Cuarenta y cuatro años de clandestinidad, de aciertos y errores, volvieron al Ejército Popular Revolucionario (EPR) un ente impenetrable, reconocen mandos militares expertos en guerrillas.

Vigilarlos físicamente, seguirlos o marcar sus pasos se complicó al máximo y se volvió tarea extrema, costó vidas, aceptan.

“Ahí está lo de Tláhuac, una operación de seguimiento a los eperristas que de todos modos iba a salir mal, porque esta gente ya tiene mucha experiencia, tiene años y está altamente especializada, es muy difícil de infiltrar y ya vimos cómo acabó todo, en un desastre con dos muertos y otro que casi”, recuerdan los militares que acceden a la entrevista.

Además, los agentes enviados cometieron un sinfín de errores; desde ponerse al descubierto, llevar ostensiblemente cámaras fotográficas y hacerse notar, hasta cargar con sus credenciales de la Policía Federal Preventiva e identificarse como elementos de inteligencia para evitar el linchamiento. Eso fue fatal, añaden.

Fichero archivado: Ejercito Zapatista de Liberacion Nacional

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