A lo lejos, desde la espesura del monte, se escucha el repicar de machetes que chocan con piedras y troncos. Conforme uno se va acercando se espera encontrar a campesinos, metidos en la faena de sus cultivos, pero lo primero que se alcanza a ver es a hombres vestidos con ropa tipo militar, su rifle AK-47 terciado en la espalda, con botas y cubriendo el rostro con paliacates o pasamontañas.

Son una treintena de milicianos del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) que auxilian a los campesinos de comunidades ubicadas en lo alto de la Sierra del Filo Mayor de Guerrero. Con la diestra blanden el machete que corta la hierba que estorba a la milpa, mientras que con la otra sujetan el arma.

“Aquí estamos, somos los delincuentes, como nos llama el gobierno, estamos haciendo producir la tierra porque es lo que sabemos hacer, porque todos somos campesinos”, dice el jefe de la columna guerrillera Omar Guerrero Solís, comandante Ramiro, a manera de recibimiento a un grupo de periodistas, mientras se sostiene con la punta del machete enterrada en la tierra húmeda.

Se trata del grupo armado que hace dos semanas se enfrentó con tropas del Ejército en las inmediaciones de los municipios de Petatlán y Coyuca de Catalán, en la Sierra de Guerrero.

La entrevista que Ramiro concede en algún lugar de la Sierra del Filo Mayor se da dentro del mismo tlacolol, mientras que el resto de los milicianos continúan su labor y sólo se hace una pausa cuando uno de los erpistas ofrece agua.

“Bajen el agua muchachos, grita un erpista a sus compañeros regados por toda la falda del cerro.

Ramiro recuerda que el choque entre los militares y la columna del ERPI que encabeza, el 9 de junio pasado cerca de las comunidades de Las Joyas y Las Palancas de los municipios de Coyuca de Catalán y Petatlán, se dio de manera fortuita.

“Los pobladores eran perseguidos hacia el monte, y como ya es sabido que estamos en varios lugares de la sierra esa gente se dirigió hacia donde estaban las columnas del ERPI para buscar apoyo, que por supuesto les dimos”.

Señala que el intercambio de disparos fue breve pero suficiente para causar tres bajas al Ejército. “No fue gran cosa, pero si el gobierno sigue actuando de esa manera va a provocar otra respuesta”.

—¿Qué hubiera pesado si el Ejército sigue la ofensiva en las comunidades?

—Se hubiera dado una respuesta militar en diferentes lugares y hubiera sido más en forma. Porque cuando se nos dice que están maltratando a mujeres y niños, cuando dicen que están robándose todo lo que hay de comer, la ropa de los niños, las cobijas, la herramienta de trabajo de la gente, da más coraje todavía.

Recuerda que ese día los milicianos sólo estaban preparando la retirada de la gente de las comunidades que salían huyendo por la presencia de los soldados.

“Eso nos permitió responder de una manera adecuada. Nada más fue para evitar que el Ejército siguiera a los pobladores de las comunidades, porque iban niños y ancianos, les iban tirando”.

El dirigente de la célula del ERPI señala que es la segunda vez que accionan, porque la primera ocasión fue en venganza por la masacre que cometió el Ejército contra indígenas desarmados en El Charco.

Recordó que esa vez emboscaron al Ejército en El Guanábano (municipio de Atoyac) en 1998, cuando resultó herido el general Alfredo Oropeza Garnica.

El miliciano, a quien el gobierno estatal giro orden de aprehensión por delitos de homicidio y secuestro, señala que el grupo armado va a responder siempre que el pueblo sea agredido, “porque ya estamos cansados del olvido, de la pobreza y todavía vienen y nos masacran”.

—¿En Guerrero hay grupos guerrilleros en varias partes del estado o solamente focalizados en una sola región?

—No, no en una sola, hay en varios lados.

—¿A parte de la defensa de las comunidades cuando son atacadas por el Ejército y acciones como la de ayudar a los campesinos, hay otro tipo de servicio social en el que ustedes participan?.

–No sé si se le puede llamar un servicio social, pero sí hemos estado ayudando a combatir el alcoholismo y la drogadicción. Antes de que llegáramos por acá había mucho alcoholismo y venta de cocaína y hemos hablado con la gente, haciendo asambleas, y explicándoles los daños.

“Todo eso lo hemos ido quitando, no es que sea algo impuesto, es algo consensado con la gente. En una asamblea se decide, toda la gente vota a favor y después se le advierte, de una forma tranquila, al que vende que a partir de esa fecha deje de vender eso, porque fue un mandato del pueblo y que si no lo hace pues va a ser sancionado por la columna”, agregó.

Fichero archivado: Ejercito Zapatista de Liberacion Nacional

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