Archivo para Abril, 2008

El grupo armado Ejército Popular Revolucionario propuso que la comisión de intermediación sea integrada por el arzobispo emérito Samuel Ruiz, quien encabezó la comisión de Paz que negoció con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.Ciudad de México.-El grupo armado Ejército Popular Revolucionario propone al gobierno de México la creación de un grupo de mediación y desmiente haber iniciado un diálogo con las autoridades, según un comunicado difundido hoy.

En el comunicado el EPR señala que el grupo de mediación civil puede servir para la liberación de Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, dos militantes que según el grupo están desaparecidas desde mayo de 2007.

“Nos atrevemos a plantearlo (la comisión de mediación), en virtud del peligro que corre la vida de nuestros compañeros y los demás desaparecidos”, señalan en el comunicado.

La comisión de intermediación propone que sea integrada por el arzobispo emérito Samuel Ruiz, quien encabezó la comisión de Paz que negoció con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

También proponen que esa comisión esté integrada por el escritor Carlos Montemayor, el periodista Miguel Angel Granados Chapa, el antropólogo Gilberto López y Rivas y el Frente Nacional contra la Represión.

La organización armada, cuya existencia hizo pública el 28 de junio de 1996 en Aguas Blancas, en el sureño estado de Guerrero, al cumplirse el primer aniversario de la matanza de 16 campesinos, rechaza en su comunicado nuevamente que realice secuestros y tener vínculos con el narcotráfico.

El año pasado, el EPR realizó atentados contra oleoductos de la empresa estatal Petróleos Mexicanos afectando la actividad industrial de varios estados para reclamar la aparición con vida de sus militantes Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez.

La organización armada sostiene que ambos fueron detenidos por policias y miembros del ejército y que se encuentran secuestrados por esos organismos del Estado.

El gobierno federal ha negado que algún organismo de seguridad nacional o local tenga en su poder a ambos.

En el comunicado también expresan que la comisión mediadora civil puer servir para “alcanzar la justicia que tanta falta hace a nuestro pueblo”.

VIVEN EN CIUDADES LA MITAD DE POBRES

La mexicana Lucía Morett, una de las tres mujeres que sobrevivieron al ataque colombiano a un campamento de las FARC en Ecuador, se “preparaba para crear un grupo guerrillero” similar a esa organización en México, según el diario La Hora, que citó una fuente militar sin identificar.El rotativo informó hoy que la unidad de Inteligencia Militar tiene un vídeo del primer interrogatorio que se hizo a Morett en Ecuador, en el que dice que “hace varios años viene realizando viajes a países con gobernantes de izquierda, donde se ha preparado para crear en México un grupo guerrillero similar a las FARC”.

En ese interrogatorio, Morett reconoce también que mantuvo una conversación con “Raúl Reyes”, portavoz internacional de las FARC, antes de que el Ejército colombiano bombardeara el 1 de marzo el campamento, en el que murió el líder guerrillero y otras 25 personas.

El periódico agregó que Morett confirma en el vídeo que fue ella quien organizó el viaje al campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la zona ecuatoriana de Angostura, en la frontera con Colombia, donde murieron 4 compañeros suyos.

“En ese momento se sentía culpable” y en ningún instante mencionó que había llegado a hacer un trabajo universitario, como ha asegurado en ocasiones posteriores, según La Hora.

Morett y dos mujeres colombianas fueron encontradas heridas tras el ataque militar colombiano a un campamento de las FARC instalado clandestinamente en territorio ecuatoriano, que llevó al Gobierno de Ecuador a romper las relaciones diplomáticas con Colombia.

La mexicana ha señalado que visitó al campamento de las FARC para obtener mayor información sobre una de las guerrillas que existen en Latinoamérica para su tesis académica.

Una fuente del Ministerio de Defensa consultada por Efe dijo desconocer la información que aparece en el diario.

El gobierno federal parece dispuesto a desaparecer la Coordinación para el Diálogo y la Negociación en Chiapas, a pesar de que no ha cumplido sus objetivos. Ciertamente, las posibilidades de diálogo han sido escasas. Los desencuentros entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y los representantes de los poderes Ejecutivo y el Legislativo han sido constantes, salvo los meses que duraron los diálogos de San Andrés (1995-1996) y la oportunidad que decía ofrecer el gobierno de Vicente Fox en 2001.

Ambas cincunstancias se fueron por la borda. La primera cuando el gobierno zedillista desconoció su compromiso con los acuerdos de San Andrés (el entonces secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, argumentó, memorablemente, haber estado ebrio cuando aceptó que sus representantes firmaran con los rebeldes).

La segunda, cuando los senadores de todos los partidos aprobaron una reforma que los zapatistas y el Congreso Nacional Indígena consideraron “traición”. Este hecho marcaría la gestión del representante foxista Luis H. Álvarez, quien nunca obtuvo respuesta del EZLN a sus llamados. Los rebeldes han sostenido que no se puede dialogar con gobiernos incapaces de cumplir su palabra. No obstante, el comisionado gubernamental se movió por la “otrora la zona de conflicto” (expresión suya) como si existieran condiciones.

En julio de 2005, al comparecer ante la Comisión de Asuntos Indígenas del Senado, que presidía la panista Luisa María Calderón Hinojosa, Álvarez expresó:

“Si yo hubiera sido indígena y vivido las condiciones que vivían y que todavía siguen viviendo la mayoría de las comunidades indígenas, es más que probable que yo hubiera sido zapatista”. Incluso “celebró” la decisión de los zapatistas de levantarse en armas en 1994.

La Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas fue aprobada por el Congreso el 9 de marzo de 1995, un mes después de que el presidente Ernesto Zedillo ordenara la mayor ofensiva militar que ha habido contra el EZLN y sus bases de apoyo.

La ley norma las políticas para lograr la paz en la región indígena, cimbrada en su totalidad por el movimiento armado y su impacto social y político.

Paralela y extraoficialmente se inició la campaña de contrainsurgencia que desde entonces forma parte de las estrategias gubernamentales para “solucionar” el conflicto. El gobierno había dado un paso hacia la guerra, y luego propició un instrumento para la paz, que originó a la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa).

Desde entonces, dicha ley “tiene por objeto establecer las bases jurídicas que propicien el diálogo y la conciliación para alcanzar, a través de un acuerdo de concordia y pacificación, la solución justa, digna y duradera al conflicto armado iniciado el 1º de enero de 1994”.

El texto destaca aquella fórmula con la cual, a regañadientes, el gobierno reconocía la legitimidad de la rebelión:

“Para los efectos de la presente ley, se entenderá como EZLN el grupo de personas que se identifica como una organización de ciudadanos mexicanos, mayoritariamente indígenas, que se inconformó por diversas causas y se involucró en el conflicto.”

MEXICO: GUERRILLA DEL EPR MANTENDRA HOSTIGAMIENTO

El Ejército Popular Revolucionario (EPR) advirtió que continuará su campaña de hostigamiento militar hasta que el gobierno de Felipe Calderón presente a sus compañeros, Gabriel Alberto Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya, desaparecidos desde mayo del año pasado.

En un nuevo comunicado el grupo guerrillero señaló que mantendrá su estado de alerta y continuará con sus acciones, debido a que, aseguró, el gobierno de Felipe Calderón tiene en sus manos a los dos eperristas, a quienes ha torturado física y psicológicamente.

El grupo rebelde denunció que durante el gobierno de Calderón ya hay 30 desaparecidos políticos, los cuales forman parte de la campaña de represión que inició Vicente Fox, durante la cual 500 luchadores sociales fueron encarcelados.

El EPR recordó que el senador del PAN, Federico Döring, y el diputado capitalino del PRD, René Arce, se comprometieron a buscar un diálogo con ellos, y cuestionó las razones por las que no cumplieron su palabra.

Así mismo, impugnó el compromiso del gobierno federal de investigar el paradero de sus compañeros desaparecidos, pues hasta el momento no ha habido ningún dato al respecto.

Es más, señaló el EPR, el gobierno de Felipe Calderón ni siquiera se ha dignado a atender la orden que el 5 de octubre del año pasado emitió el juez Cuarto de Distrito de Oaxaca (expediente 1174/2007), en el sentido de que las autoridades correspondientes tenían 24 horas para informar sobre el paradero de Cruz Sánchez.

“La represión sistematizada se ha agudizado”, sostuvo el EPR.

Por otro lado, el EPR rechazó las aseveraciones del procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, quien acusó al grupo armado de financiarse mediante los secuestros. Aclaró que desde su congreso nacional, celebrado en el 2000, se tomó la decisión de no incurrir en estos actos.

También rechazó las afirmaciones de José Antonio Ortega, presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal en México, y responsable de los recientes spots en los que se compara a Andrés Manuel López Obrador con Mussolini y Hitler, de que miembros del EPR están con contacto con el titular de la PGR para evitar nuevos atentados.

“Eso es una vil mentira porque si es así, no sabemos con quién están hablando porque nosotros no tenemos ningún contacto con el gobierno ilegítimo de Calderón, mucho menos a espaldas de nuestro pueblo”, aclaró.

Finalmente, insistió en que no darán tregua a sus acciones de hostigamiento y demandó que sus compañeros José Luis Durán Mata y Sergio Bautista Martínez sean cambiados de la cárcel de alta seguridad del Altiplano, pues se trata de “cárceles de exterminio”.

Los derroteros del EPR

La rigidez ideológica es una de las características principales que nutren a las organizaciones político-militares. Tras esa manera de entender el mundo, tanto la dinámica como los procesos sociales adquieren una única y excluyente percepción; momento en el cual las distintas formas de lucha (incluida la armada) encuentran lugar para desarrollarse. ¿El objetivo?: la transformación de la realidad, esto es, la revolución.

Continuando con la única entrevista que el Partido Democrático Popular Revolucionario-Ejército Popular Revolucionario (PDPR-EPR) aceptó durante 2007, antes de sus acciones contra los ductos de Pemex, se destaca que la vía armada no es un fin en sí mismo, sino parte de un proceso dialéctico proveniente del análisis de las condiciones objetivas y especificas.

En efecto, el grupo se niega a considerarla una definición exclusiva, aunque sí la más importante, pero integrada a un proceso conjunto en desarrollo: “Desde nuestro primer congreso —asegura el EPR— se definió como táctica para la presente etapa la combinación de todas las formas de lucha. Hay que señalar que en la definición clásica de la guerra popular, la guerra de todo el pueblo, se plantea que la lucha armada revolucionaria es la principal forma de lucha y en torno a ella todas las demás que surjan producto de la creatividad de nuestro pueblo.”

Para el eperrismo la lucha armada es reflejo de la conclusión de otros medios de acción institucional o, en sus palabras, “donde se van cerrando crecientemente los espacios legales, el cambio social por la vía pacífica va quedando anulado.” Empero, la opción armada dependerá de “observar la realidad objetiva que pretendemos transformar, porque de ese análisis dependerá el papel primario o secundario que jugará determinada forma de lucha; de ese análisis dependerá la estrategia, la táctica y la metodología.”

“Los revolucionarios no somos partidarios ciegos e irracionales de la guerra”, asegura el EPR. Y a renglón seguido expresa: “Partimos de la necesidad de la combinación de todas las formas de lucha, en cuyo planteamiento va el reconocimiento de todas ellas, surgidas al fragor de la lucha de nuestro pueblo, pero siempre habremos de decir que dadas las actuales condiciones de nuestro país estaremos pugnando para que la lucha armada revolucionaria llegue a ser la principal forma de lucha contra el régimen como producto del desarrollo y evolución de la lucha de clases que se desenvuelve a lo largo y ancho de esta nuestra patria”.

La lucha armada, envuelta en este proceso dinámico, cobra mayor importancia aunque no se desprende de las demás formas. Y subraya: “Así como es necesaria la lucha pacífica, la lucha por las demandas económicas, gremiales, sectoriales, la lucha electoral, la parlamentaria, también es más que necesaria la lucha armada revolucionaria, sobre todo en la modalidad de la autodefensa armada de las masas. Necesidad producto de las exigencias de la lucha en la presente etapa.”

Pero le resulta necesario “comprender las necesidades históricas a las que nos enfrentamos y si en verdad luchamos desde diferentes trincheras contra el régimen, en nombre y defensa de nuestro pueblo, no debe asustar a nadie la necesidad de la lucha armada revolucionaria, la cual es una expresión más de nuestro pueblo, significando que hombres y mujeres de diferentes sectores sociales y de diferentes generaciones hemos decidido conscientemente dejar nuestros instrumentos de trabajo para desarrollar esta forma de lucha, como una forma de darle continuidad al largo proceso de lucha que se gesta en México desde 1964, de ahí nuestro carácter político militar”.

Una interrogante, una clave, aún subyace: ¿Se han agotado las vías de acción pacífica o legal?: “Dadas las condiciones del país —responde el EPR a pregunta expresa— podemos decir categóricamente que la vía pacífica de transformación cada vez es más lejana, porque los espacios legales o pacíficos van siendo cerrados sistemáticamente por el régimen neoliberal y por la ultraderecha. Este proceso, el de negar toda posibilidad de cambio por la vía pacífica o legal, es lo que llamamos involución democrática.”

Proponen una enumeración que ejemplifique: “Los más de 500 presos políticos que existen en el país, las decenas de detenidos-desaparecidos, los frecuentes asesinatos políticos disfrazados de diferentes formas para ocultarlos, la represión como política de Estado, el fraude electoral y la imposición del gobierno de Calderón por encima de la voluntad popular, la criminalización de la lucha y protesta social, la permanente amenaza de ‘aplicar el imperio de la ley’, la creciente militarización del país bajo el argumento pueril de combatir la delincuencia organizada, el avasallamiento del legislativo por el PRI y el PAN, la subordinación del Ejecutivo a las fuerzas castrenses son los ejemplos contundentes de que los espacios de la lucha legal se van cerrando, van siendo anulados sistemáticamente”.

Debido al cierre de las vías legales, asegura el eperrismo, no se pueden desarrollar otras formas de lucha que no contenga a la armada como una parte del proceso de cambio. En efecto, señalan que “hablar de cambios sociales en el país no es el simple cambio de individuos en el gobierno, el simple cambio de un partido por otro, reducir la lucha del pueblo a ello es una vulgaridad, porque la lucha debe ser por profundos cambios en el país para que en verdad sea el pueblo el beneficiado con ellos, de otra manera sólo será benéfico para tal o cual grupo de poder que se disputan la hegemonía en el Estado para poder asegurar sus intereses.”

La represión, dentro de ese ideario, no es un hecho aislado sino que también se presenta como un proceso. Para el caso, destacan que: “Nunca se debe ver como un hecho aislado o una equivocación de los gobiernos en turno, obedece a una estrategia general de contrainsurgencia, un intento por contener el descontento social, un acto de barbarie que refleja el terror de las clases pudientes ante la posibilidad de un estallido social.”

Y abundan: “Tal política de contrainsurgencia no es nueva, ya desde los gobiernos priistas era aplicada sistemáticamente, pero en 1994 se profundiza su aplicación y a partir del 2000 se adopta como política de Estado y se generaliza en todo el país con el único propósito de difundir el terrorismo de Estado para desmovilizar al pueblo que exige solución a sus demandas.”

Y sobre el final, rematan: “Podemos decir que son cada vez menos los espacios legales y que en esta perspectiva la lucha debe continuar por el respeto de las libertades políticas, pero sin olvidar que en definitiva la lucha armada revolucionaria se vuelve una necesidad política imperiosa, sobre todo en la modalidad de la autodefensa armada de las masas ante la embestida represiva de la ultraderecha.”

La posibilidad de atacar cualquier objetivo considerado “militar” estaba contenida previamente en los postulados del EPR. La frontera entre la “amenaza” y el “riesgo” es el vértice donde el eperrismo desarrolla sus políticas luego de los ductos, es decir: el riesgo de nuevas explosiones es probable tanto como su retorno al silencio armado. Repetidamente la guerrilla se ha mostrado en un estado latente, pero esto es sólo su apariencia.

*Investigador del Centro de Documentación de los Movimientos Armados

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