En su Curso de inteligencia, elaborado a mediados de la década pasada, el Ejército Popular Revolucionario expone a sus militantes la forma en que deben actuar para contrarrestar las maniobras de infiltración de organismos como el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) e inteligencia militar, a los que denomina “cazadores de revolucionarios”. Así mismo, explica con detalle la manera en que funciona el servicio de información eperrista, conformado por unidades de oficiales y agentes especializados, así como por un sistema de contrainteligencia
mediante el cual el grupo logró infiltrar algunas dependencias oficiales.
En medio del acoso gubernamental, el Ejército Popular Revolucionario (EPR) diseñó una estrategia a partir de una estructura de inteligencia y contrainteligencia formada por militantes y combatientes del PDPR-EPR denominada “Servicio de Información”, gracias al cual logró infiltrar varias dependencias públicas y sobrevivir a los embates del gobierno federal.
Constituido por pequeñas unidades de oficiales y agentes de inteligencia, el objetivo de este aparato es “recabar información de interés, ubicar personal para el trabajo de inteligencia y detectar y combatir los intentos de infiltración del enemigo, interceptar sus comunicaciones, meterse a sus computadoras e infiltrarlo”, según explica el grupo armado en su Curso de inteligencia PDPR-EPR.
En ese documento, cuya copia tiene Proceso, el mando del EPR menciona que una de sus prioridades es detectar y burlar las “operaciones secretas en las que se conjuga la labor de inteligencia y la acción militar clandestina de fuerzas especiales”.
Y establece: “Los oficiales de inteligencia son cuadros político-militares especializados en la labor de inteligencia y contrainteligencia. Constituyen la columna vertebral de nuestro sistema de información; ellos organizarán, educarán, entrenarán y atenderán las redes de agentes, bases secretas, colaboradores y de información popular que iremos formando; también pueden estar abocados a recoger información para acciones especiales y campañas militares”.
El sistema eperrista de información incluye también a “los agentes de inteligencia, las bases secretas y las bases temporales de información”. Sobre sus agentes, el grupo armado explica que son “cuadros político-militares que bajo la disciplina partidista se encuentran abocados a obtener información de diferentes instituciones gubernamentales; su labor es obtener y proporcionar oportunamente la información de la tarea que tienen asignada”.
Así mismo, destaca que las células secretas de oficiales y agentes del EPR se proponen infiltrar los organismos policiacos y militares a fin de conocer con anticipación los planes de contrainsurgencia del gobierno federal.
“Los objetivos principales en los que debemos asentar a nuestros agentes –puntualiza– serán los órganos de inteligencia enemiga, los departamentos militares y policiacos destinados a combatir a los revolucionarios, las unidades militares y las paramilitares.
“Los compañeros agentes de inteligencia infiltrados en las corporaciones policiacas no tendrán la función de reclutar ni de hacer trabajo de desmoralización en las filas enemigas; al contrario, nadie deberá sospechar de ellos, por lo que aparecerán como ‘excelentes elementos’ de esos cuerpos.”
Inteligencia militar, el enemigo
De acuerdo con el Curso de inteligencia PDPR-EPR, las unidades secretas eperristas ubicaron ya el trabajo de Gobernación mediante inspectores infiltrados “en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), con clave 1132, que se localiza en la calle Álvaro Obregón, colonia Barranca Seca, en la Magdalena Contreras”.
La misión de esas unidades consiste en insertarse en las secretarías de Estado, gobiernos estatales y municipales, partidos de oposición, sindicatos, empresas privadas, universidades, medios de comunicación y asociaciones civiles y religiosas, agrega el documento eperrista elaborado para los agentes y oficiales de información.
Estos elementos, explica, “interceptan llamadas telefónicas y el correo”, en tanto que “el ‘departamento 49’ se encarga de revisar la correspondencia y censurar los noticiarios de radio, televisión y prensa escrita”. Los agentes y oficiales de información, añade, “vigilan a los opositores al gobierno e identifican a los agentes de inteligencia de otras naciones”.
El EPR asegura en su Curso que las áreas del Estado que coordinan la estrategia contrainsurgente son las unidades de inteligencia del Ejército Mexicano. “A partir de nuestra aparición pública en Aguas Blancas (el 28 de junio de 1996), todos los servicios de inteligencia quedaron bajo el mando de inteligencia militar, que centraliza la información y cuenta con un grupo operativo especial dedicado exclusivamente a tratar de destruirnos…”.
El EPR también expone que en esos grupos al servicio de las autoridades federales hay “orejas” que van a los pueblos; también jóvenes, homosexuales y ancianos que persiguen desde hace varios años a los revolucionarios.
Afirma: “Estas personas suelen disfrazarse de agentes de Seguridad Pública, o bien de trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad o de Teléfonos de México. Utilizan casas clandestinas, así como instalaciones militares para interrogar a los detenidos mediante la tortura física y psicológica, y drogas que provocan trastornos emocionales.
“Todos los interrogatorios a los que estamos expuestos o tendremos que realizar son políticos. Con nosotros utilizarán la violencia física y mental. El enemigo puede inyectarnos tranquilizantes (pentotal sódico), que producen una sensación de bienestar que podría reducir las defensas mentales, o alguna droga como LSD, que produce tendencias suicidas.
“El interrogatorio político utilizado contra los luchadores sociales y revolucionarios está enfocado a quebrar las convicciones y motivaciones ideológicas del prisionero. Todos los detalles están preparados con el fin de quebrar, y nosotros debemos estudiarlos para irlos previendo, como algo ya conocido, esperado”, dice el documento.
Las claves
Otro de los puntos que incluye el Curso es el relativo a las “bases secretas” eperristas, las cuales están conformadas por “compañeros o núcleos de compañeros que, sin dedicarse de tiempo completo a la lucha revolucionaria, realizan labores de inteligencia y contrainteligencia bajo la orientación de nuestro servicio de información”.
“Los compañeros que serán bases secretas –puntualiza– deberán ser fieles al partido, no desempeñar ninguna actividad ni revolucionaria ni democrática abiertamente (salvo excepciones en casos así definidos) y de preferencia deberán ser de la zona donde van a estar colocados.”
Así mismo, agrega, a cada base secreta se le pondrá una clave.
“Las bases secretas deberán colocarse en los lugares estratégicos. Esta colocación tendrá prioridad en las zonas donde realizamos acciones político-militares, donde hay concentración de unidades militares enemigas, principalmente las que se muevan hacia las zonas guerrilleras, en objetivos enemigos muy importantes y en unidades militares de élite.
“En las zonas prioritarias debemos empezar a sembrar estas bases secretas, cerca de las principales instalaciones militares para que, con la cobertura adecuada, puedan acceder a la información que el enemigo genera ahí, para lo que se hace necesario entrar en contacto con él, valiéndose de formas variadas, negocios o actividades, acordes a las condiciones de cada lugar y que permitan observar y recoger información útil para nosotros.”
En cuanto a las fórmulas de financiamiento de su actividad insurgente, el documento indica que “los recursos, en caso de que se requieran, serán financiados por la zona”. Y recomienda: “Es conveniente que el negocio de cobertura tenga finanzas sanas, que aunque no sea muy redituable, parezca que lo es, para evitar sospechas y problemas con Hacienda”.
El premio para los militantes que integran esas bases secretas es el ascenso dentro del EPR. “Cuando algunas de esas bases secretas, por su nivel de compromiso y desarrollo político-ideológico, así como táctico-técnico, adquieran mayor compromiso con la revolución y logren penetrar alguna estructura militar, policiaca o política, entonces se convierten en agentes”.
Sobre las “unidades temporales de información”, el documento establece que “son unidades operativas con la función principal de obtener información”.
“Al principio podrán ser temporales, pero es necesario desarrollar la capacidad de contar con unidades operativas permanentes. Las unidades temporales de información pueden formarse por combatientes de la guerrilla concentrada o dispersa y combinarse, de acuerdo con las necesidades y capacidades.”
La organización armada dedica un capítulo a la estrategia que deben seguir los militantes para evitar las infiltraciones por parte de los aparatos de inteligencia gubernamental.
“(En) todas las unidades de nuestro ejército, así como en los órganos del partido, deberán estar asignados compañeros agentes de contrainteligencia, quienes tendrán la función de detectar los intentos del enemigo por infiltrarnos e infiltrarse, según sea la orden superior, en las redes de inteligencia del enemigo, con el objeto de destruirlas y revertirles el golpe.”
El documento del EPR no tiene fecha, pero se infiere que data de mediados de 1os noventa, pues en el texto se ubica como director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) a Jorge Tello Peón, quien estuvo al frente del organismo entre 1994 y 1999.
Por lo que concierne a los “oficiales y agentes de inteligencia” del EPR, el Curso asegura que éstos se encuentran inmersos en el juego del espionaje y contraespionaje que se escenifica en medio de una guerra de baja intensidad contra los espías operativos del gobierno. Para ello, explica, esos oficiales y agentes de inteligencia emplean métodos de enmascaramiento o disfraz para obtener información, ubicar al enemigo y atacarlo.
“Para disfrazarse –dice– hay que planificar bien todas las variables, asumir el papel y tener listas las respuestas por si hay preguntas. Cuando no hay salida, se debe estar dispuesto a todo.”
El documento se explaya en lo que se refiere al papel que desempeñan los oficiales de inteligencia, quienes son militantes del Partido Democrático Popular Revolucionario (PDPR) y combatientes del EPR. Ellos “deben aprobar satisfactoriamente los cursos básicos de guerra y de oficiales, tener destreza en el manejo de las armas, contar con una excelente condición física y destreza en la lucha cuerpo a cuerpo, conocer profundamente la labor de inteligencia y contrainteligencia, y tener destreza en el manejo de explosivos”.
Parte del entrenamiento de esos oficiales de inteligencia consiste en “practicar las 10 llaves de lucha olímpica hasta dominarlas, realizar prácticas de tiro, con armas corta y larga, así como prácticas de explosivos elaborando personalmente las cargas, desarmar y armar en tiempo récord, ejercicios de memorización, de descripción exacta y de deducción lógica”. El Curso aconseja “profundizar en el conocimiento y en la aplicación de la línea política (del EPR)”.
El Ejército Popular Revolucionario lleva más de una década formando la estructura de inteligencia y las redes de información que le han permitido sobrevivir y burlar los programas secretos de infiltración del Cisen y de inteligencia militar, instituciones que, según el documento, son las principales cazadoras de revolucionarios.