Los primeros responsables de que no se produjera el diálogo oficial y público entre el Consejo Nacional de Huelga y el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz fueron Heberto Castillo y Sócrates Amado Campus Lemus, afirma Edmundo Jardón desde sus recuerdos.

Según Jardón, Sócrates sí representaba a una parte importante del movimiento estudiantil y magisterial en el Politécnico, pero para él que Heberto era un colado. En la víspera del 68, Heberto Castillo fungía como el organizador de la peregrinación anual a La Villa entre los estudiantes universitarios. Después nunca dejó de estar ligado a los grupos del gran empresariado, sobre todo a los sectores de la construcción más relacionados con la expansión de la industria automotriz y la vivienda. Tanto Heberto como Sócrates representaron siempre las posiciones más infantiles y radicales dentro del movimiento, en el sentido del todo o nada. De tal manera, afirma Jardón, que en la obstrucción del diálogo entre estudiantes y autoridades (la salida negociada a las demandas democráticas de los estudiantes) no tuvieron que ver tanto ni los comunistas sin partido, ni los miembros de la Juventud Comunista que cuestionaban a la dirección del PCM, ni los espartaquistas. “Pienso que quienes influyen decididamente para impedir el diálogo son estos dos personajes que he mencionado. Incluso, considero que el propio Diaz Ordaz estaba en condiciones y en disposición de ir al diálogo. Ese fue su mensaje desde Colima, cuando extendió su mano”.

Jardón fue el autor del primer texto que se publicó en México sobre el movimiento estudiantil (De la Ciudadela a Tlatelolco), aunque reconoce que es un libro malo, pues fue hecho por encargo del secretario general del PCM (partido al que regresó Jardón en 1959, a la caída de Dionisio Encinas), Martínez Vedugo, con el apremio de que tenía que adelantarse a todo otro análisis, hacer de guía de la vanguardia. Edmundo fue también coofundador de Prensa Latina al triunfo de la revolución cubana (jefe de su sección mexicana y centroamericana), también participó activamente en el programa de fundación de los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH’s), a principios de la década del setenta y, desde el Partido Comunista, participó en los trabajos preparatorios para la implantación de la guerrilla de Lucio Cabañas en Guerrero.

Desde su rica experiencia de vida, Edmundo Jardón sostiene que el corolario político del predominio de las posiciones hebertistas en el Consejo Nacional de Huelga, en 1968, fue la candidatura del ingeniero Castillo a la presidencia de la República por el Partido Mexicano Socialista (PMS), veinte años después. Heberto, que había bombardeado y saboteado a última hora el nacimiento del Partido Socialista Unificado de México (PSUM) en 1982, terminó tres años después, en el PMS, imponiendo su candidatura a la presidencia, en contra de la opción de Cuauhtémoc Cárdenas. Tuvo que renunciar en la víspera, llamando a votar por Cárdenas, sólo porque el responsable partidista de su campaña, Eduardo González, le enseñó unas encuestas en las que se demostraba que la izquierda socialista obtendría menos votos que en 1976, cuando el Partido Comunista lanzó la candidatura de Valentín Campa. Y sólo renunció a su obsesión Heberto después de aquel mitin organizado por el Movimiento al Socialismo (MAS) en la Ciudad Universitaria, en que el estudiantado y los maestros universitarios mostraron claramente su preferencia por los expriístas de la Corriente Democrática. El resultado de la necedad de Heberto Castillo fue que el PMS obtuvo menos diputaciones que el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), un partido que vegetaba por entonces y al que se afilió Cárdenas Solórzano, y que el ferrocarril de Talamantes. Heberto fue el principal responsable de esa situación desafortunada sobre la que se produjo la fundación del Frente Democrático Nacional y el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Los militantes del Partido Comunista Mexicano. desde la perspectiva de Jardón, en 1968 cometieron el grave error de caer en la trampa de las tácticas radicalistas de Heberto y Campus Lemus, y apoyaron la pretensión desmesurada de imponer condiciones para el diálogo público con el gobierno. Dejarse arrastrar por el hebertismo en algunos momentos del movimiento estudiantil del 68, es lo que se le puede achacar a los miembros del PCM.

Al final uno se queda con la impresión de que para Jardón es más importante el 68 por sus repercusiones políticas (hegemonía hebertista sobre la izquierda) que por las consecuencias sociales que haya podido tener en México. El movimiento estudiantil –concede Jardón– logró restablecer las libertades democráticas, las garantías individuales, aunque no fue suficiente para evitar la guerra sucia que sobrevino en la década siguiente.

1 de septiembre de 2008

Fichero archivado: Ejercito Zapatista de Liberacion Nacional

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