Archivo para Octubre, 2008

Otra alianza por la educación es posible*

Apoyados con tanquetas, cientos de soldados, junto con policías federales y estatales de Morelos, se desplegaron en el poblado de Xoxocotla, municipio de Puente de Ixtla.

Foto: Margarito Pérez.



El 14 de junio de 2006, el criminal que despacha como jefe del Poder Ejecutivo estatal en Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz, ordenó el uso de la fuerza pública para disolver el plantón que maestras y maestros sostenían desde el 22 de mayo de ése mismo año en el centro de la capital del estado. Lo hizo después de declarar su “disposición al diálogo”, y tanto estaba dispuesto a ello que el saldo del operativo en el que un helicóptero arrojó granadas de gas sobre la población fue de 92 personas heridas, entre docentes, niñas, niños y hasta elementos de seguridad.

En los días recientes, el “gobierno” del médico Marco Antonio Adame Castillo, el panista a quien la Wikipedia que censura al periódico digital Rebelión por supuesta falta de objetividad y rigor describe como un humanista sin tacha, no quiso quedarse atrás e hizo del 7 y el 8 de octubre su propia fecha en el calendario de la represión y de Tres Marías, Huitzilac, Amayuca, Xoxocotla, Tepalcingo, Tlalnepantla y Atlatlahuacan el escenario que tuviera por personajes principales a centenares de personas detenidas, lesionadas (entre ellas un niño de 8 años que sufrió crisis nerviosa) y por lo menos tres más desaparecidas, en lo que de ninguna manera puede considerarse la entrada de la violencia a un conflicto que el próximo lunes cumplirá 60 días de vida, sino la escalada violenta del mismo apuntando hacia la población civil.

No se equivoca Jaime Brito (La Jornada Morelos, 8/10/08) cuando asegura que la violencia genera violencia; ni cuando deja en claro, por honestidad intelectual, que si bien los bloqueos, las manifestaciones, dejar de dar clases, gritar en las calles, interrumpir al tránsito y apropiarse de un espacio público son formas de violencia, ésta responde a la violencia anterior, institucional, de quienes desde el Poder imponen políticas públicas sin consultar a quienes dicen gobernar, lesionan conquistas laborales, pretenden volver el derecho a la educación en una mercancía y por única respuesta a pliegos petitorios y solicitudes de audiencia ofrecen primero desdén, luego mentiras y siempre soberbia.

¿Qué hacer entonces si, por un lado, los órdenes de (des)gobierno y sus aliados naturales en el comercio, el empresariado, los partidos políticos de derechas y las madres y padres de familia que un día salen a las calles con ropas blancas y veladoras y otro azuzan la toma de escuelas y asumen posiciones de confrontación más que de diálogo y reconciliación y, por el otro, las y los maestros contrarios a la flamante Alianza por la Calidad de la Educación, los pueblos de Morelos, las organizaciones sociales progresistas, diversos sectores que se consideran de izquierdas y madres y padres de familia con visión de futuro y conciencia de clase, avanzan cada cual por su lado en posiciones irreductibles y en radicalizaciones que harán cada vez más difícil el retorno a la tan mentada paz social?

La respuesta, en términos que podrían ser calificados de utópicos pero urgentes, sería la generación de un proceso en el que la protesta magisterial se convierta en un movimiento social que incluya a los pueblos, organizaciones, colectivos, grupos y personas de todo el estado que a estas alturas ya hayan entendido que la ACE no es sino una más de las puntas de lanza que el capitalismo esgrime en su histórica tarea de mandar a la humanidad a su final.

Lo anterior pasa por la articulación de estrategias que van desde la realización de brigadas informativas colonia por colonia y foros de intercambio de opiniones, discusión y análisis de la misma ACE, del sistema político que la defiende a capa y espada y del modelo de producción que la diseñó, hasta la implementación de medidas legales que conduzcan al juicio político de los funcionarios disfuncionales de las actuales administraciones municipales y estatales y la desaparición de poderes en el estado.

Nos gustaría pensar, no obstante, que podríamos llamar a un gran diálogo estatal en el que participáramos los distintos sectores de la sociedad. Que cada cual pondría en la mesa sus razones para defender o estar en contra de la ACE y que juntas, juntos, maestras, maestros, padres y madres de familia, alumnas y alumnos y representantes de los poderes Legislativo y Ejecutivo del estado, tomáramos acuerdo de actuar con la estatura moral que las investiduras, los oficios, las profesiones y las condiciones nos exigen, para diseñar un modelo educativo que nos convierta en una sociedad fuerte, por unida, y no en una débil, por confrontada.

Pero dicha unidad tiene que partir de la base de revisar la ACE, un acuerdo que a todas luces lesiona derechos fundamentales, como el de la educación que sus apologistas dicen querer “modernizar”, y laborales. En este sentido, el conflicto que ha estallado en Morelos y comienza a manifestarse en distintas entidades del país no es, como aseguran algunas maestras y maestros, sólo de orden gremial; cuando decidieron dejar de dar clase a nuestras hijas y a nuestros hijos, y con ello nos dieron un ejemplo de dignidad, se volvió un asunto de todas, de todos. Adame Castillo y sus fuerzas represivas eufemísticamente llamadas “del orden”, llenando de terror la mirada de un niño de 8 años que podría haber sido cualquiera de nuestros hijos, se sumaron a la invitación.

* Publicado bajo el título Que pobrecita Andrea Legarreta en La Jornada Morelos y el periódico de información alternativa Rebelión, a modo de provocación por la pasividad de la población y su desdén por la solución política y pacífica del conflicto; la señora es una conductora de televisión de derechas por cuya situación laboral en la empresa Televisa “la gente” parecía más preocupada que por la represión que los tres órdenes de gobierno en México recetan contra la población civil, con resultado de decenas de personas muertas, heridas, arrestadas y desaparecidas en todo el país.

Pese a que una de ellas está muerta, dos compañeras de Lucia Andrea Morett —estudiante mexicana herida en un ataque sorpresa del ejército colombiano a un campamento de las FARC en Ecuador—fueron acusadas ayer por el gobierno de Estados Unidos de “reclutar a simpatizantes para la guerrilla” en México y varios países de Latinoamérica. Sus bienes serán congelados.

El Departamento del Tesoro en Washington informó que, como parte de su política antinarcóticos, congeló los bienes financieros de ocho reclutadores internacionales de las FARC, entre los que se encuentra la fallecida Liliana López, alias Olga Marín, identificada por el gobierno estadunidense como enlace y líder del grupo guerrillero en México.

El gobierno estadunidense también sumó a su lista de “narcotraficantes sancionados” a Nubia Calderón, Esperanza. Junto con Morett, la colombiana sobrevivió al ataque bélico al campamento en la selva ecuatoriana, ocurrido en marzo pasado.

Ambas se encuentran actualmente asiladas en Nicaragua.

Muerta hace varios meses en el ataque del ejército colombiano a la base guerrillera en Ecuador, López fue señalada por Washington como la “principal responsable” de mantener los nexos y organizar las operaciones de las FARC en territorio mexicano.

Pese a tener una orden de aprehensión en su contra en Colombia —Bogotá ofrecía 3 millones de pesos colombianos por su captura— la presencia de Olga Marín en el país había sido ya detectada en el pasado y era de conocimiento público.

La hija del también fallecido Manuel Marulanda Tirofijo fue incluso señalada en su momento por la embajada colombiana como responsable de haber infiltrado a distintos grupos estudiantiles de la UNAM en la guerrilla de las FARC.

Extraoficialmente se estima que Liliana López fungió como primer contacto oficial de Morett con la guerrilla sudamericana.

Aunque su muerte fue confirmada por las autoridades colombianas, López fue acusada ayer por Washington de mantener activa su membresía en la comisión internacional de las FARC para México, en donde residió legalmente, y con la venia del gobierno de Vicente Fox, por espacio de dos años hasta abril de 2002.

Junto con Marcos Calarcá, López comandó la “embajada” de las FARC en México antes de su expulsión del país, cuando las secretarías de Gobernación y Relaciones Exteriores le exigieron dejar territorio nacional ante las presiones de la administración del presidente colombiano Álvaro Uribe.

Se presume que ambos guerrilleros dejaron el país de forma clandestina, por vía de Centroamérica.

Desde 2000 y hasta 2002, López y Calarcá se encargaron del mantenimiento de la “oficina de representación” en un barrio al sur del Distrito Federal; a través de ésta se coordinó la estrategia de comunicación de las FARC en el país, en especial en círculos estudiantiles de la UNAM.

El hecho fue denunciado por el ex embajador colombiano en México, Luis Ignacio Guzmán Ramírez, quien aseguró en 2003 que las FARC habían infiltrado a la máxima casa de estudios con López y Calarcá como principales responsables.

Por sus declaraciones, la Secretaría de Relaciones Exteriores lo declaró persona non grata. Debió salir del país meses después.

Junto con Liliana López y Nubia Calderón fueron incluidos a la lista de narcotraficantes sancionados por el Departamento del Tesoro estadunidense Francisco Cadena Collazos, operador en Brasil; Jorge Davalos, en Canadá; Orlay Jurado, en Venezuela; y Jairo Lesmes, portavoz en Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay.

El gobierno de Estados Unidos los acusó de organizar redes de reclutamiento en todos los países mencionados, incluido México.

“Como representantes de las FARC e integrantes de su comisión internacional, estos individuos trabajaron en el extranjero para reclutar a simpatizantes, obtener apoyo y alcanzar la protección de los actos de terrorismo de la guerrilla”, aseguró el Departamento del Tesoro.

Clasifica SRE informesPor su parte, para no poner en riesgo posibles “acciones humanitarias” y su eventual participación en negociaciones de paz en Sudamérica, la SRE clasificó toda la información relativa a la expulsión en 2002 de López y Calarcá como representantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia en México.

 

Por decisión unánime, el comité de información de la cancillería desechó hacer públicos sus reportes en torno a la oficina del grupo guerrillero en la Ciudad de México e insistió en que revelar esta información “pondría en riesgo” la conducción de la política internacional deMéxico en Colombia.

Con base en la solicitud de información 500048308075, Relaciones Exteriores declinó responder bajo qué concepto se permitió en primer lugar a las FARC tener una oficina y, posteriormente, qué actividades de López y Calarcá le llevaron a ordenar la clausura de la representación guerrillera.

También, dictaminó que mantendrá como clasificada por tiempo indefinido la información que le fue entregada por el gobierno colombiano sobre las posibles actividades ilícitas de la oficina de la guerrilla colombiana.

“Dicha información se encuentra como reseñada, en consecuencia, no se autoriza el acceso al solicitante”, advirtió la Dirección General para América Latina y el Caribe de la SRE, bajo la responsabilidad directa del subsecretario Gerónimo Gutiérrez.

Ratificada por el Comité de Información de la dependencia, la clasificación en torno a la información relacionada a las FARC se sustentó, acorde a la SRE, en el artículo 13 fracción II de la Ley Federal de Transparencia, puesto que revelarla “menoscabaría la conducción de las negociaciones o bien de las relaciones internacionales, incluida aquella información que otros Estados entreguen con carácter de confidencial al Estado Mexicano”.

El concejo del municipio autónomo Magdalena de La Paz y la junta de buen gobierno Corazón Céntrico de los Zapatistas Delante del Mundo, de los Altos de Chiapas, rechazaron presuntos acuerdos impuestos por operadores gubernamentales en el artificial conflicto de tierras entre comuneros zapatistas y priístas de Aldama y grupos invasores de Santa Marta (Chenalhó).

Es –afirman los primeros– un “intento de despojo y división para provocar un enfrentamiento que los malos gobiernos pretenden hacer como parte de su estrategia de aniquilación de los pueblos originarios”.

El 25 de septiembre, “supuestamente” se llevó a cabo una “audiencia de conciliación” en la que se establecieron “acuerdos con los que se nos pretende hacer creer que se solucionó la disputa de 30 hectáreas entre Aldama y Santa Marta, por culpa de nuevos planos definitivos hechos por el Procede. Nada más equivocado”.

Esta “supuesta audiencia”, un “engaño”, según los autónomos, “fue planeada por los operadores del mal gobierno perredista de Juan Sabines, Juan González Esponda y José Bernardo Magdalena Velasco, y los del mal gobierno federal encargados de dividir a las comunidades indígenas con su Procede, ahora Fanal”. Señalan también al ingeniero Rufino Rosales, de la Procuraduría Agraria.

“Se está manipulando a nuestros hermanos priístas de Aldama y Santa Marta, y con engaños mantienen controlados a los hermanos comisariados de bienes comunales de los dos pueblos, así como a los 84 priístas de Aldama afectados. Todo, con la complicidad de los presidentes municipales de Chenalhó y Aldama”.

La autoridad civil zapatista de los Altos denuncia que el gobierno “habla de los comuneros de Aldama como posesionarios de las 30 hectáreas en disputa, y no como lo que son: legítimos dueños; allí está el origen del engaño, pues les dan trato de personas que llegaron a ocupar la tierra que según ellos pertenece a Santa Marta, y eso es una gran mentira, pues esa tierra es de Aldama y así ha sido desde antes de que Aldama se llamara así, antes de que se llamara Santa María Magdalena, antes de que se llamara de cualquier manera en lengua de castilla impuesta por los invasores españoles”.

Tanto los bienes comunales de Aldama como de Santa Marta son parte del municipio autónomo, “por lo que cualquier cosa que afecte a bases de apoyo del EZLN es contra nuestros pueblos y nuestra lucha, y nos exige actuar en su defensa”. No es coincidencia, añade el comunicado, “que en nuestros territorios el mal gobierno realice acciones que provocan divisionismos; para nosotros no es novedad que lejos de resolver un problema busquen agravarlo”.

Los zapatistas de Magdalena de La Paz, en representación de sus 31 compañeros amenazados de despojo, desconocen los acuerdos del acta de audiencia. “De una vez avisamos que no pagaremos ni un peso para cubrir gastos del comisariado de Santa Marta o Manuel Utrilla o como le quieran llamar. Somos comuneros de Aldama, y es allí donde colaboramos. No haremos limpia de callejones alrededor de la poligonal de Santa Marta porque ese no es nuestro territorio. Lo seguiremos haciendo, a solicitud de nuestros comisariados, en Aldama”.

Los zapatistas desconocen como sus representantes ante la asamblea de Santa Marta a los comisariados de bienes comunales de Aldama, así como “cualquier acuerdo que hayan firmado o firmen en el futuro, porque su mente no está clara. Esas tierras son de 115 comuneros de Aldama, 84 priístas y 31 bases de apoyo del EZLN. Son parte del territorio que ancestralmente ha sido Aldama y estamos dispuestos a luchar para que así siga siendo. Si el mal gobierno quiere sangre sin mancharse las manos, es demasiado tarde, porque ya descubrimos ante el mundo que las manos de Felipe Calderón y Juan Sabines están bien metidas en este plan de contrainsurgencia”, concluye la denuncia.

Más allá de los discursos, la realidad es que el Estado de Derecho no rige en México, como lo hace evidente el caso de los desaparecidos y atentados del EPR
El Ejército Popular Revolucionario denunció, desde el año pasado, que sus compañeros Edmundo Reyes Amaya y Alberto Cruz Sánchez fueron detenidos (o desaparecidos) el 25 de mayo de 2007.
En repetidas ocasiones, las autoridades estatales y federales se decían ajenas a los hechos, pero el sábado 26 de abril, precisamente 11 meses después de los hechos, elementos de la Policía Federal Preventiva y el Ejército mexicano aprehendieron a varios elementos de la Procuraduría de Justicia y la Policía Ministerial del Estado de Oaxaca para interrogarlos en relación con dichas desapariciones.
Conforme a la información publicada en el periódico capitalino La Jornada fueron nueve los detenidos, entre los que se encontraban el director de Servicios Periciales de la Procuraduría de Justicia Estatal y primo del Gobernador Ulises Ruiz (Romeo Ruiz), el Subdirector técnico administrativo y dos peritos de la misma Procuraduría, así como el Subdirector operativo de la PME, Pedro Hernández Hernández, su ex chofer y tres agentes más de la misma corporación.
De acuerdo con declaraciones del abogado defensor de Hernández Hernández, Gerardo Francisco López Thomas, todos fueron remitidos a la Ciudad de México para que rindieran su declaración ante la Unidad Especializada en Investigación de Terrorismo, Acopio y Tráfico de Armas de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada de la Procuraduría General de la República.
El mismo abogado señaló, al diario ya citado, que se encuentran señalados en la investigación previa PGR/SIEDO/UEITA/047-08 con alguna responsabilidad en la detención ilegal y posterior desaparición de los dos militantes eperristas.
La secuencia de hechos y los tiempos muestran plásticamente el concepto de Estado de Derecho del actual gobierno, pues el inicio de la investigación de la desaparición de dos personas (sin importar su pertenencia o no a un determinado grupo) esperó casi un año sin acción alguna.
Los últimos dos dígitos del expediente indican que esta averiguación previa se inició hasta el presente año, es decir, a pesar de que las autoridades tuvieron conocimiento de la desaparición, al menos desde el 10 de julio del año pasado, y durante meses no hicieron absolutamente nada por investigar su paradero, como no fuera negar en declaraciones a los medios su participación en los hechos.
El 10 de julio del año pasado, la Comandancia militar de zona del Ejército Popular Revolucionario reivindicó la autoría de las detonaciones contra ductos de Pemex en Celaya, Salamanca, y Valle de Santiago, Guanajuato, así como en la válvula de seccionamiento de la casa de válvulas de ductos en la comunidad Presa de Bravo, municipio de Corregidora, Querétaro, entre el 5 y 10 de julio de 2007.
En el comunicado que emitió denunció “a nuestro pueblo le informamos que las acciones de hostigamiento no pararán hasta que el Gobierno de Felipe Calderón y el de Ulises Ruiz presenten con vida a nuestros compañeros Edmundo Reyes Amaya y Raymundo Rivera Bravo o Gabriel Alberto Cruz Sánchez, detenidos-desaparecidos desde el 25 de mayo en Oaxaca”.
El Gobierno de Oaxaca, en voz de su Secretario de Protección Ciudadana, Sergio Segreste Ríos, de inmediato informó que ninguna corporación policíaca del Gobierno del Estado los tuviera detenidos.
Unos días después la Procuraduría General de la República y la Secretaría de Seguridad Pública, mediante un comunicado conjunto, hicieron lo propio, señalando que no contaban con registro alguno de que ambas personas se encontraran recluidas en centro penitenciario del país o a disposición de una agencia del Ministerio Pública.
El mismo día que las dependencias federales emitían su comunicado, en Querétaro, los profesores Faustino Hernández y Roberto Aparicio dieron a conocer que efectivos de la Agencia Federal de Investigaciones los trasladaron a las instalaciones de la PGR en calidad de testigos y los interrogaron durante ocho horas, como presuntos involucrados en los referidos estallidos.
Dos meses después, el 10 de septiembre del mismo año, el EPR detonó otras 12 cargas explosivas en ductos de la misma paraestatal en Veracruz y Tlaxcala.
Nuevamente demandaban la presentación y liberación de los dos desaparecidos. En esta ocasión personalmente el Procurador Eduardo Medina Mora declaró que ninguna autoridad tenía detenidos a los dos eperristas; incluso, de acuerdo a La Jornada, “consideró que estas personas pudieran estar en manos de organizaciones similares o paralelas”.
A pesar de todo esto nada se ha hecho al respecto. Por un lado, hasta hoy no se conoce de ningún detenido en relación con los atentados contra los ductos de la paraestatal; y, por el otro, tampoco se sabe nada del paradero de los desaparecidos. Hasta el sábado se supo de la comparecencia de las autoridades de Oaxaca.
El jueves 24 de abril por la noche, el EPR planteó a un grupo de personalidades que mediaran entre las partes (EPR y Gobierno federal) para dar con el paradero de los dos desaparecidos.
El viernes, el Obispo Emérito Samuel Ruiz, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa, el escritor Carlos Montemayor y el antropólogo Gilberto López y Rivas aceptaron la encomienda específica y demandaron a las partes que durante el tiempo que dure la intermediación no haya acciones armadas.
De acuerdo a información difundida el lunes 28 de abril, en el noticiero vespertino de W Radio ese día liberaron a seis de los nueve detenidos y la PGR trabajaba bajo la hipótesis de que los dos desaparecidos estaban muertos y no detenidos o secuestrados.
Me extiendo en el recuento de los hechos, porque muestra la desidia de la autoridad para atender un problema que sin duda ya provocó daños mayores al país, tanto económicos como para la vigencia del Estado de Derecho.
En cuanto a los económicos y materiales es evidente que las explosiones obligaron a reparar los daños y éstos no fueron menores, pero además hay que sumar los costos en los que incurrieron las empresas por el desabasto ocasionado por las mismas; de acuerdo a cálculos de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) los daños a las plantas fabriles se elevaron, únicamente por las explosiones de septiembre, a unos 9 mil millones de pesos.
Pero obviamente el daño es todavía mayor por la impunidad que prevalece en el país, al no sancionar ni a los autores de los atentados contra las instalaciones de Pemex ni a las autoridades o grupos que secuestraron a los dos eperristas.
La vigencia del Estado de Derecho, que tanto pregona el actual Gobierno federal, tiene entre otras condiciones indispensables, las siguientes: una, acabar con la impunidad; dos, aplicar la ley sin distinción alguna, de tal manera que se persigue con la misma rapidez a los civiles o las autoridades que violan la ley; y tres, que la justicia sea pronta y expedita.
Y en este caso no parece cumplirse ninguna de ellas, así que más allá de los discursos, la realidad es que el Estado de Derecho no rige en México, como lo hace evidente el caso de los desaparecidos y atentados del EPR; pero más vale tarde que nunca y, en ese sentido, es deseable que pronto se aclare el paradero de los dos eperristas y se sancione a los responsables de su desaparición.
Obviamente, ese sería apenas un primer paso en el sentido correcto, que debe incluir el castigo de todos los delincuentes, sin distinciones, donde desde luego también se encuentran los autores de los atentados contra los ductos de Pemex.

En el marco de su visita por España emitió recomendaciones para aislar el tumor de la crisis financiera en la economía nacional

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