El sistema ahorca al pueblo
A casi dos años de la llegada del gobierno federal y tras prometer hasta el cansancio que habría estabilidad y crecimiento económico en este sexenio, los cálculos de los estrategas económicos no salen en números negros. El principal indicador son las quejas de cientos de habitantes del país que ven su economía familiar afectada.
Claro que los políticos, secretarios de Estado y asesores del gabinete pueden argumentar que no contaban con la crisis económica mundial, con la amenaza de recesión ni con la caída de las Bolsas de Valores. Sin embargo sí es su responsabilidad la política económica sustentada en los ingresos del petróleo y las remesas a sabiendas de que son variables altamente vulnerables, volátiles e incontrolables ya que dependen de vaivenes relacionados con los actores económicos mundiales. Esa definición del rumbo y sostén económico sí es de su ámbito de competencia y está bajo su control. De igual manera son su responsabilidad los efectos que a nivel microeconómico resentimos todos.
El incierto y negro panorama económico para los mexicanos no es una novedad. Las generaciones más jóvenes, aquellas nacidas después de los 80 no conocen otra forma de vida, les ha tocado vivir crisis tras crisis.
En este sexenio las promesas de bienestar para la familia empezaron a caer hace un año con la fuerte sacudida en los bolsillos cuando los precios de la canasta básica se elevaron.
Ya desde el aumento en el costo del maíz se veía venir la presión sobre los precios de los productos de consumo. Hace un año la coyuntura en la que se manejó la reforma fiscal y el impuesto a la gasolina del 5.5 por ciento abonó todo el camino para que los productos básicos empezaran su escalada de precios.
Los precios de la tortilla, pan, pollo, huevo, carne, entre otros productos, han provocado que haya un aumento del 34 por ciento. Resulta bastante contradictorio el discurso del gobierno federal al asegurar por un lado que tiene un ataque frontal contra la pobreza, y en especial hacia aquella denominada como extrema, y por el otro que quiera enfrentarla con programas paliativos cuyos recursos obtendrá de los impuestos y manejo de la economía nacional.
Con las nuevas condiciones económicas hasta el presupuesto que se discute actualmente en el Congreso tuvo que ajustarse. El discurso es que se seguirá apoyando a los pobres, aún cuando pidieron más para el área de seguridad, tomando tantito de aquí y de allá, tantitos que en realidad provienen de los rubros de educación, programas sociales, del campo, etcétera.
Sin embargo no hay que perder de vista que por más alta que fuera la recaudación de recursos del gobierno federal, nunca serán suficientes para terminar con la pobreza ya que no se están atacando las causas estructurales del problema y una gran parte de ellos se destinan a cubrir los gastos de operación de los programas de ayuda.
El incremento a los salarios, otorgado a principios de año, a estas alturas ya se pulverizó y contra el alza de precios plantea un panorama económico bastante oscuro para la gran mayoría de los trabajadores y sus familias.
0El círculo de menor consumo, menores ventas, genera mucha presión a la economía local, y puede derivar en cierre de fuentes de trabajo, más emigración, menor calidad de vida, y desde luego abona el terreno para la proliferación de la delincuencia y la violencia.
Cuánto hace que distintos funcionarios del gobierno actual y “científicos” de la economía dijeron que los dos centavos mensuales de incremento en la gasolina no provocarían alzas en los productos básicos. Y el razonamiento actual de que se debe acabar con los subsidios y tener al menos el precio que se cobra en los Estados Unidos se cae cuando vemos que el día de hoy con los altibajos de los precios, nuestra gasolina ya es más cara que la que se cotiza en nuestro país vecino. Si quieren ser parejos pues acá habría que regirnos por la oferta y la demanda y los precios internacionales del petróleo. Así cuando baje o suba el precio del petróleo también lo tendría que hacer el de la gasolina. Así es en los Estados Unidos.
Con todo este panorama no podemos más que afirmar que la política económica no solamente está atacando el bienestar de los mexicanos sino además pretenden engañarlo.
El presidente Calderón no está cumpliendo sus ofrecimientos y, sí en cambio, está haciendo lo que tanto criticó: ahondar el abismo entre pobres y ricos, impulsar las diferencias sociales, llevar al extremo las condiciones de miseria de los más necesitados de nuestro país.
Nada tiene de extraño que en un contexto así aumente la tentación de la violencia para cambiar las cosas; el EPR, el EZLN, tendrán más argumentos para izar sus banderas. Nada tiene de extraño tampoco el aumento de la delincuencia que tiene orígenes sociales y el incremento de la criminalidad basada en la debilidad del Estado, porque toda acción que atente en contra de las condiciones de vida de una sociedad se traduce, tarde o temprano, en puntos débiles del gobierno.
Como sociedad debemos buscar otras formas de organización social y económica que devuelva al pueblo su poder y que le permitan colocar a los políticos y a la política a su servicio y no al revés como ha sido desde hace tantas décadas.
Fichero archivado: Ejercito Zapatista de Liberacion Nacional
Le gusto este articulo? Subscribete a mi RSS feed y obtener mas descargas!

No comments yet
Usted debe de estar conectado para dejar un comentario.