en que una sociedad rompe sus apariencias y se muestra tal cual es. Y en nuestros países, el policial te da un diagnóstico del poder.
–¿Cuáles son los muertos incómodos a los que alude el título?
–Hay una serie de heridas en el pasado reciente de esta sociedad que no han sido curadas, estas heridas tienen que ver con abusos e injusticias del poder. Entonces queríamos sacar a la calle a estos muertos incómodos para que contaran sus historias. El libro es un llamado de atención del EZLN: “Aquí estamos, no sólo no se han resuelto los problemas que constituyen la lucha, sino que éste es el estado de la nación, no hay estado de derecho, hay estado de injusticia”.
–¿Qué piensa de aquellos que dicen que usted fue utilizado por el Subcomandante Marcos para propagar la causa zapatista?
–Yo era consciente desde el principio de que el zapatismo estaba usando esta situación de la escritura de la novela para de algún modo decir “aquí estamos, existimos”. Y no me parece mal, era una manera de darle al zapatismo ventana pública, nunca me ha inquietado que el movimiento me use. Lo que me preocupa es que me utilice el poder, uno escoge con quién duerme y con quién come; no me he puesto una corbata desde que tengo quince años y no me la voy a poner, ni siquiera el día en que me muera (risas). Soy un simpatizante de la causa zapatista, aunque hay muchas cosas con las que no concuerdo, tengo diferencias porque veo el mundo de una manera diferente.
–¿Qué cuestiona del zapatismo?
–No voy a discutir sobre eso públicamente, y mucho menos en la Argentina. Mis adherencias y afinidades son cuestiones internas, las conversamos entre nosotros.
Paco Ignacio Taibo II, además de escribir novelas negras, se dedica al periodismo, profesión que ama y que nunca abandonará. “Desde que tengo cinco años, mi admiración por los periodistas era profunda. Y mire que cuando yo tenía cinco años vivía en la sociedad española franquista en donde no se podía contar nada. He conservado un enorme respeto por un oficio que vive siempre al borde de la navaja, sometido a las presiones de los dueños de los diarios, a las presiones del poder, a la ausencia de trabajo literario. Al fin y al cabo, el periodismo es un trabajo narrativo y hay un desprecio notable por la narrativa y una ausencia de trabajo de investigación en profundidad. A pesar de todos esos males, es un oficio condenado al mal ser y al mismo tiempo maravillosamente digno”, señala el escritor mexicano.
–¿Qué papel cumple la literatura?
–La literatura siempre ha sido subversiva, en un sentido más primario, no sólo en términos temáticos. Un adolescente que está sometido a una vida miserable, con un destino programado por la sociedad en la que vive, que lo convertirá en empujador de carritos de supermercado, en la noche enciende una lamparita, abre una novela de ciencia ficción y logra algo maravilloso, algo subversivo, logra estar en un mundo en el que el enemigo no tiene acceso. Durante mucho tiempo, la izquierda neanderthal decía quela literatura de evasión era pecaminosa. Nosotros, y mi generación, siempre pensamos que no había tal cosa, la palabra lo dice todo: evasión es fugarse, escaparse de la cárcel. La literatura crea un mundo paralelo y liberado. Qué puede haber más subversivo que un adolescente en Buenos Aires que, leyendo a Sandokan, se convierte durante un momento en un príncipe pirata malayo. Mientras lees eres otros, y eso es subversivo, la posibilidad de ser otros. Simplemente, leer es liberador.
–¿Esta idea de la lectura como acto liberador es más fuerte en América latina que en Europa?
–En América latina somos más simpáticos, en Europa las pasiones están desgastadas; aquí hay más pasiones, y además tenemos enemigos más feos y horribles, tenemos más deudos y un pasado sucio a la vuelta de la esquina.

De las aulas a la selva

El 14 de febrero pasado, en este espacio, me referí a las amplias e indudables conexiones entre el proyecto bolivariano de Hugo Chávez y diversas agrupaciones políticas en México. Las redes chavistas han sido coordinadas a través de los propios diplomáticos venezolanos acreditados en nuestro país. Vladimir Villegas, quien en el año 2005 era el embajador de Venezuela en México, tuvo una participación muy activa en la conformación de círculos bolivarianos en la Universidad Nacional Autónoma de México.
El 1 de marzo fue abatido por las fuerzas armadas de Colombia en territorio ecuatoriano el guerrillero Raúl Reyes, portavoz de las FARC. Tal suceso derivó en una hecatombe diplomática entre estos países y Venezuela, cuyo presidente advirtió al mandatario colombiano que lo anterior era “causas belis”. En el campamento guerrillero se encontraba un grupo de jóvenes mexicanos. Algunos de ellos murieron durante el operativo contra el legendario líder guerrillero. Investigaciones de autoridades mexicanas y colombianas indican que los mexicanos que se encontraban esa madrugada en Sucumbíos provenían de la UNAM.
Lucía Andrea Morett Álvarez sobrevivió durante el operativo y se recupera en un hospital de Quito. La Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos y la Fundación Regional en Asesoría en Derechos Humanos en Ecuador han liderado la defensa pública de esta mexicana, argumentando que se encontraba en un campamento de las FARC para trabajar en una tesis sobre movimientos sociales en América Latina. Sin embargo, organismos de inteligencia colombianos y mexicanos la ubican como cabeza de una célula subversiva de 38 personas, que opera desde la Universidad Nacional Autónoma de México. Información del gobierno mexicano señala que Morett, sostuvo encuentros con Marco Calarcá, vocero de las FARC en México, para invitarlo a dar conferencias en la UNAM.
Las instancias judiciales deberán llegar a un veredicto sobre la presunta implicación tanto de Morett como de otros mexicanos en actividades guerrilleras. Es cierto que no se puede llegar a conclusiones definitivas hasta que no concluyan todas las diligencias, pero lo que es inaceptable es pretender darle un halo humanista a las FARC y justificar a priori la presencia de este grupo de mexicanos, bajo argumentos de supuestas investigaciones y estudios.
Las FARC son una organización que ha sembrado dolor y muerte durante más de 40 años de actividades terroristas. Han secuestrado y asesinado a miles de colombianos, han desarrollado decenas de ataques terroristas contra blancos civiles, han utilizado explosivos de alto poder para asesinar colombianos en ataques indiscriminados, han utilizado sustancias químicas como el nitrato de amonio para aumentar el daño ocasionado por sus bombas, han reclutado cientos de menores de edad para el combate, han generado el desplazamiento de más de 2 millones de colombianos y tienen hoy a más de 700 secuestrados, a quienes torturan en la selva colombiana.
Hugo Chávez ha pretendido con diversos aliados, entre ellos el presidente de Ecuador, lograr para esta organización terrorista un estatus jurídico político como fuerza beligerante y ha querido proyectar una imagen internacional de acción humanitaria de las FARC por el intercambio de rehenes. Según la DEA, los cárteles mexicanos reciben directamente de la guerrilla colombiana el 55 % de la droga que exportan a Estados Unidos. Las cosas parecen tener conexión. El proyecto político del presidente venezolano implica el fortalecimiento de las FARC. Las células bolivarianas promovidas en México no caminan por sendas distintas a las redes de la guerrilla colombiana. Quizá los mexicanos que estaban aquella madrugada en el campamento de las FARC hacían acopio de información para alguna investigación, quizá más de alguno quedó seducido por el adoctrinamiento perverso de una organización que al asesinato y al terrorismo los denominan reivindicaciones sociales. Que se investigue y aplique la ley, pero en cualquier caso los organismos de inteligencia en México y nuestra máxima Casa de Estudios, orgullo de todos los mexicanos, deberán redoblar esfuerzos para evitar que las aulas universitarias se conviertan en centros de adoctrinamiento de células bolivarianas, que a la luz de los hechos parecen trascender la investigación y el trabajo académico.

EPR niega vínculo con estudiantes

En un comunicado difundido ayer, el Ejército Popular Revolucionario (EPR) vuelve a solidarizarse con la lucha de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y con los familiares de los estudiantes muertos en el campamento de Raúl Reyes, el 1 de marzo, los cuales, asegura, no tienen ninguna vinculación con el eperrismo.

En su carta, el grupo armado condena la “masacre perpetrada por Álvaro Uribe”, y critica la actuación de la OEA —que se limitó a “describir los hechos”— y al presidente de México Felipe Calderón por “ser candil de la calle y oscuridad de su casa” al pretender “mediar” en aquel conflicto e iniciar investigaciones contra los jóvenes mexicanos “solidarios y estudiosos de los movimientos sociales de América Latina”. Rechaza la lógica que liga a estudiantes como Lucía Morett, comprometidos con grupos armados como las FARC y el EPR, y pide que la comunidad internacional le reconozca a la insurgencia colombiana la condición de fuerza beligerante.

En otre parte de su comunicación, el EPR pide la renuncia de Juan Camilo Mouriño como secretario de Gobernación, “por corrupto”.

“¿Cómo, que sí firmó como apoderado de sus empresas siendo funcionario público? ¿Cómo, que es legal lo que hizo? No, Sr. Mouriño, si usted fuera cualquier hijo de vecina como nosotros lo somos, ¿qué cree que le dirían esas mismas ‘autoridades’ que hoy lo defienden? El Estado no puede ser juez y parte como desea al presentar sus documentos ante la PGR”.

De paso, critica a los priístas Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa por actuar como cómplices del funcionario.

Reiteran su exigencia de que se presente con vida a sus compañeros Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, de los que no se sabe nada desde hace nueves meses. El comunicado no hace mención a nuevos ataques con este motivo.

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