Educación y petróleo: el poder y sus modos.
Sábado, Noviembre 1st, 2008 at
4:58 am
Mientras en Morelos nos enterábamos de la negativa por parte del (des)gobernador del estado al emplazamiento de diálogo que le había hecho el Movimiento Magisterial de Bases para el mediodía de mañana en la Plaza de Armas, en la sede del Senado, en medio de una buena dotación de eufemismos, quienes fingen y fungen como legisladoras y legisladores de la llamada cámara alta tomaban acuerdo para ir dejando pasar de poco en poco la privatización de la industria petrolera.
Por un lado, el MMB, cuyos integrantes no dejan de ser vilipendiados y tachados de “radicales” (como si organizarse por cambios “de raíz” fuera motivo suficiente para ser quemados en leña en verde), entre otras lindezas que mi hijo no me permitiría decir en voz alta ni letra legible, da muestra de civilidad y clase de civismo al llamar a un diálogo público con intermediación de la Comisión de Coadyuvancia para resolver el conflicto que ocasionó el mismo jefe del poder Ejecutivo estatal al suscribir la llamada Alianza por la Calidad de la Educación sin consulta de por medio a sus gobernadas y gobernados.
El modo es harto conocido, antes que él, la presidenta vitalicia del sindicato más grande de América Latina había firmado junto con la secretaria de Educación Pública federal el mismo acuerdo sin consultar a la base gremial que dice representar. Hoy por hoy, ambas decisiones tienen no sólo al estado de Morelos, sino al país todo danzando en medio de una espiral de violencia que se va aderezando con la crisis económica que el modelo capitalista padece arrastrándonos con él.
Bajo la amenaza de esa misma crisis es que han comenzado a articularse lo que ya se veía venir, pero que para algunas y algunos todavía parecía imposible: el pacto para abrir la puerta, no a la privatización de la industria eléctrica, pues ésta ya tiene tiempo orquestándose, sino a su legalización. La frase triunfalista del senador perredista Pablo Gómez consignada en nota de Andrea Becerril y Víctor Ballinas (La Jornada, 21/10/08) de que “se desecharon los intentos de privatización más fuertes” habla por sí misma: los más fuertes, no todos los “intentos”.
Es un secreto a voces que tanto la industria petroquímica, lo mismo que la educación llamada pública, “goza” (para seguir con los eufemismos) de la participación de la iniciativa privada en varios rubros, situación que hasta el día de hoy es contraria a lo que marca la Constitución Política del país. Todo ha quedado reducido, entonces, al más simple de los criterios: el problema no es en manos de quién quede la explotación del multimentado “oro negro” (ya lo decíamos respecto a la consulta en materia de reforma energética realizada recientemente), sino que la Carta Magna lo prohiba.
La solución hubiera podido ser reflexionar, y reconocer, que si alguna vez el Constituyente había puesto coto a la participación de la iniciativa privada en la explotación de recursos naturales propiedad de la nación tenía una razón de ser; creo que, entre otras cosas, algo que algunas y algunos llamamos soberanía nacional. Pero no, quienes hoy despachan en Xicoténcatl y en la Torre del Caballito han decidido que el problema no es lo que la ley suprema pretende impedir, sino el que la misma ley pretenda impedirlo. Aquí, lo dicho por priístas y panistas, es una perla: “prohibir que PEMEX pueda otorgar a un solo contratista áreas exclusivas o bloques para explotar o producir hidrocarburos va en contra de la economía de empresa”.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, es verdad, defiende a la propiedad privada, elemento nuclear de un modelo de producción que hoy tiene a todo el planeta a punto de un colapso financiero de proporciones nunca antes vistas que condenará a millones de seres humanos a la pobreza y a millones de pobres a la muerte; un genocidio, sí.
Pero eso no les importa a las señoras ni a los señores senadores, lo fundamental es seguir dejando en manos de la iniciativa privada, ergo, del capitalismo, lo que nos da nación, identidad y soberanía; sea una industria petrolera que podríamos poco a poco ir sustituyendo por fuentes de obtención de energía menos criminales, sea la educación básica, media y superior, asediada por mercaderes disfrazados de funcionarios públicos, representantes sindicales o defensores demovimientos dizque por el diálogo y la paz.
Fichero archivado:
Politica Mexico
Le gusto este articulo? Subscribete a mi RSS feed y obtener mas descargas!
No comments yet
Usted debe de estar conectado para dejar un comentario.