La semana pasada, platicando del poder y sus modos, hablábamos del doble desdén que la clase política ejercita frente a aquello que dice representar o, peor aún, gobernar. Los ejemplos abundan, nosotros quisimos voltear la mirada a la situación que prevalece en el estado de Morelos entorno al Movimiento Magisterial de Bases (MMB) y el “ni los veo ni los oigo” que cual canon salinista repite el (des)gobernador Marco Antonio Adame; así como la harto sabida aprobación de la reforma energética conforme a los deseos de los señores del poder y del dinero.

En Morelos observamos, en medio del pesar más que del desconcierto, la fractura que el poder ha comenzado a infringir en el MMB y, en el ámbito nacional, la fallida estrategia del Movimiento Nacional de Defensa del Petróleo, cuya resistencia parece estarse reduciendo a la vigilancia de los contratos que en materia de energéticos se firmen de aquí pa’lante. No puedo, entonces, evitar preguntar… preguntarme, sobre todo… ¿y luego qué?

Miro a mi alrededor, converso con la gente de a pie como yo y, quizás más que nunca antes, entiendo perfectamente ese desazón respecto a la política que habita allí donde los junguianos ubican el inconsciente colectivo, para preguntar con Naranjo: “¿Qué caso tiene?” La respuesta, como en tragicomedia de Maeterlinck o rola de Kristos con letra de Camilo, está tan cerca que no podemos o no queremos verla; así, mientras sigamos jugando al juego que el poder de arriba quiere que juguemos no cambiará nada.

Desde un principio dijimos que el movimiento magisterial no nada más se inscribía en el ámbito de lo gremial. Aunque tuviera como una de sus razones vertebrales la lucha por la democratización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la alianza entre Calderón y Gordillo para llevar al cabo las planes que el neoliberalismo tiene designados a la educación en México es competencia también de madres y padres de familia y alumnas y alumnos… por lo menos. Así lo entendieron los pueblos y las organizaciones que han apoyado al movimiento; no así los mismos maestros y los resultados están asomando ya las narices.

Desde la Consulta Nacional sobre Reforma Energética apuntábamos junto con autores como Carlos Antonio Aguirre Rojas que lo que se preguntaba no era si queríamos que la industria petrolera quedara en manos del pueblo (lo que para muchos de nosotros era la pregunta fundamental), sino quienes queríamos que nos saquearán: si el Estado o la iniciativa privada, y no rehuimos la responsabilidad de dejar en claro que limitar la defensa del petróleo a resistencias que no fueran al fondo de la cuestión significaría, como dijera aquél comercial, “pan con lo mismo”.

Miro a mi alrededor, más allá de lo inmediato; lanzo la mirada a la historia reciente de este país y veo el calendario de 1994, cuando conocí en el Zócalo de la Ciudad de México a quienes desde Morelos se preparaban para viajar a zona zapatista y participar en la Convención Nacional Democrática que se celebraría en el Aguascalientes de Guadalupe Tepeyac, en Las Margaritas, Chiapas. A poco más de una década los priístas de entonces, hoy “renovados” perredistas, organizan una su CND y chotean, desgastan, una herramienta que bien podría haber servido para la construcción de espacios verdaderamente democráticos en respuesta al fraude electoral de 2006; pero no, se prefirió jugar al teatro de sombras que ya habíamos visto endenantes, cuando lo del desafuero… y eso que somos nosotros quienes le hacemos el juego a la derecha.

En 2000, desde todas las tribunas habidas y por haber, algunas de las voces más honestas y claras llamaron a votar contra el PRI votando a favor del PAN; le llamaron “el voto útil”. Entre 2001 y 2003, muchas de ésas voces guardaron silencio ante la canallada que los tres Poderes de la Unión cometieron en contra de los pueblos originarios de estas tierras al aprobar la contrarreforma foxista en materia de derechos y cultura indígenas, luego de que priístas, panistas, perredistas y quién sabe cuáles y cuántos otros patiños habían oído (mas no escuchado) a la Comandanta Esther hablar en San Lázaro. Hoy, el señor López, fiel a su andar de burlas y traiciones imita a las y los zapatistas y les tergiversa, les banaliza, y, como en 2001, la receta de desprecio se repite para las y los más… como siempre. Entonces sí, las voces aquellas se rasgaron las vestiduras en medio de amnesias nada inocentes, en tanto siguieron diciendo que éramos nosotros quienes le hacemos el juego a la derecha.

En pleno 2008, las comunidades zapatistas continúan bajo el ataque gubernamental de priístas vestidos de perredistas y panistas, mediante cercos militares, mediáticos, agrarios y económicos. A pesar de ello, han propuesto, por enésima vez, mirar de un modo muy otro las cosas para hacerlas de nuevo y mejor. No obstante, quienes apostaron a la burla ayer y hoy construyen espacios y resistencias que son apenas reflejo de otros y otras verdaderos (meros esperpentos, pues) para sembrar el desgaste y la desesperanza, mañana imitarán, para desvirtuar, lo que las y los zapatistas hacen hoy, y seguirán en su histórica sordera y dirán sin empacho ni vergüenza que somos nosotros… que son ellas y ellos… quienes le hacemos el juego a la derecha.
Pregunto, ingenuamente, ¿cuándo se pondrán a hacer política de veras y dejarán de citar a Jodorowsky?

Fichero archivado: Politica Mexico

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