A 15 años de su irrupción armada en la vida política de México, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) sigue reivindicando su derecho a la rebelión y el valor ético de su utopía.

 

En medio de una guerra de baja intensidad gubernamental que no se atreve a decir su nombre, el movimiento de la insurgencia maya sigue construyendo sus autonomías y consolida su existencia.

 

La guerra en Chiapas continúa porque detrás de la negativa del Estado mexicano a respetar y garantizar constitucionalmente los derechos de los pueblos indígenas reconocidos en los Acuerdos de San Andrés, traicionados por el gobierno de Ernesto Zedillo, están los intereses de las corporaciones transnacionales sobre los recursos naturales estratégicos que se localizan en el territorio del sureste mexicano.

 

Cerrado el camino legal, cancelada una salida política negociada y decretado el fin del conflicto tras la apuesta gubernamental al desgaste de la insurgencia mientras mantiene el cerco militar sobre los bastiones zapatistas, el EZLN, sin renunciar a las armas, se ha dedicado a llevar a la práctica por la vía de los hechos los derechos indígenas negados en el Parlamento, consolidando la organización de las comunidades y sus bases de apoyo en los municipios autónomos.

 

La experiencia no ha sido fácil. Como dijo a comienzos de enero el comandante David, durante esos tres lustros “el mal gobierno” y sus aliados políticos no han dejado de golpearlos.

 

Pero en la perspectiva del EZLN no está el diálogo ni ninguna otra forma de relación con el gobierno federal, sino la consolidación de una alternativa de vida, de organización social, económica y de gobierno, que permita la paulatina superación de sus carencias por sus propios medios.

 

Fieles a los enunciados de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona (2005), de organizarse junto con otros sectores de la sociedad nacional e internacional en un frente unido anticapitalista de todos aquellos “de abajo y a la izquierda”, la comandancia indígena logró reunir en San Cristóbal de las Casas a representantes de diversos movimientos en resistencia del orbe.

 

El objetivo del encuentro fue conocer las historias de una gran variedad de geografías sociales, físicas y económicas, y dibujar una radiografía de las “dignas rabias” de quienes luchan por otro mundo posible, con el fin de unir y organizar de manera global las rebeldías contra el “enemigo común”.

 

Así, en el marco de lo que Pablo González Casanova denominó allí “pedagogía de la emancipación”, y sobre la certeza de que “la dignidad no es negociable”, el EZLN sigue avanzando en su papel de articulador de lo que se ha dado en llamar el “internacionalismo de las resistencias”.

 

Ese fue el objetivo central del Festival Mundial de la Digna Rabia: articular a representantes de movimientos sociales que viven “a ras del suelo” en esta “puerca tierra”, como dijo durante el encuentro el escritor John Berger.

 

El evento congregó, entre otros, a dirigentes del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra de Brasil, del pueblo Mapuche de Chile y Vía Campesina, e intelectuales como Michael Hardt, Luis Villoro, Marcos Roitman. También participaron unas dos mil bases de apoyo zapatistas y varios integrantes del Comité Clandestino Revolucionario Indígena del EZLN.

 

Curtidos en el oficio de recorrer caminos de dignidad y en construir espacios de perspectivas no hegemónicas que rompan con la dinámica perversa del capital y su competencia asesina, la idea central del evento fue construir “algo nuevo” a partir de las distintas formas de resistencia al capitalismo neoliberal.

 

Como expresó el subcomandante insurgente Marcos, quien reapareció en ese evento después de un largo año de silencio, “el ser tantos y tan diferentes nos permitirá sobrevivir a la catástrofe que se avecina. Les queremos pedir que eso nuevo sea también diferente”.

 

Marcos dijo que al EZLN no le preocupa quién, cómo, o con qué se va a dirigir esa rabia. Tampoco le preocupa la velocidad del sueño. Han aprendido a confiar en la gente, que no necesita quien la dirija y construye sus propias estructuras para luchar y triunfar.
Lo que sí les preocupa es “el rumbo y el destino”. No quieren que el nuevo mundo que surja de las distintas rabias acumuladas se parezca al que hoy padecemos.

 

En ese sentido, está claro que el EZLN tiene algo que aportar. Con su red de  redes, sus prácticas y experimentos en la democracia directa, y también con sus límites y contradicciones, el planteamiento estratégico innovador del EZLN sigue siendo un punto de referencia de quienes resisten al capitalismo de nuestros días.

 

Ahora en actitud de escucha de “los de abajo” (término que no implica una victimización sino que refiere la forma de organización de una subjetividad colectiva diferente), pese a los muchos desencuentros y diálogos cortados, el EZLN y su nueva forma de hacer política sigue alimentando la idea de un cambio posible.

Fichero archivado: Ejercito Zapatista de Liberacion Nacional

Le gusto este articulo? Subscribete a mi RSS feed y obtener mas descargas!