Archivo para Septiembre, 2008

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Atencion

A TODOS LOS Y LAS ADHERENTES A LA SEXTA DECLARACIÓN DE LA SELVA LACANDONA Y A LA OTRA CAMPAÑA.

CONSIDERANDO QUE:

El día 29 de abril del año 2006, a convocatoria del EZLN se realizó el Primer Encuentro Nacional Obrero cuyos principales acuerdos fueron convocar a la primer marcha anticapitalista del Día Internacional de los Trabajadores que ha tenido lugar en México y avanzar en la construcción de una Organización de Trabajadoras y Trabajadores del Campo y La Ciudad, desde abajo, de izquierda, anticapitalista, antipatriarcal, que luche por la apropiación de los medios de producción, independiente del charrismo y neocharrismo sindicales, del Estado, de los partidos políticos, de los patrones, que sea consecuente con los lineamientos de la Sexta Declaración de La Selva Lacandona de La Otra Campaña.

En el mes de agosto del mismo año tuvo lugar el Segundo Encuentro Nacional Obrero (ENO) en la ciudad de Querétaro. Ahí iniciamos la discusión del Programa Nacional de Lucha acordando luchar por la apropiación de los medios de producción.

Avanzamos también en las definiciones de quienes están y quienes no en la Otra Campaña.

En Marzo de este año se realizó en la ciudad de Monterrey Nuevo León el Tercer ENO, donde dimos una gran discusión a fin de avanzar sustancialmente en el Programa de Lucha que proponemos como trabajadores, acordándose plantear de inicio:

- LA SOCIALIZACIÓN DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN
La apropiación de los medio de producción (fábricas, bancos tierras, transportes etc). Cuando, como hoy la burguesía esclaviza, despoja, roba, reprime, persigue, encarcela y asesina los explotados para quedarse con todo. Los trabajadores debemos tomar esos medios para fundar las bases económicas de la nueva sociedad; ahí empezará la batalla definitiva contra el sistema capitalista.

- El DERROCAMIENTO DE LA BURGUESÍA
Terminar con el poder de la clase explotadora, derribar su Estado, es condición necesaria para posibilitar dicha socialización o apropiación. Para ello se plantea la necesidad de una Revolución donde es imprescindible la participación de la clase trabajadora, con todos explotados y oprimidos.

- TOMA DEL PODER.
Imponer nuestra organización política como trabajadores para asegurar la aplicación del programa anticapitalista por el que pelearemos. Lo que significa necesariamente anular el poder de la burguesía y los órganos (superestructura) por los cuales lo ejerce.

Asimismo, también en Monterrey, discutimos sobre qué organización queremos. El gran acuerdo de este encuentro fue la constitución del Sector Nacional de Trabajadores del Campo, la Ciudad y el Mar de la Otra Campaña, como primer paso hacia la constitución de una organización que definimos sea política, de clase, internacionalista.

Las trabajadoras y los trabajadores de La Otra Campaña nos encontraremos de nuevo para dar los siguientes pasos ya que la situación nacional e internacional así lo requiere.

Acorde a ello, y como resolutivo del III ENO, damos a conocer la siguiente

C O N V O C A T O R I A

A la Primera Asamblea Nacional del Sector Obrero, de Trabajadores de la Ciudad, del Campo y del Mar de la Otra Campaña, adherentes a la VI DECLARACION DE LA SELVA LACANDONA.
A realizarse los días 13,14, y 15 de Septiembre de 2008.

Teniendo como sede: La ciudad de Tepic, Nayarit; domicilio: Avenida Juárez No. 114, Oriente (ex Cinema de los Ríos).

En el formato de discusión en plenarias o mesas de trabajo bajo la siguiente

ORDEN DEL DIA.

PRIMER PUNTO: Actualización del diagnóstico de la situación nacional e internacional por la clase trabajadora.

SEGUNDO PUNTO: Programa Nacional de Lucha.

TERCER PUNTO: Tareas del Sector de los Trabajadores:
a) Organización.
b) Estructura Mínima.
c) Documentos Básicos.
d) Política de Alianzas.
e) Plan de Acción.

B A S E S

•Podrán participar en la discusión todos los delegados acreditados, respetando los mecanismos acordados por el pleno.
•Los tiempos de discusión de cada tema y de participación de cada orador, serán acotados por la asamblea a través de la mesa.
•Se privilegiará la lectura de ponencias sobre el tema, para lo cual cada compañera(o) dispondrá de hasta 10 minutos para la exposición. Las intervenciones verbales contarán con hasta 5 minutos. Las ponencias podrán enviarse al siguiente correo: laotraobrera@gmail.com
• Las decisiones fundamentales se tomaran por consenso, que no significa unanimidad.
• El alojamiento y transporte correrá a cargo de cada delegación. Para quienes no cuenten con alojamiento deberán ponerse en contacto con los compañeros de Tepic para distribuirlos donde se pueda ubicarlos.
• La alimentación correrá a cargo de los colectivos y organizaciones convocantes y de la Comisión Organizadora.
• Se solicitara una cuota de .00 (treinta pesos/m.n.) por cada delegado para gastos de organización, acreditación y papelería.

La Comisión organizadora resolverá los asuntos de logística no previstos en esta convocatoria.

CONVOCA:

SECTOR NACIONAL OBRERO Y DE TRABAJADORAS Y TRABAJADORES DE LA CIUDAD, EL CAMPO Y EL MAR DE LA OTRA CAMPAÑA.

06 Septiembre 2008.

Atenco en la U.N.A.M.

Melchor López

Hizo eco el poder de la palabra, del amor y de la convicción por la justicia social y por la libertad. Sonó el corazón y el sentimiento. Se escuchó la consigna, “presos políticos libertad”. La voz de líderes de organizaciones populares, de madres y esposas de luchadores populares encarcelados prendió las venas del Ho Chi Minh, nombre del auditorio de la facultad de economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A esta cita política con la historia contemporánea convocó el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) de San Salvador Atenco, junto con estudiantes y profesores de la UNAM, como respuesta a la reciente sentencia de 45 años de cárcel (que se suma a la de 67.5 años dictada
anteriormente) dada a Ignacio del Valle y de 31 años y medio para 10 presos políticos de San Salvador Atenco que están en el penal del Molino de Flores en Texcoco.

Ho Chi Minh significa “El que ilumina”. Así se vio América, hija de Ignacio del Valle. Esa era la imagen de América, destellante, segura para arrojar las frases en un video transmitido durante el evento: “Las sentencias no serán suficientes para doblegarnos”. Sentimiento en mano y
una voz que se escucha desde la clandestinidad esta luchadora social afirmó que en su “lucha los mueve el amor, no la misión. Defender la tierra y la cultura no es un delito”.

En su oportunidad Luis Javier Garrido, articulista del diario La Jornada planteó “¿Cómo puede entenderse la realidad de una nación democrática cuando los líderes populares del FPDT son encarcelados?” Enfatizó que un país vive una situación crítica cuando el pueblo acepta este tipo de acciones por parte del gobierno. “El poder político ha mantenido fragmentado al poder popular”. Por ello este foro es un “acto de resistencia. Es una convocatoria a estar unidos para terminar con la impunidad”.

Para Ángel Benhumea, profesor universitario y padre de Alexis, estudiante de la facultad de economía de la UNAM, muerto a consecuencia de la explosión de una bomba de gas lacrimógeno en los hechos de Atenco en 2006, “vivimos ante un Estado terrorista que castiga a todo aquel que lucha”. Pero, preguntó: “¿Qué vamos a hacer? Ya no podemos tener más dispersión
en la movilizaciones”.

“Libertad a Héctor Galindo, abogado universitario condenado a 67.5 años de presión. Asesor jurídico del Consejo General de Huelga y de Atenco. Seguimos en pie de lucha a dos años de la brutal represión”, se leía en uno de los carteles que enmarcaban el foro.

“El clima que se ha impuesto es de histeria y de miedo con este gobierno”, afirmó José Enrique González Ruiz, profesor de la UNAM. Es una táctica política que tiene el gobierno impuesto para intentar legitimarse, de la misma manera en que lo hizo Bush con la guerra de Irak, dijo el
catedrático. En otras palabras, lo que se busca es “criminalizar la lucha social”, para ello se necesita “utilizar al ejército en actividades policíacas; convertir en policías federales a soldados, entrenados para aniquilar”. El gobierno lo que pretende es “inhibir la protesta popular”.
Por eso es fundamental “condenar a miembros del FPDT”, concluyó.

Carlos Fazio, pensador político explicó: “Las sanciones penales al FPDT son venganza, escarmiento y desnudan el régimen fascistoide. Dejan una lectura jurídica para las luchas populares, dejan jurisprudencia para que otros jueces las puedan considerar como normas”.

El periodista Julio Hernández López, el Astillero, subrayó que “movimientos sociales como los de Atenco o de Oaxaca son disidentes y oposición al Estado del terror”. Y que estas luchas populares “nos dan razón para esperar que hay tiempos mejores”.

11 de septiembre.

“A Salvador Allende,
que por otros medios trata de obtener lo mismo”.
Ernesto “Che” Guevara.

Podríamos decir sin temor a equivocarnos que el neoliberalismo, justificacion y práctica de la fase más salvaje y criminal del ya de por sí criminal y salvaje capitalismo, no encuentra mejor efeméride para expresarse como sistema-mundo que condena a la humanidad toda a repetirse una y otra vez en un mañana sin futuro que el doble 11 de septiembre que nos regalaran los calendarios de arriba en 1973 y 2001.

La mayoría de los medios propagandísticos que se autonombran de comunicación, en especial los electrónicos, dedicarán muchas horas y bytes del espectro electromagnético que tienen en concesión para “recordar” sólo la segunda de aquestas fechas: la del trágico ataque por parte, se dice sin haberlo comprobado a cabalidad, de la organización talibán Al Qaeda contra las llamadas Torres Gemelas que alojaban la sede mundial del World Trade Center, en Nueva York.

Pero no es del tan manoseado y al mismo tiempo nada claro 11S, caballito de batalla de los sectores más retrógrados de la derecha estadounidense para seguir en el Poder, de lo que deseamos hablar; sino del otro 11 de septiembre, aquél en que las Fuerzas Armadas chilenas, al mando de los comandantes en jefe del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada y el general director de Carabineros, los felones Augusto Pinochet, Gustavo Leigh, José Toribio y César Mendoza, atacaron el Palacio de La Moneda.

Aquél día, primero de los 17 años que duró la dictadura militar en Chile, no sólo caía muerto en combate un hombre de la estatura moral y política de Salvador Allende; también se cancelaba la construcción de un gobierno popular, promotor y defensor de derechos colectivos, custodio de libertades sociales y garantías individuales, partidario de la no intervención, respetuoso de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos y garante de un Estado de Derecho con la justicia, la libertad y la democracia verdaderas como premisas. Aquél día se daba, pues, por inaugurado el neoliberalismo.

Allende, siempre bajo el mandato de su pueblo, había impulsado una reforma estructural a una ordenación legal cuyos postulados –para decirlo con sus palabras– reflejaban un régimen social opresor: “Nuestra normativa jurídica –decía–, las técnicas ordenadoras de la relaciones sociales entre chilenos, responden hoy a las exigencias del sistema capitalista […] Nuestro sistema legal debe ser modificado […] Del realismo del Congreso depende, en gran medida, que a la legalidad capitalista suceda la legalidad socialista conforme a las transformaciones socioeconómicas que estamos implantando, sin que una fractura violenta de la juridicidad abra las puertas a arbitrariedades y excesos que, responsablemente, queremos evitar”.

Fue con ésa nueva relación jurídica que el pueblo chileno y su mandatario, el compañero Allende, entendió que “una estructura económica caracterizada por la propiedad privada de los medios de producción fundamentales, concentrados en un grupo reducido de empresas en manos extranjeras y de un número ínfimo de capitalistas nacionales, es la negación misma de la democracia”. Así, el cobre, el hierro, el acero, el salitre, el yodo, la banca y empresas industriales, distribuidoras y de servicios fueron nacionalizadas.

La democracia económica estuvo acompañada de la democracia política y social abriéndose la puerta para que amplios sectores populares ejercieran plenamente libertades y derechos políticos, colectivos, religiosos, de expresión, de asociación, que tuvieron, entre otras características, la participación abierta de las mujeres.

Se trabajó intensamente para garantizar el acceso universal a la salud y la educación y se modificaron leyes de previsión o seguridad social; se emprendió una reforma agraria que lesionó al latifundio mediante la creación de Consejos Campesinos, Centros de Reforma Agraria y Centros de Producción operados por los propios trabajadores del campo; se promulgó una ley indígena que en lo fundamental emanó de los propios pueblos indios; se articuló a las y los trabajadores de la ciudad en una Central Única y se les sumó al gobierno, y se impulsó “la voluntad rebelde, pero constructiva –como dijera de nuevo Allende–, de los jóvenes de mi patria”, para comprender que “revolución” no es una palabra, que el socialismo no se impone por decreto porque es un proceso social en desarrollo (permanente, nos diría Celia Hart recordando al viejo Lev) y para emprender su doble misión histórica: “actuar y prepararse para actuar”.

Sin embargo, el 11 de septiembre de 1973, Estados Unidos, paladín principal de las dudosas bondades del neoliberalismo, puso fin a la “vía chilena para el socialismo” y dejó dicho que no permitiría el andar de quienes habitamos en su “patio trasero” otras rutas que no fuera la de seguir siendo colonias suyas. Falta lo que nuestros pueblos todavía tengan que decir al respecto; falta, como dijera Marcos, lo que falta.

Grupos efímeros (Primera parte)

Más allá de las organizaciones político-militares conocidas hasta hoy, existe otro fenómeno que dice de sí mismo representar uno similar.

La historia reciente permite repasar una nutrida lista de estos grupos (¿organizaciones político-militares revolucionarias?) en distintos puntos de la geografía mexicana y momentos disímiles: no los unifica la producción de acciones militares o proclamas (hay ejemplos tanto de uno como de lo otro); su anuncio no coincide necesariamente con tiempos electorales y las situaciones de alta conflictividad social tampoco son el contexto obligado de su emergencia. Hay, sin embargo, dos características que los igualan: lo efímero de su existencia y la reivindicación del acto.

Son grupos que, aparentemente, comienzan y acaban su existencia en una única acción. Fugazmente se dan a conocer mediante un escrito o hecho, “firmado” por alguna sigla de la que anteriormente no se ha tenido referencia, y luego no vuelve a saberse de ellos. (Existen también ejemplos inversos, pues se han realizado acciones típicas de guerrilla y en zonas bajo su influencia que no han sido reivindicadas.) No obstante, cabe preguntarse qué expresan, qué lógica representan y a qué o quiénes responden. Más específicamente, la interrogante que aquí procurará abordarse es la siguiente: ¿qué hay, en esta materia, “más allá” del Partido Democrático Popular Revolucionario-Ejército Popular Revolucionario (PDPR -EPR ) y otras organizaciones reconocidas?

Grosso modo, dos son las líneas generales que pueden definir a estos grupos: (1) “revolucionarios” o (2) “no revolucionarios”, y dentro de éstos también pueden especificarse distintas perspectivas que los definen o niegan como tales.

Así, y sin aspiración de exhaustividad, entre los “revolucionarios” pueden diferenciarse en (1a) organizaciones político-militares nuevas o embrionarias; (1b) nuevos desprendimientos de organizaciones político- militares; (1c) siglas creadas ex profeso por organizaciones político- militares reales; (1d) grupos u organizaciones que se asimilaron o integraron a instancias mayores; y/o (1e) grupos de autodefensa que se presentan a sí mismos como organizaciones revolucionarias o con la estructura de una organización político-militar.

Por el lado de los grupos “no revolucionarios” pueden enumerarse a los (2a) grupos creados para infiltrar a organizaciones político-militares reales; (2b) grupos paramilitares o de corte delincuencial, autodenominados revolucionarios; (2c) reivindicaciones falsificadas por instancias gubernamentales o grupos de poder para imponer el miedo dentro de una circunstancia determinada, una provocación, o para desviar el eje de atención de otros problemas; y/o (2d) para socavar las estructuras de organizaciones sociales, populares o revolucionarias reales.

Conviene anteponer una observación: las organizaciones políticomilitares “revolucionarias” de las que aquí se hace referencia no pueden definirse exclusivamente por la posesión o tenencia de armamento, sino por la decisión previa de su uso con un objetivo político revolucionario. Por otra parte, los grupos “no revolucionarios” pueden ser o no “grupos armados”, pero se definen por la existencia previa de organizaciones político-militares. Su incidencia y alcances, sean cual fuese sus objetivos, están íntimamente condicionados con la presencia de guerrilla en el lugar.

La facilidad con la que puede redactarse un escrito y distribuirse en medios electrónicos a nombre de cualquier sigla, real o inventada, es un factor que favorece la proliferación de esta actitud. De hecho, las organizaciones conocidas también apelan a esta circunstancia, tanto por tener asegurado un público cautivo a quienes se le remiten los textos, como así también por los niveles de seguridad que provee, pues no requiere presencia ni el transporte de los comunicados hasta las redacciones de los medios. Esto genera sospechas y suspicacias acerca de su autenticidad y que en algún reciente momento también alcanzaron al EPR . Julio Hernández López, por ejemplo, señaló que “pudo haber sido enviado por cualquier ocioso desde una dirección de internet creada y abandonada luego de hacer los envíos, o provenir de sótanos gubernamentales encargados de crear más confusión”. (“Literatura turbia”, en La Jornada, 20 de julio de 2007.)

Sin embargo, esta idea pierde fuerza cuando estos grupos u organizaciones no utilizan, o su actividad transcurre por fuera de, los medios electrónicos. Los ejemplos no son pocos, pero de ninguna manera significa que una acción política o militar con presencia efectiva sea “revolucionaria” por esta única circunstancia, sino que sólo la continuidad política-militar anterior y posterior puede validarla como tal. Ello marcaría una primera distancia entre organizaciones reales y ficticias.

Y si se invierte esta fórmula, puede afirmarse que no todas las organizaciones que recurren a los medios electrónicos son falsas ni necesariamente provienen de los “sótanos gubernamentales”. La primera conclusión será, entonces, que la utilización de medios electrónicos no alcanza para definir la veracidad de una organización.

Más allá del EPR y de las otras organizaciones más conocidas, pueden ofrecerse algunos ejemplos para avanzar en la cuestión.

Del Comando Popular Clandestino (CPC) se conoce un solo comunicado, el que ha sido repartido en las inmediaciones del mercado de Huejutla (Hidalgo) en diciembre de 2005. En esa ocasión, el EPR le dedicó un texto completo donde lo definió de “paramilitar” y como faceta de la “guerra contrainsurgente” en el estado.

Otro caso para mencionar es el del Ejército Revolucionario del Sureste (ERS ), donde esta vez fue distribuido por medios electrónicos, aunque también aparecieron pintas en distintos puntos de la ciudad de Oaxaca. En una parte de su único texto conocido, se refieren a sí mismos no como “ERS ”, sino como “EPR ”. En este sentido, puede notarse que se trata de una manipulación del propio EPR o bien una burda manipulación externa para desprestigiarlo. En aquel contexto, 2 de octubre de 2001 y cinco días antes de la realización de elecciones estatales, existían muchos sectores interesados en esa coyuntura para infundir temor o inhibir el voto, o agregar una cuota mayor de incertidumbre a la coyuntura.

No obstante, es sabido que las organizaciones político-militares se manifiestan en situaciones similares, dando a conocer su ideario y posiciones políticas. Si estos anuncios resultan una puesta en escena de otras fuerzas o de intenciones ajenas a cualquier actitud “revolucionaria”, entonces la pregunta de fondo sobre ellos deberá correrse hacia otra interrogante: ¿quién y para qué se hacen estas presentaciones? o ¿qué se procura ocultar: hechos políticos, delictivos o ambos? Una segunda conclusión hace hincapié en que los actos electorales tampoco condicionan directamente los tiempos en los que deciden darse a conocer.

En pleno conflicto social oaxaqueño, donde la entrada de las fuerzas federales ya estaba decidida, la Organización Revolucionaria Armada del Pueblo de Oaxaca (ORAPO) hizo detonar tres artefactos explosivos de poca intensidad en sucursales bancarias de la capital de esa entidad el 2 de octubre de 2006. No ha vuelto a saberse sobre esta organización ni las estructuras clandestinas conocidas se han expedido sobre el tema. Lo cierto es que aquella actuación intentó radicalizar al movimiento social antes que una provocación directa para la intervención de las corporaciones de seguridad.

En enero de 1997, en cambio, el Ejército Justiciero del Pueblo Indefenso (EJPI ) se responsabilizó por el “ajusticiamiento” de “cuatro rateros” en Ocotequila y Oztocingo, Guerrero. Al año siguiente, un segundo y último comunicado reivindicó un ataque a la comandancia de la Policía Judicial de Tlapa. En marzo de 1999, el Comando Campesino Insurgente (CCI) realizó su único llamado a la lucha armada desde Ometepec, en el mismo estado. Estos ejemplos se repiten, pero muestran que los momentos de alta conflictividad social no son detonadores para la emergencia de este tipo de anuncios.

Jorge Lofredo

Investigador

Centro de Documentación de los Movimientos Armados

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