Archivo para Noviembre 1st, 2008

El juego que todos jugamos.

La semana pasada, platicando del poder y sus modos, hablábamos del doble desdén que la clase política ejercita frente a aquello que dice representar o, peor aún, gobernar. Los ejemplos abundan, nosotros quisimos voltear la mirada a la situación que prevalece en el estado de Morelos entorno al Movimiento Magisterial de Bases (MMB) y el “ni los veo ni los oigo” que cual canon salinista repite el (des)gobernador Marco Antonio Adame; así como la harto sabida aprobación de la reforma energética conforme a los deseos de los señores del poder y del dinero.

En Morelos observamos, en medio del pesar más que del desconcierto, la fractura que el poder ha comenzado a infringir en el MMB y, en el ámbito nacional, la fallida estrategia del Movimiento Nacional de Defensa del Petróleo, cuya resistencia parece estarse reduciendo a la vigilancia de los contratos que en materia de energéticos se firmen de aquí pa’lante. No puedo, entonces, evitar preguntar… preguntarme, sobre todo… ¿y luego qué?

Miro a mi alrededor, converso con la gente de a pie como yo y, quizás más que nunca antes, entiendo perfectamente ese desazón respecto a la política que habita allí donde los junguianos ubican el inconsciente colectivo, para preguntar con Naranjo: “¿Qué caso tiene?” La respuesta, como en tragicomedia de Maeterlinck o rola de Kristos con letra de Camilo, está tan cerca que no podemos o no queremos verla; así, mientras sigamos jugando al juego que el poder de arriba quiere que juguemos no cambiará nada.

Desde un principio dijimos que el movimiento magisterial no nada más se inscribía en el ámbito de lo gremial. Aunque tuviera como una de sus razones vertebrales la lucha por la democratización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la alianza entre Calderón y Gordillo para llevar al cabo las planes que el neoliberalismo tiene designados a la educación en México es competencia también de madres y padres de familia y alumnas y alumnos… por lo menos. Así lo entendieron los pueblos y las organizaciones que han apoyado al movimiento; no así los mismos maestros y los resultados están asomando ya las narices.

Desde la Consulta Nacional sobre Reforma Energética apuntábamos junto con autores como Carlos Antonio Aguirre Rojas que lo que se preguntaba no era si queríamos que la industria petrolera quedara en manos del pueblo (lo que para muchos de nosotros era la pregunta fundamental), sino quienes queríamos que nos saquearán: si el Estado o la iniciativa privada, y no rehuimos la responsabilidad de dejar en claro que limitar la defensa del petróleo a resistencias que no fueran al fondo de la cuestión significaría, como dijera aquél comercial, “pan con lo mismo”.

Miro a mi alrededor, más allá de lo inmediato; lanzo la mirada a la historia reciente de este país y veo el calendario de 1994, cuando conocí en el Zócalo de la Ciudad de México a quienes desde Morelos se preparaban para viajar a zona zapatista y participar en la Convención Nacional Democrática que se celebraría en el Aguascalientes de Guadalupe Tepeyac, en Las Margaritas, Chiapas. A poco más de una década los priístas de entonces, hoy “renovados” perredistas, organizan una su CND y chotean, desgastan, una herramienta que bien podría haber servido para la construcción de espacios verdaderamente democráticos en respuesta al fraude electoral de 2006; pero no, se prefirió jugar al teatro de sombras que ya habíamos visto endenantes, cuando lo del desafuero… y eso que somos nosotros quienes le hacemos el juego a la derecha.

En 2000, desde todas las tribunas habidas y por haber, algunas de las voces más honestas y claras llamaron a votar contra el PRI votando a favor del PAN; le llamaron “el voto útil”. Entre 2001 y 2003, muchas de ésas voces guardaron silencio ante la canallada que los tres Poderes de la Unión cometieron en contra de los pueblos originarios de estas tierras al aprobar la contrarreforma foxista en materia de derechos y cultura indígenas, luego de que priístas, panistas, perredistas y quién sabe cuáles y cuántos otros patiños habían oído (mas no escuchado) a la Comandanta Esther hablar en San Lázaro. Hoy, el señor López, fiel a su andar de burlas y traiciones imita a las y los zapatistas y les tergiversa, les banaliza, y, como en 2001, la receta de desprecio se repite para las y los más… como siempre. Entonces sí, las voces aquellas se rasgaron las vestiduras en medio de amnesias nada inocentes, en tanto siguieron diciendo que éramos nosotros quienes le hacemos el juego a la derecha.

En pleno 2008, las comunidades zapatistas continúan bajo el ataque gubernamental de priístas vestidos de perredistas y panistas, mediante cercos militares, mediáticos, agrarios y económicos. A pesar de ello, han propuesto, por enésima vez, mirar de un modo muy otro las cosas para hacerlas de nuevo y mejor. No obstante, quienes apostaron a la burla ayer y hoy construyen espacios y resistencias que son apenas reflejo de otros y otras verdaderos (meros esperpentos, pues) para sembrar el desgaste y la desesperanza, mañana imitarán, para desvirtuar, lo que las y los zapatistas hacen hoy, y seguirán en su histórica sordera y dirán sin empacho ni vergüenza que somos nosotros… que son ellas y ellos… quienes le hacemos el juego a la derecha.
Pregunto, ingenuamente, ¿cuándo se pondrán a hacer política de veras y dejarán de citar a Jodorowsky?

LA VOZ DEL ANÁHUAC :: 214.

José Ramón Enríquez.

En el Diccionario de la Academia, todavía son sinónimas las palabras “cucaña” y “jauja”. Sinonimia que comenzó en el Renacimiento cuando ya estaba bien asentada en el castellano la palabra italiana cuccagna que 
designaba tanto “un lugar de prosperidad y regalo” cuanto “lo que se consigue con poco trabajo y a costa ajena”. El sentido original en ambas lenguas refería a una especie de palo ensebado y hablaba siempre de relajo y feria.

La etimología de “jauja”, por el contrario, nos habla de grandeza y de tragedia. Nos lleva a la milenaria confederación Xauxa Huanca, en el actual Perú, que tuvo como capital durante medio milenio a Siquillapucara, hasta en que, en el 1460 de nuestra era, los incas invadieron el valle de Hatunmayo y redujeron aquella ciudad monumental a cenizas. Cuentan que “una vez vencidos, sus heroicos habitantes fueron deportados y abandonaron sus viviendas entre fuertes y agudos alaridos de dolor y desesperación”.

Los conquistadores oyeron hablar de esa legendaria ciudad perdida en el Perú y la reinventaron como una nueva Cucaña, versión cómica de un épico El Dorado. También en este caso, comedia y tragedia se volvieron una sola imagen que partiendo de idéntico mito se revuelve sobre sí misma para morderse la cola.

En 1534, Francisco de Xerez hablaba del valle de Jauja como de “un hermoso valle, es tierra muy templada, pasa cerca del pueblo un río muy poderoso, es tierra abundosa”. Sin embargo, la legendaria ciudad preincaica se desligó en el imaginario colectivo del conquistador, y se convirtió, como la Cucaña, en “lugar de prosperidad y regalo” donde todo “se consigue con poco trabajo y a costa ajena”.

Así apareció, hasta donde sé, documentada por primera vez por Lope de Rueda en su Passo quinto muy gracioso. Según Eugenio Asensio, la gestualidad de los protagonistas del Paso se convirtió en parte obligada del repertorio de lazzi de la commedia dell’arte (enriquecía Lope de Rueda a sus antiguos maestros): un bandido señalaba a lo alto para que la víctima volviera la cabeza, mientras el otro bandido saqueaba la olla de la víctima con movimientos hacia abajo; para luego invertir la coreografía múltiples veces, en medio de la hilaridad del público.

Pero no sólo la gestualidad resultaría importante para el genio del gran mentor de Cervantes, también el hecho de fijar en el nombre de sus personajes su carácter. Mendrugo, “pan de mendigo”, llamó a la víctima. A los dos bandidos: Honzigera, “trampa para cazar pajaritos”, y Panarizo, “uñero”.

Había milenaristas, erasmistas y muchos otros utopistas entre quienes cruzaron heroicamente el Atlántico pero, desafortunadamente, la mayoría de quienes lo hicieron veía este Nuevo Mundo como su Tierra de Jauja. Así la entendieron desde muy temprano tanto conquistadores como evangelizadores: mientras un cómplice distraía hacia arriba, el otro saqueaba por lo bajo.

Y también, como los nombres del Paso de Lope, fue su división laboral: uno preparaba trampas para los pajaritos, otro afilaba las uñas. Fray Honzigera y Don Panarizo. La víctima, siempre Mendrugo.

Estos hicieron escuela a través de los siglos, no los primeros. Y hasta hoy funciona así el bandidaje oficial en un mundo al que llamamos Tercero tan sólo porque hay cuartos y quintos abajo de nosotros.

Si bien el poder corrompe, en este Tercer Mundo (que debió ser el Nuevo) todo desde el poder se transforma en Jauja para quien lo detenta. Y también, como de aquella mítica Siquillapucara de la Xauxa en el valle de Hatunmayo, los auténticos dueños son día a día deportados, ya sea para cruzar la frontera norte hacia un Estados Unidos al cual la crisis vuelve cada día más utópico, o hacia las grandes urbes donde la delincuencia y la miseria esperan a sus hijos.

Y pensar que todo podría ser de otra manera si Honzigera y Panarizo no estuvieran en cada recodo de cualquier camino con sus distintos colores partidarios y sus diversos cantos de padres de estas patrias.

Educación y petróleo: el poder y sus modos.

Mientras en Morelos nos enterábamos de la negativa por parte del (des)gobernador del estado al emplazamiento de diálogo que le había hecho el Movimiento Magisterial de Bases para el mediodía de mañana en la Plaza de Armas, en la sede del Senado, en medio de una buena dotación de eufemismos, quienes fingen y fungen como legisladoras y legisladores de la llamada cámara alta tomaban acuerdo para ir dejando pasar de poco en poco la privatización de la industria petrolera.

Por un lado, el MMB, cuyos integrantes no dejan de ser vilipendiados y tachados de “radicales” (como si organizarse por cambios “de raíz” fuera motivo suficiente para ser quemados en leña en verde), entre otras lindezas que mi hijo no me permitiría decir en voz alta ni letra legible, da muestra de civilidad y clase de civismo al llamar a un diálogo público con intermediación de la Comisión de Coadyuvancia para resolver el conflicto que ocasionó el mismo jefe del poder Ejecutivo estatal al suscribir la llamada Alianza por la Calidad de la Educación sin consulta de por medio a sus gobernadas y gobernados.
El modo es harto conocido, antes que él, la presidenta vitalicia del sindicato más grande de América Latina había firmado junto con la secretaria de Educación Pública federal el mismo acuerdo sin consultar a la base gremial que dice representar. Hoy por hoy, ambas decisiones tienen no sólo al estado de Morelos, sino al país todo danzando en medio de una espiral de violencia que se va aderezando con la crisis económica que el modelo capitalista padece arrastrándonos con él.
Bajo la amenaza de esa misma crisis es que han comenzado a articularse lo que ya se veía venir, pero que para algunas y algunos todavía parecía imposible: el pacto para abrir la puerta, no a la privatización de la industria eléctrica, pues ésta ya tiene tiempo orquestándose, sino a su legalización. La frase triunfalista del senador perredista Pablo Gómez consignada en nota de Andrea Becerril y Víctor Ballinas (La Jornada, 21/10/08) de que “se desecharon los intentos de privatización más fuertes” habla por sí misma: los más fuertes, no todos los “intentos”.
Es un secreto a voces que tanto la industria petroquímica, lo mismo que la educación llamada pública, “goza” (para seguir con los eufemismos) de la participación de la iniciativa privada en varios rubros, situación que hasta el día de hoy es contraria a lo que marca la Constitución Política del país. Todo ha quedado reducido, entonces, al más simple de los criterios: el problema no es en manos de quién quede la explotación del multimentado “oro negro” (ya lo decíamos respecto a la consulta en materia de reforma energética realizada recientemente), sino que la Carta Magna lo prohiba.
La solución hubiera podido ser reflexionar, y reconocer, que si alguna vez el Constituyente había puesto coto a la participación de la iniciativa privada en la explotación de recursos naturales propiedad de la nación tenía una razón de ser; creo que, entre otras cosas, algo que algunas y algunos llamamos soberanía nacional. Pero no, quienes hoy despachan en Xicoténcatl y en la Torre del Caballito han decidido que el problema no es lo que la ley suprema pretende impedir, sino el que la misma ley pretenda impedirlo. Aquí, lo dicho por priístas y panistas, es una perla: “prohibir que PEMEX pueda otorgar a un solo contratista áreas exclusivas o bloques para explotar o producir hidrocarburos va en contra de la economía de empresa”.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, es verdad, defiende a la propiedad privada, elemento nuclear de un modelo de producción que hoy tiene a todo el planeta a punto de un colapso financiero de proporciones nunca antes vistas que condenará a millones de seres humanos a la pobreza y a millones de pobres a la muerte; un genocidio, sí.
Pero eso no les importa a las señoras ni a los señores senadores, lo fundamental es seguir dejando en manos de la iniciativa privada, ergo, del capitalismo, lo que nos da nación, identidad y soberanía; sea una industria petrolera que podríamos poco a poco ir sustituyendo por fuentes de obtención de energía menos criminales, sea la educación básica, media y superior, asediada por mercaderes disfrazados de funcionarios públicos, representantes sindicales o defensores demovimientos dizque por el diálogo y la paz.