Archivo para Agosto 17th, 2008

EZLN: 24 años después

Después de 24 años de trabajo organizativo, lucha social y experiencias vividas, el EZLN ha consolidado su presencia en el territorio chiapaneco. Con discreción, orden y disciplina, los zapatistas han podido construir un nuevo modelo de trabajo o, como dicen ellos, un nuevo modo de hacer las cosas, donde a partir de una práctica cotidiana de la autogestión, la solidaridad, la creatividad, la cooperación y organización comunitaria han mantenido la cohesión de sus comunidades.

A los zapatistas nada les ha sido fácil, ni nada les ha sido regalado. Lo logrado ha sido gracias a un enorme esfuerzo y a una alta cuota de sacrificio de sus integrantes. Mayor significación tiene cuando sus logros se han producido en medio de condiciones difíciles y complicadas.

Desde los primeros años en que desarrollaron su trabajo, tanto en el frente de masas como en la organización clandestina, se formaron al amparo de una convicción: “mandar obedeciendo”. Los años anteriores al levantamiento les permitieron consolidar una fuerte presencia en comunidades, muchas de las cuales se reconocieron zapatistas. La estrategia en su formación guerrillera puso distancia frente a métodos utilizados por otras guerrillas para allegarse fondos mediante secuestros o acciones que caen en el terreno delictivo y que han sido rechazadas por la opinión pública.

La apuesta zapatista de construir una base social organizativa como sustento fundamental de la acción armada, financiada con los modestos recursos de sus integrantes, ha sido el distintivo que ha alejado al zapatismo de cualquier acción que lo vincule con acciones terroristas que pudieran justificar la acción represiva del Estado mexicano. El levantamiento zapatista fue caracterizado por la primera Cocopa como “expresión de una insurrección comunitaria, producto de causas fundadas que lo originaron”.

La irrupción zapatista en el escenario nacional trajo modificaciones sustantivas. Las subsecuentes reformas electorales al primero de enero de 1994 fueron realizadas por una demanda de la sociedad mexicana, pero también por el reconocimiento tácito a la justeza de los reclamos zapatistas. Tal vez esto no quiera ser reconocido por los partidos políticos, pero el levantamiento armado contribuyó a la creación de un nuevo escenario electoral y a una redistribución del poder político. Hoy el modelo electoral mexicano dista mucho de ser el mejor y más adecuado para los mexicanos, pero es muy diferente al de antes de 1994.

El diálogo entre el EZLN y el gobierno federal estuvo amparado por una Ley para el Diálogo, cuya fortaleza radica en expresar la voluntad de las partes, sobre todo de la sociedad mexicana, que desea una solución de fondo a la problemática planteada por los zapatistas, por vía de la negociación. El EZLN puso su parte, el Estado Mexicano incumplió los compromisos contraídos en San Andrés. Aunque el estatus del diálogo que ampara la ley vigente es de “suspensión”, no de “ruptura”, la reanudación de esta vía tendrá que pasar por el cumplimiento de los acuerdos de San Andrés, cuyo contenido principal ha hecho suyo la Organización de Naciones Unidas.

Luego de la suspensión del diálogo y desde antes, en un doble discurso el gobierno, mientras decía querer dialogar, apoyaba una estrategia de contrainsurgencia y acorralamiento de las fuerzas zapatistas. Expedición de títulos agrarios, habilitando a campesinos como ejidatarios en tierras ocupadas por los zapatistas, encarcelamiento de líderes y bases de apoyo zapatistas, matanzas indiscriminadas, fomento de las deserciones y el paramilitarismo, ofrecimiento de apoyos oficiales a cambio de renuncias públicas al EZLN, minimización del conflicto, campañas mediáticas antizapatistas fueron, entre otras, acciones que dominaron el escenario chiapaneco durante el mandato del presidente Ernesto Zedillo y los varios gobernadores interinos que Chiapas tuvo durante ese sexenio.

En medio del hostigamiento, el zapatismo tuvo la capacidad de salir adelante y perfilar una nueva iniciativa política a principios de 2001, mediante la marcha exitosa que culminó con la presencia de los zapatistas en la tribuna del Congreso de la Unión, donde el debate entre los legisladores traspasó las fronteras de las formalidades parlamentarias para ubicarse en un terreno donde el elemento principal que introdujo la petición zapatista para hacer uso de la tribuna de San Lázaro no radicaba en que fuera un asunto de normatividad legislativa, sino en otro mucho más profundo que cuestionaba al actual modelo de la democracia mexicana, la cual aún no incluye a todos los mexicanos, en este caso a los pueblos indígenas.

A pesar del éxito de la marcha y las expresiones públicas del presidente Fox, la culminación del proceso legislativo que dictaminó la iniciativa de ley indígena produjo un resultado ajeno a lo pactado en San Andrés Larráinzar, con una reforma constitucional que hizo a un lado el arduo proceso de negociación entre las partes. El nuevo escenario permitió que de nueva cuenta los zapatistas sacaran la creatividad que los ha caracterizado con las juntas de buen gobierno como una nueva forma de organización que este año cumple un lustro de actividades sostenidas mediante un método de trabajo que ha permitido procesar diferencias, definir esquemas de trabajo y vincularse organizadamente entre los miembros y quienes no lo son.

Los miembros de las juntas de buen gobierno se van rotando entre los integrantes de la comunidad, y han entendido que el servicio que brindan no significa obtener privilegios individuales, pero fortalece la integración comunitaria que permite sentar las bases para el desarrollo de los pueblos. Esta experiencia es un nuevo modelo en la toma de decisiones del que hay mucho que aprender y mucho que saber.

TEMEN ATAQUE DEL EPR EN OAXACA.

Pasó desapercibida para buena parte de la ciudadanía una noticia que no sólo le dará un vuelco a la concepción represora del Estado mexicano, sino que podría ser la punta de la madeja para saber quién y por qué se ordenó la desaparición de los dos eperristas reclamados, así como su destino
Aceptan represión Oaxaca, en la miraPasó desapercibida para buena parte de la ciudadanía una noticia que no sólo le dará un vuelco a la concepción represora del Estado mexicano, sino que podría ser la punta de la madeja para saber quién y por qué se ordenó la desaparición de los dos eperristas reclamados, así como su destino.

Como se sabe, desde hace poco más de un año, la dirigencia del Ejército Popular Revolucionario denunció que dos de sus líderes, Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, habían sido detenidos por presuntos policías y desaparecidos. Acusó a los gobiernos de Oaxaca y federal de la “desaparición forzada”, en tanto que el gobernador Ulises Ruiz negó la especie y el de Calderón no dio respuesta clara.

Los eperristas iniciaron acciones de sabotaje contra instalaciones petroleras a manera de presión contra el gobierno federal, que se comprometió a investigar a fondo, y apenas en semanas anteriores aceptó la creación de una comisión de mediación entre los guerrilleros y el Estado.

Pero apenas este jueves, en un comunicado oficial, Gobernación reconoció, por primera vez desde que se denunció la desaparición, que para el Estado y para el gobierno de Calderón, el hecho es considerado “bajo el tipo penal de desaparición forzada de personas”. ¿Qué quiere decir eso?

ESTADO REPRESOR

Resulta que esas nueve palabras bajo las que define la Segob la indagatoria respecto a la desaparición de los eperristas son el reconocimiento del gobierno de Calderón de que se presume que, en efecto, Edmundo y Gabriel fueron desaparecidos por alguna autoridad del Estado, en forma directa o por personas que contaron con el aval de alguna autoridad para llevar a cabo la desaparición.

El gobierno panista de Calderón ha reconocido lo que nunca aceptaron gobiernos del PRI —sobre todo en la guerra sucia— o del PRD —en la democracia electoral—: que la PGR del segundo gobierno en manos del derechista PAN investiga si instituciones del Estado cometieron delitos de lesa humanidad como la desaparición forzada de personas. O desde otra óptica, que instituciones diversas, de niveles no precisados, habrían actuado como si fueran parte de un Estado represor.

El gobierno de Calderón se había cuidado de no referirse a los eperristas desaparecidos como un caso de “desaparición forzada”, porque según el derecho internacional estos casos se tipifican como producto de la desaparición ordenada y llevada a cabo por el Estado, por alguna de sus instituciones o por terceros avalados por él o sus instituciones.

Así, cuando la Segob reconoce el tipo penal de la desaparición de los eperristas como “desaparición forzada”, la propia dependencia encargada de la seguridad interna y la gobernación acepta la posibilidad de que alguna institución del Estado llevó a cabo esa desaparición. La pregunta es natural: ¿quién es el responsable? ¿A qué posible institución se refiere Gobernación?

OAXACA, EN LA MIRA

La revelación no es menor. Debemos recordar que en el sistema presidencialista mexicano, el presidente de la República es, al mismo tiempo, jefe del gobierno y jefe del Estado. Frente a esa jefatura dual, la responsabilidad final de la desaparición es de Calderón, quien no la puede evadir por ningún lado.

Ahora bien, si el jefe del gobierno y del Estado ha reconocido que la PGR investiga la desaparición de los eperristas bajo el estatus de “desaparición forzada”, podemos suponer que cuenta con elementos para ello. ¿Qué información conoció la Segob en los 15 meses que han transcurrido desde la desaparición?

Se podría hablar de información privilegiada, de secreto de Estado y llevar el imaginario hasta el infinito. Lo cierto es que todos los indicios conducen a Oaxaca, y, sobre todo, al gobierno del priísta con suerte, mucha suerte, Ulises Ruiz. Toda la información pública apunta a que policías del gobierno de Oaxaca habrían detenido en un hotel de la capital de esa entidad a los dos jefes guerrilleros. Por supuesto, Ruiz siempre ha negado la especie.

Pero lo que no todos saben es que desde la aparición del conflicto magisterial que casi lo derriba, desde los tiempos de la crisis que dio origen a la APPO y a la participación del EPR en ese movimiento, el gobernador oaxaqueño compró protección política en las trincheras del PRI.

Si se recuerda, el conflicto violento que durante más de un semestre llevó a Oaxaca a una virtual guerra civil se produjo en medio del polarizado proceso electoral de 2006 —y pretendió ser usado por uno de los actores políticos como ariete para sus reacciones—, lo que obligó a una alianza forzada entre el candidato Calderón y luego presidente electo, y luego el presidente constitucional, con el PRI para mantener en su puesto a Ruiz.

Esa alianza, político-electoral en un principio, pero luego estratégica y hasta de seguridad nacional para el naciente gobierno federal, obligó al jefe del Estado y del gobierno a mirar para otro lado cuando se hablaba de Oaxaca y de su gobernador. Pero al parecer las cosas han llegado a un límite y el de Ruiz ya no es un gobierno útil para la administración de Calderón.

CONTRA LOS RADICALES

Pero aquí no estamos diciendo que mañana o en la semana por venir sean las últimas horas del gobierno de Ruiz. Lo cierto es que están en puerta dos acontecimientos que podrían ser determinantes para el oaxaqueño. Uno, la reforma petrolera. ¿Cuánto vale el gobierno de Oaxaca para esa reforma? La pregunta es pertinente sobre todo si se toma en cuenta que desde la Segob ya lanzaron la advertencia con dedicatoria al gobierno de Ulises Ruiz. Al reconocer que la PGR investiga la desaparición de los eperristas bajo el estatus de “desaparición forzada”, el mensaje es que se busca un culpable en las instituciones del Estado.

El segundo acontecimiento es la eventual movilización que provocaría la reforma petrolera. En el gobierno de Calderón tienen claro que los amagos de AMLO respecto a la movilización son un hecho. Que al amparo de los grupos más radicales y de buena parte del lumpen político, el obradorismo pretenderá echar abajo al gobierno de Calderón, y que el cuento de la privatización petrolera será el pretexto ideal.

Como quedó claro en la casi guerra civil de Oaxaca, grupos vinculados al EPR son capaces de una virtual guerra de guerrillas urbana, capaz de desestabilizar, por ejemplo, a la capital del país. En Los Pinos están urgidos a quitarle al EPR y a otros grupos radicales todos los argumentos para impedir que se sumen a una locura golpista como la que prepara López Obrador.

Pero tampoco ahí acaba el asunto. Ya están encima las elecciones de 2009, y la política mediática del gobierno de Calderón entrará muy pronto a la dinámica de los resultados. Es decir, a ofrecer soluciones de fuerte impacto: la reforma petrolera será una, la aclaración de la desaparición de los eperristas, otra, y así, una por una. En todo caso, la pregunta que falta por responder es: ¿y qué haría el PRI si cae Ulises Ruiz? Al tiempo.