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Casting para Bucareli

La suerte del resto del sexenio dependerá en gran medida de la decisión que tomé Felipe Calderón al designar al sucesor de Juan Camilo Mouriño. Con una presidencia atrincherada, una economía en retroceso, la inseguridad galopante, comicios adversos en 2009, y un gabinete sin liderazgo sobre la sociedad, Los Pinos requiere de un operador capaz de hacer control de daños e impulsar una agenda estratégica. El problema está encontrarlo. A mi juicio, habría cuatro criterios para orientar la búsqueda:

1.- Peritaje del avionazo. Si Calderón considera que detrás de la muerte de Mouriño hubo un atentado, tendrá que optar por un secretario de perfil “duro”, militar quizá o con experiencia en áreas de seguridad. Tendrá que enviar un mensaje firme a los adversarios, a tono con su frase del martes pasado “no nos doblegaran”. Pero si el Presidente termina convencido de que fue un accidente, su designación tendría que responder a criterios más convencionales y buscar a un operador político.

2.- Gran pasado, nulo futuro. Los presidentes priistas sabían que el candidato idóneo para secretario de gobernación es un político con un “gran pasado”, que carezca de un “gran futuro”. En otras palabras, su oficio político debe ser reconocido por tirios y troyanos, y a la vez , debe carecer de aspiraciones y/o posibilidades para una candidatura presidencial.

3.- Consensos con la oposición. Los primeros dos años Calderón requirió de una estrecha alianza con el PRI para sacar adelante las reformas y enfrentar el embate postelectoral del PRD. Pero la factura a pagar ha sido altísima. El PRI amenaza con apropiarse del Congreso en 2009 y de la presidencia en 2012. Calderón necesita pactar ahora con el ala moderada del PRD. El voto favorable de los perredistas en la reforma petrolera constituyó oro molido para Los Pinos y siembra la posibilidad de nuevos acuerdos en el futuro. Pero eso obliga a optar por un secretario de Gobernación “digerible” para estas corrientes. Javier Lozano (actual secretario del Trabajo) y Germán Martínez (presidente del PAN) no serían las mejores opciones. Ambos han sido los más rijosos; los voceros oficiosos escogidos por Los Pinos para criticar a los lopezobradoristas y al propio Marcelo Ebrard. Por razones similares, Diódoro Carrasco, ex gobernador d e Oaxaca y tránsfuga del PRI, sería rechazado por el tricolor.

4.- Salir del Grupo Compacto. El presidente ha intentado gobernar al país con su círculo de confianza; una estrategia que lo ha aislado. De porfiar por esa línea tendría tres opciones: César Nava, Molinar Horcasitas o Josefina Vázquez Mota. El primer caso tiene el inconveniente de su juventud e inexperiencia. Una especie de Mouriño II. Molinar y Vázquez Mota no serían una mala opción, aunque el director del IMSS ha sido también un “fajador” controvertido. Por su parte, Vázquez Mota, la de mayor oficio político en el gabinete, tendría que enviar señales de que no aspira a una candidatura presidencial.

Reclutar un candidato de prestigio no calderonista le permitiría al Presidente dar un nuevo impulso a su sexenio. Requeriría una especie de Luis H. Álvarez 20 años más joven. No hay un panista así, pero tendrían que crearlo (¿Jorge Zermeño, Ricardo García Cervantes, Carlos Medina Plascencia?). Siempre cabe la posibilidad de optar por algún “notable” no panista, capaz de inspirar respeto generalizado. Sería quizá la mejor opción para relanzar a un gobierno de “alternancia” que parece condenado a entregar el poder en 2012. Pero tal designación carece de probabilidades. No lo tiene fácil el presidente, atrapado en su proverbial desconfianza y la triste realidad de una flaca caballada. www.jorgezepeda.net

El gobernador de Guanajuato también expresó sus condolencias a familiares y amigos del secretario de Gobernación

El Partido Acción Nacional (PAN), manifestó que desconoce la procedencia del mobiliario con el que el ex presidente Vicente Fox amueblará la réplica

López Obrador: Amor y odio

Pobre país el nuestro, que en materia política parece condenado a vivir con el alma enajenada por los amores y odios que inspira Andrés Manuel López Obrador. Para una parte de la sociedad y la mayoría de los medios de comunicación es la peor de las desgracias ; otros están dispuestos a seguirlo incondicionalmente al paraíso o al infierno. A mi juicio, ambas pasiones son igualmente dañinas para México.

El sistema político mexicano está urgido de un movimiento social vigoroso de carácter popular y de un López Obrador, o su equivalente. El verdadero peligro para México es que el sistema político siga siendo un ámbito monopolizado por acuerdos cupulares. Sin una presión social permanente, las políticas públicas y las reformas constitucionales terminarían por ahogar al resto de la población.

Alguien tiene que recordarles que hay otro 50 por ciento de mexicanos para los cuales no se está gobernando, que los campesinos existen y que nueve de cada diez mexicanos no están inscritos al sistema de salud. Por razones de mercado económico y electoral, las cúpulas persisten en la inercia de gobernar para y por la mitad de la población, “la que importa”.
Durante muchas décadas el PRI fue capaz de sortear las presiones de las élites económicas con las necesidades de estabilidad política de largo plazo. Ya no. Hoy en día los partidos políticos son incapaces de resistir los manotazos de los poderes económicos y mediáticos. Cada grupo ve por su interés unilateral e inmediato; la suma de tales acuerdos terminará haciendo irrespirable la atmósfera para los que tienen menos. El verdadero peligro es la ruptura social.

Algunos afirman que el movimiento social ya no es necesario, ahora que los mexicanos pueden validar con su voto la opción política que mejor les represente. La Nueva Izquierda y el PRD “institucional” son necesarios, pero insuficientes. La batalla formal dentro del poder legislativo y las instituciones es prometedora, pero está lejos de los temas decisivos. Baste decir que Ulises Ruiz, en Oaxaca, y Mario Marín, en Puebla, lograron carros completos en sus elecciones internas pese al enorme descrédito de sus respectivas gestiones estatales. La democracia no está sólo en las urnas.

Se requiere de un movimiento que represente a los “otros” mexicanos. Si no hubiera un López Obrador habría que inventarlo. El problema es que él mismo en muchas ocasiones no parece estar a la altura de sus responsabilidades. Su desempeño en la reforma petrolera fue útil, obligó a un debate abierto y a una reforma consensuada, echó atrás el acuerdo que hace ocho meses habían tomado las élites en “lo oscurito”. No es la mejor de las reformas, pero es la que expresa la suma de posibilidades y desconfianzas de anteriores “aperturas” y privatizaciones.

Pero convocar a la resistencia civil por doce palabras ausentes en la reforma, mediante un votación apresurada en una tarde lluviosa, arroja serias dudas sobre la naturaleza de su liderazgo. No se si tiene razón, pero promoverlas porque “así voto la gente” luego de una arenga en plaza pública, y desechar el criterio de su propio comité técnico, es irresponsable por decir lo menos. El problema es que AMLO se está acostumbrando a liderar incondicionales, a operar en un universo bipolar: o fieles, o enemigos y traidores.

México no necesita Mesías políticos, pero sí reformadores sociales con liderazgo y representatividad. AMLO lo es, sin duda, aunque necesita interlocutores. Menos amor y odio de los otros, y más responsabilidad de su parte. www.jorgezepeda.net

Fox: No pacté con el narcotráfico

El ex presidente Vicente Fox Quesada aseguró que nunca pactó con el narcotráfico

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