Clase media: empobrecida y endeudada
En días recientes, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), publicó el estudio titulado La nueva pobreza urbana: dinámica global, regional y argentina en las últimas dos décadas, en el que se analiza la evolución de la pobreza en la región y se dan indicadores sobre la situación de los distintos estratos sociales en los últimos años.
Llama la atención que una de las conclusiones más alarmantes de este estudio, sea que se requieren —por inexistentes— políticas públicas para evitar que la clase media caiga en la llamada “nueva pobreza”. O sea, el empobrecimiento “que afecta a grupos sociales cuya integración a los estratos socioeconómicos alejados de la pauperización parecía asegurada”.
La investigación establece que en países como Argentina, México, Chile, Costa Rica, Cuba y Uruguay la clase media ha involucionado hacia el empobrecimiento en los últimos años, esto ha sido producto de las crisis económicas; de la progresiva concentración de los ingresos en estratos más altos; del encarecimiento de los bienes y servicios —acentuada últimamente por la crisis alimentaria— y por la inestabilidad laboral.
En el apartado que se refiere a México, se indica que en la década de los 90 las tasas de desempleo fueron bajas, no obstante, esto no impidió una pronunciada disminución de lo salarios ni el crecimiento del sector informal, que en estos tiempos ha llegado a niveles altísimos.
La otra parte de la explicación de la proletarización de la clase media mexicana tiene que ver con el endeudamiento de personas y familias enteras: El pernicioso uso de dinero plástico para financiar el crédito al consumo, que se utiliza muchas veces para realizar compras superfluas, pero vitales para no perder el estatus al que se aferra mucha gente.
Prueba de lo anterior es que en el país hay 25 millones 403 mil tarjetas de crédito, de las cuales, según el Banco de México, se utilizaron 18 millones 768 mil durante el periodo enero a marzo de este año, por lo que en el primer trimestre los pagos con plásticos significaron 90 mil millones de pesos.
Paralelamente, según datos de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), hay 700 mil hogares en el país que tienen problemas de endeudamiento por el mal uso de tarjetas de crédito; se trata, según la Comisión, de población que se encuentra en cartera vencida por el mal manejo del dinero plástico, que ha abusado en el uso del crédito al consumo, asumiendo deudas que posteriormente no puede solventar.
En un artículo publicado a principios de este año titulado “El lado feo del microcrédito”, la prestigiada revista Newsweek critica las prácticas de un banco mexicano que ofrece “pagos chiquitos”, desvirtuando el sentido del microcrédito, ya que mediante la supuesta venta de productos a meses sin intereses, descuentan el costo financiero del crédito aplicándolo al costo total que paga el usuario del crédito, lo que no significa beneficio alguno para el comprador, sino todo lo contrario.
Mediante este esquema, el banco referido llega a cobrar tasas de interés que alcanzan hasta 110% anual, y si la compra es a 18 meses, la tasa se eleva todavía más.
El semanario considera que esta empresa aplica tasas de interés “que usuarios de países desarrollados considerarían ofensivas”, ya que en EU, incluso las personas con un mal historial crediticio, no pagan más allá de 29% anual.
La situación de dramática pobreza que todavía persiste en nuestro país debe ser la prioridad en las políticas públicas del Estado mexicano, mas no se debe perder de vista que nuestra clase media sigue siendo la que en mayor medida paga las consecuencias de la falta de empleo, la inseguridad y los abusos de un sistema crediticio que, poco a poco, se está acercando a un abismo que puede arrastrarnos a todos.
Una prueba la tenemos en la experiencia reciente de Estados Unidos, en donde la oferta de créditos hipotecarios, utilizados en gran medida por el sector de la clase media, fue creciendo de modo descontrolado, llegando a afectar de modo directo a los otros sectores económicos.
En el caso de México, el crédito al consumo significa un falso alivio a su situación de empobrecimiento generalizado y hasta la fecha sigue creciendo igualmente de modo descontrolado y tal vez inconsciente. Para nuestra clase media, empobrecida y endeudada, la única solución viable es la instauración de una efectiva cultura del ahorro y austeridad, y que el gobierno cumpla la promesa de crear más y mejores empleos.
