El fin de la Guerra Fría y la caída del bloque socialista significaron al mismo tiempo el desmoronamiento de los apoyos y paradigmas tradicionales para las guerrillas latinoamericanas, que sostenían programas socialistas, comunistas y que reivindicaban el marxismo en cualquiera de sus variantes.

Después de la firma de acuerdos de paz respectivos, los movimientos guerrilleros en Centroamérica, como el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) o la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca desmovilizaron sus fuerzas militares y se integraron como coaliciones o partidos políticos que buscan el poder por un medio democrático.

Entre las pocas guerrillas latinoamericanas sobrevivientes son las colombianas FARC y el Ejército de Liberación Nacional. Con una fuerza conjunta de más de 20 mil miembros, que mantienen casi un centenar de frentes de guerra en todo ese país.

Colombia arrastra un conflicto armado de 45 años, en el que intervienen rebeldes, paramilitares, narcotraficantes y fuerzas estatales, el cual ha dejado más de cien mil muertos y cientos de miles de desplazados.

El origen de la guerra civil que afecta Colombia, la cual ha salpicado peligrosamente las fronteras venezolana y ecuatoriana, parece difuso. Sin embargo, a grandes rasgos se puede ubicar el 9 de abril de 1948, en Bogotá, cuando en una concentración popular una mano asesina segó la vida de Jorge Eliécer Gaitán, líder popular del Partido Liberal, quien encarnaba las aspiraciones de justicia de la inmensa mayoría pobre de Colombia.

Este acontecimiento desató la furia del pueblo, que durante tres días incendió Bogotá, buscando a quién cobrar su rebeldía, y abrió paso a un período de violencia que aún no ha cesado.

El contexto de la posguerra fría hace sumamente difícil, material y políticamente, ese objetivo. En caso de una victoria político-militar, no hay ninguna posibilidad real, en las actuales condiciones, de que la guerrilla pudiera instalar un régimen socialista en Colombia, sino, en todo caso, uno democrático nacional con equidad social y de beneficio para las clases trabajadoras.

Debacle electoral

Su encrucijada es enorme si se considera el número de víctimas del conflicto armado, pero es mayor si se observa el destino político de las organizaciones ex guerrilleras en Centroamérica, que han pasado por la debacle electoral; ninguna victoria en las urnas, a excepción de los sandinistas nicaragüenses en noviembre de 1984 y en el 2006.

Por el contrario, el electorado centroamericano ha depositado su confianza mayoritaria en partidos políticos ultraconservadores, como la salvadoreña Alianza Republicana Nacionalista, creadora, en su momento, de escuadrones de la muerte. Sin embargo, el ex guerrillero FMLN podría hacer historia hoy si gana las elecciones presidenciales salvadoreñas.

En México, hay tres grupos armados en el sudeste de ese país, pero solo están en activo cuando celebran sus fundaciones respectivas. Uno de estos bloques es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas.

Su único alzamiento armado ocurrió el 1 de enero de 1994, que dejó varios muertos y el desplazamiento de unas 20 mil personas.

En Guerrero y Oaxaca reaparecen muy poco o casi nada el Ejército Popular Revolucionario y el Ejército Revolucionario Popular Insurgente.

Por aparte, la Policía peruana se enfrentó el 7 de marzo recién pasado a una columna del grupo terrorista Sendero Luminoso en el selvático valle de los ríos Apurímac y Ene, informó la ministra del Interior, Mercedes Cabanillas.

Según el Gobierno, los remanentes de Sendro Luminoso actúan en alianza con grupos del narcotráfico.

Fichero archivado: Ejercito Zapatista de Liberacion Nacional

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