Archivo para Junio, 2008

Tiburcio Cruz Sánchez, a quien los servicios de inteligencia del Gobierno identifican como el líder del Ejército Popular Revolucionario (EPR), y a quien culpan de las pérdidas económicas por las explosiones en los ductos de Pemex en julio del año pasado, ha sido blanco de operativos de “rastreo” y de programas secretos de infiltración desde los años 70, cuando ingresó a la clandestinidad y empezaron sus actividades en la guerrilla.

De acuerdo con algunos reportes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), los aparatos de inteligencia saben de la existencia de Tiburcio Cruz desde principios de los 70, cuando detectaron su participación en el grupo armado Unión del Pueblo.

En una fotografía incluida en un expediente de la Dirección de Investigación para la Prevención de la Delincuencia (DIPD), elaborado a partir de información de la DFS, se observa a un joven Tiburcio Cruz a quien identificaban como el “dirigente” de Unión del Pueblo.

Un reporte de la DFS establece que el 11 de febrero de 1975 la policía obtuvo el testimonio después de haber sido interrogado Nicéforo Urbieta Morales, alias “Armando”, integrante del grupo guerrillero. “En su declaración hace saber que en unión de Tiburcio Cruz Sánchez y Gabriel Cruz Sánchez, y otra persona, fueron los que colocaron una bomba en el ayuntamiento de Oaxaca, el 23 de julio de 1972”.

Como resultado de estos operativos de “rastreo”, la DFS obtuvo un testimonio en el que se desprende el liderazgo de Tiburcio Cruz en el grupo guerrillero Unión del Pueblo

Detrás de la iniciativa del Ejército Popular Revolucionario (EPR) para crear una instancia de mediación civil que coadyuve a buscar a sus militantes desaparecidos en mayo de 2007 hubo una secreta y tensa negociación política entre el grupo armado y el Gobierno federal, que detuvo un nuevo atentado a instalaciones estratégicas del país y evitó una serie de detenciones de personas vinculadas a la guerrilla.

Una reconstrucción de lo sucedido —de acuerdo con fuentes de inteligencia— las horas previas al 24 de abril, fecha en la que el EPR pidió a cinco intelectuales mediar ante las autoridades para buscar a Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, arroja que los aparatos de seguridad del Estado detectaron a inicios de ese mes que el grupo armado estaba adquiriendo material explosivo para realizar un nuevo atentado, similar a los cometidos contra ductos de Pemex el 5 y 10 de julio y 10 de septiembre de 2007.

La alerta generada por este movimiento hizo que el Gobierno enviara por canales extraoficiales, pero de segura recepción, un mensaje a la comandancia general del EPR en el sentido de que si se daba un nuevo ataque, se detendría a los hermanos Alejandro y Francisco Cerezo, actualmente en libertad, y se regresaría a prisiones de alta seguridad a Antonio y Rafael Cerezo, detenidos en el penal de Atlalcholoaya, Morelos, quienes para el Gobierno son los cuatro hijos de los dirigentes máximos del grupo armado, Tiburcio Cruz y Elodia Canseco.

Como antecedente, el 11 de marzo anterior, sin explicación jurídica, Antonio había sido trasladado del penal de máxima seguridad del Altiplano al de Morelos, donde ya se encontraba su hermano Rafael, ambos acusados de atentar contra una sucursal bancaria en 2001, a nombre de las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP).

El movimiento habría sido un mensaje de distensión al EPR de parte del Gobierno federal, que ha insistido de manera categórica que ninguna autoridad federal intervino en la detención y desaparición de los militantes eperristas en mayo de 2007, lo que deja en autoridades oaxaqueñas la responsabilidad del caso. La señal, sin embargo, habría sido ignorada por el grupo armado.

El martes 22 de abril, además del movimiento de explosivos detectado, el EPR emitió un comunicado con la amenaza de acciones armadas, al no aparecer sus compañeros Reyes y Cruz. Fue cuando vino el intercambio de mensajes, que se acompañó, el jueves 24 de abril a mediodía, con un extraño correo electrónico, en el que un presunto grupo armado aseguraba tener en su poder a los desaparecidos y estrechaba todo a una sola disyuntiva: optar por la vía política o por la armada.

De forma inusual, a las 23:00 horas de ese viernes, el EPR emitió un comunicado, opuesto en términos de planteamiento y de lenguaje al emitido apenas tres días antes, en el que propuso los nombres de Samuel Ruiz, Rosario Ibarra, Miguel Ángel Granados Chapa, Gilberto López y Rivas y Carlos Montemayor, como intermediarios ante el Gobierno para dar con el paradero de Edmundo Reyes y Gabriel Alberto Cruz.

El Ejército realizó incursiones militares a principios de junio en comunidades indígenas de Chiapas, controladas por la guerrilla zapatista, denunciaron abogados mexicanos ante embajadas de países de la Unión Europea.

Según una carta que entregaron en las embajadas de Francia, Italia, Dinamarca y Alemania, el gobierno está “realizando actos militares de hostigamiento e intimidación en las comunidades indígenas, consideradas bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)”.

Cuatro abogados y otros activistas aseguraron que “sin ninguna orden judicial, un numeroso grupo de militares y policías ingresaron de forma arbitraria, amenazante y agresiva a la comunidad indígena La Garrucha”.

“Con el pretexto de que iban a buscar sembradíos de mariguana”, continúa la misiva, los soldados causaron “terror en la población diciendo que regresarían en 15 días”. Estos hechos provocan “un estado de tensión y una presión psicológica muy fuerte para los niños, mujeres y adultos que integran la comunidad, que se dedican al trabajo lícito”.

Los activistas hacen de altavoz de las denuncias de algunas comunidades indígenas, como El Camino del Futuro, donde al menos cuatro pueblos habrían sufrido incursiones del Ejército en las que participaron 200 soldados, una decena de convoy militares y una tanqueta.

Apoyan la carta organizaciones de defensa de los derechos humanos, militantes zapatistas y otras asociaciones afiliadas a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, una iniciativa política del EZLN.

La decisión es no darles chance, sacarlos, correrlos del poblado”, dice la junta de buen gobierno (JBG) El camino del futuro, en relación con las fuerzas militares y policiacas que podrían regresar a esta región e intentar incursionar en ésta u otras comunidades de la cañada.Esto, a unas horas de que se cumpla el presunto plazo que dieran tropas federales y policías dos semanas atrás, durante una conato de incursión en La Garrucha, Hermenegildo Galeana y San Alejandro, poblados del municipio autónomo Francisco Gómez, donde la población les impidió el paso y los mandos castrenses amenazaron con volver. El plazo, por cierto, coincide con el tercer aniversario de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

“Hemos decidido esperar. No podemos alarmar a todo el pueblo. Nada más estamos vigilantes y hay aquí observadores civiles nacionales e internacionales”, dice un portavoz, como de costumbre, rodeado por toda la JBG.

Aquí, la vida continúa a pesar de la alarma que provocaron tropas de Ejército federal el pasado 4 de junio, cuando pretextaron buscar sembradíos de droga para introducirse en las comunidades autónomas (precisamente el único territorio donde los pobladores y sus estructuras de gobierno prohíben la producción de drogas, así como su consumo y el de alcohol).

“Los promotores de educación siguieron sus tareas”, añade la JBG. En días anteriores, La Jornada pudo apreciar la actividad de decenas de jóvenes en un curso para los docentes zapatistas en este mismo caracol. “Todas las oficinas de la junta y las comisiones, igual que nuestros consejos autónomos, están en su labor”.

En cuanto a movimientos militares, la JBG confirma que siguen los patrullajes del Ejército federal todos los días en esta cañada, y ahora se han agregado inusuales recorridos de tropas, policías federales y estatales en el trayecto, transversal a las cañadas, entre San Miguel y Monte Líbano, con lo cual son patrullados los cuatro municipios autónomos de este caracol, especialmente San Manuel y Francisco Gómez, pero también Francisco Villa y Ricardo Flores Magón.

Acciones de solidaridad

En distintas latitudes del mundo se realizaron acciones de solidaridad con las comunidades zapatistas. En Wellington, Nueva Zelanda, un grupo de activistas se manifestó ante la embajada mexicana, demandando “justicia para los zapatistas y los pueblos indígenas”. La embajadora María Angélica Arce de Jannet recibió un documento y aseguró que lo turnaría al gobierno de México. Cuestionada por la represión, tortura, cárcel y agresiones contra los movimientos sociales en nuestro país, la diplomática se escabulló a sus oficinas, protegida por los encargados de seguridad.

En Australia, colectivos de Sidney, Melbourne y Brisbane exigieron “el cese inmediato de las agresiones y el hostigamiento que la policía del estado ha realizado en contra de las comunidades zapatistas”, y advirtieron que si el gobierno federal continúa atacando a estas comunidades “utilizaremos todos los medios a nuestro alcance para generar movilizaciones en solidaridad con nuestros compañeros zapatistas y de repudio a la política militar y represiva del Estado mexicano”. Al llamado se sumaron colectivos del Estado español y Estados Unidos. Asimismo, en distintas naciones europeas de anunciaron protestas para este jueves.

En México, colectivos, organizaciones e individuos adherentes a la otra campaña respaldaron a las bases zapatistas, municipios autónomos y juntas de buen gobierno: “Es la hora de la movilización y la organización en defensa y apoyo del EZLN. Frente a los tambores de la guerra es necesario organizar ya la respuesta desde todos los rincones del país”. Además, una coalición de medios libres nacionales se encadenó en una “denuncia radial” para informar a la población.

Zapatistas con armas de alto poder

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) tiene mercenarios y armamento de alto poder con el que puede derribar un helicóptero, según el gobierno del estado de Chiapas. La Subprocuraduría de Seguridad Pública de Chiapas indicó que la presencia de mercenarios en el EZLN quedó demostrada durante el ataque a la policía y al Ejército del 9 de junio en la comunidad de El Bosque, que causó nueve muertos y seis heridos. A raíz de ese enfrentamiento, se detectó que el EZLN tiene “personal mercenario altamente adiestrado en el uso de esas armas”.

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