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Calderón sólo le debe a México

Carlos Fuentes

Hablaba en el artículo anterior de la postura negativa de Andrés Manuel López Obrador frente a Felipe Calderón, calificado por aquél como mero “usurpador”. ¿Qué usurpa Calderón? La Presidencia de México. ¿A quién se la usurpa? Usted lo adivinó: a Andrés Manuel López Obrador. Más en una elección tan cerrada, que Calderón ganó por un mero 0.5%, ¿pudo haberla ganado López Obrador por un porcentaje similar, sólo que, en su caso, creíble? Tan creíble, añado, como los numerosos triunfos electorales de la izquierda en congresos y alcaldías, para no hablar de la aplastante victoria de Marcelo Ebrard como jefe de Gobierno de la ciudad de México.

¿Por qué no le hicieron de “chivo los tamales” a Ebrard y a López Obrador sí? ¿Porque es más guapo? ¿Porque había que darle una victoria a la izquierda menos importante que la Presidencia de la República? No: Ebrard es jefe de Gobierno del D.F. porque ganó la elección. López Obrador no es presidente de México porque perdió la elección. “O todos coludos o todos rabones”.

He sugerido que López Obrador abandone su postura valentona, a veces hasta valiente, pero al cabo improductiva, a favor de la creación de una auténtica oposición de izquierda no enajenada al pasado, sino comprometida con el futuro. López Obrador retrasa la oposición que merece el actual gobierno, que es nada menos que eso: el gobierno de México, reconocido y en trato con la comunidad mundial y sus personeros, incluyendo a Lula, Bachelet, Zapatero, Prodi, Evo Morales, Correa y el mismísimo Chávez.

López Obrador corre el riesgo de ser no sólo irreal “gobierno legítimo”, sino fantasmal oposición mientras los gobernadores y parlamentarios tienen tratos con el gobierno federal, porque así se lo exigen sus mandatos, a fin de resolver problemas populares. Corre el riesgo, al cabo, de ser gobierno de comedia, como el de don Nicolás de Zúñiga y Miranda, eterno opositor de Porfirio Díaz, a quien sólo Joaquín Pardavé, (alias) don Susanito, saludaba como “señor presidente”.

México merece más. Una gran personalidad política como López Obrador merece más. Un Presidente sitiado como Felipe Calderón merece más. Sitiado por su propio partido. La presencia de Manuel Espino al frente de Acción Nacional, el partido de Calderón es incomprensible. Salió de la dirección. Fue nombrado embajador en España. No quiso, regresó y volvió innecesariamente a encabezar un partido que le pone piedras en el camino al propio presidente Calderón, so capa de distinguir al partido del gobierno, pero con la agenda mal disimulada de mantener viva al ala de derecha extrema del PAN, no sea que sus más ardientes milicias reaccionarias se vayan a engrosar las filas del sinarquismo, la derecha de la derecha.

Sitiado también por colaboradores ineficaces. A un año de gobierno, seguramente Calderón sabe quién sirve y quién no. Tiene toda la autoridad para reemplazar a su gusto a los funcionarios de confianza que a veces no la merecen. Un gobierno sitiado como el de Calderón requiere un funcionamiento fluido de la administración. La función lo requiere, sobre todo en un gobierno cuestionado que debe demostrar su eficacia.

Sitiado por deudas electorales. Todo candidato llega al poder debiéndole algo a muchos o mucho a pocos; en este momento las campañas demócratas en los EE.UU. se encuentran bajo fuerte escrutinio por recibir fondos sospechosos o indebidos. Pero aun los apoyos legítimos deben ser objeto de frío distanciamiento cuando el candidato ya no lo es de un partido, sino presidente de una nación. O sea: los apoyos políticos y monetarios durante una campaña se pagan automáticamente cuando la campaña termina, triunfe o no el candidato.

Felipe Calderón, en pocas palabras, no le debe nada a nadie, sino al país que gobierna. Sus promotores de campaña —sindicales, televisivos, financieros— ya fueron pagados con el triunfo del candidato. El Presidente no les debe nada más que el saludo y las buenas maneras.

De lo contrario, Felipe Calderón se pasará seis años dando las gracias a intereses particulares, en demérito del interés nacional. Las gracias ya fueron dadas, repito. Calderón debe ser muy firme para proteger a su gobierno y a sus funcionarios contra pretensiones de poder invasivo y paralelo que no le darán otra cosa que dolores de cabeza y pérdida de autoridad.

Existe un interés nacional en que Calderón encabece un gobierno eficaz de autoridad incuestionada, no porque AMLO, o el SNTE, o Televisa, o tal o cual empresario quieran arrebatarle más y más parcelas de poder, sino porque Calderón —y el país— requieren un Ejecutivo que enfrente el peligro mayor para México: el narcopoder. El narcogobierno. La ocupación, máxima por mínima que pueda ser, del territorio nacional por poderes criminales.

En este punto, Calderón no se puede conformar con medidas provisionales sin convertirse, él mismo, en presidente provisional. El tamaño del desafío es tal, que rebasa de lejos a la fuerza pública. Una policía corruptible o de antemano corrompida. Un Ejército que no está hecho ni para combatir al crimen ni mucho menos para perder batallas contra pandillas.

He dicho alguna vez, sólo a medias en broma, que sólo la policía federal alemana o las montadas canadienses podrían enfrentarse a nuestros gángsters. Me sumo, sin embargo, a la solución —parcial como toda solución, de acuerdo— de un cuerpo armado especial, dedicado sólo a combatir al narcopoder, constituido por lo menos por 80,000 personas y con mandos renovables cada dos años. La idea no es mía, sino de un experimentado estadista europeo cuyo nombre no doy por razones evidentes.

Más allá del combate físico existe, claro, la posibilidad de despenalizar o descriminalizar la droga, con los grandes beneficios y los grandes peligros que esto conlleva. Pero eso es polvo de otro costal.

Lo que permanece en mi ánimo es el temor de un gobierno sitiado que caiga en la parálisis o los actos mínimos de contención y supervivencia. Para evitarlo, la izquierda debe abandonar el llanto de Boabdil y unirse para exigir lo posible y hasta lo necesario: una izquierda a largo plazo. Para evitarlo, las corporaciones públicas y privadas deben ser puestas en su lugar: son parte de la sociedad, pero no son el Estado. Para lograrlo, una fuerza pública renovada, bien pagada, bien ordenada y a prueba de cañonazos “obregonistas” debe enfrentar, como en una guerra, a los poderes del crimen.— México, D.F.

El Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la Cámara de Diputados decidió acelerar el trámite parlamentario para que el punto de acuerdo en el cual se pedirá al presidente Felipe Calderón “no hacer uso indebido de los uniformes de las fuerzas armadas mexicanas durante los actos cívicos” pueda debatirse en la sesión ordinaria de mañana jueves.

Mientras, la Arquidiócesis de México convocó a la clase política a dejar de perder el tiempo “en interpretaciones hermenéuticas francamente desquiciantes” como ha sido el tema de la ropa militar usada por los hijos de Calderón durante el desfile del pasado día 16, y exhortó a dedicarse “realmente a trabajar por el país”, toda vez que “es una posición paranoica y enfermiza de quienes critican” esa situación.

Ayer, los diputados José Alfonso Suárez del Real y Cuauhtémoc Sandoval Ramírez, integrantes de la Comisión de Defensa Nacional, concluyeron la redacción del punto de acuerdo y lo entregaron a Juan Guerra Ochoa, coordinador de enlace legislativo de la bancada perredista, quien confirmó que se buscará agilizar el trámite para que se considere urgente y de obvia resolución en la próxima sesión.

El planteamiento de Suárez del Real y Sandoval Ramírez considera que si bien la educación a la niñez debe estar “fincada en los valores y símbolos patrios”, ello “no autoriza al titular de la administración pública federal a exhibir” a sus hijos con uniformes e insignias militares en actos cívicos, como ocurrió el domingo pasado en el desfile conmemorativo del 197 aniversario del inicio de la gesta de Independencia.

Prohibiciones legales

En las consideraciones del exhorto, ambos legisladores refieren que el desfile militar constituye uno de los actos protocolarios de mayor importancia, debido a que además se reconoce la invaluable labor del Ejército y las Fuerzas Armadas en beneficio de la sociedad mexicana.

Los diputados expresaron su extrañeza por el hecho de que durante la ceremonia los dos hijos varones del presidente Calderón portaran uniformes e insignias que correspondían a los grados de mayor y teniente coronel del Ejército mexicano. El documento hace referencia a las prohibiciones legales y sanciones para quien ostente grados militares sin autorización.

El punto de acuerdo refiere varios artículos de la Ley Orgánica del Ejército y la Fuerza Aérea mexicanos, los cuales establecen que los uniformes son de uso exclusivo de estos organismos y también menciona la sanción prevista en el artículo 304 de justicia militar, de cuatro meses de prisión a quien “lleve públicamente uniforme, insignias, distintivos o condecoraciones militares, que no esté legítimamente autorizado para usar, o se atribuya grados o empleos del Ejército o de la Armada que no le correspondan”.

Para la Arquidiócesis de México, “es una pena” que por este tema se dejen de ver problemas realmente importantes, como la injusticia, la violencia y la desigualdad.

La prelatura consideró natural en el país que en actos específicos “se vista de algo tradicional a los menores de edad” o con ropa “típica para el momento”, por lo que la presencia de los infantes en el balcón presidencial vestidos de militares carece de una connotación especial, apuntó.

Terrorismo y el peligro para México

Una mentira en tiempos de aprieto, mi estimado, ¿es tan buena como la verdad? A casi diez meses de gobierno hay motivos que están poco a poco quedando desnudos para la justificación de pavimentar un accidentado camino sexenal de autoritarismo. El delicado gesto de Felipe Calderón de disfrazar a sus hijos con uniformes militares y balconearlos desde Palacio Nacional ha originado una ola de desaprobación. Como diría Juan Gabriel, ¡pero qué necesidad! O más bien, ¿la necesidad?

Porque más allá de que como padres, Margarita y su marido pueden vestir a sus hijos como les venga en gana, parecen decididos a mostrarle a millones de mexicanos la colosal inseguridad presidencial que necesita reafirmarse, legitimarse y/o confirmarse como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.

Calderón
, con ese sencillo hecho—de formas que dicen todo del fondo—, se quitó un velo más de la cara. Y lo hace en tiempos donde el ambiente nacional está cargado, muy cargado de dobles discursos, soberbia y estupendas simulaciones oficiales.

Preocupantes, my friend, deberían ser los cuidadosos deslices mediáticos del gobierno federal utilizando la simpática palabrita mágica denominada terrorismo que, manejada con exceso y sin medida, conllevará a que los demonios enloquezcan. Internacionales y domésticos.

Hoy la táctica es etiquetar al EPR como un grupo terrorista, de pasadita vincularlo con el peligro para México de Andrés Manuel López Obrador y de pilón el traje sastre de las “pruebas” del ameno financiamiento que parece ser parte de un divertido script que se prepara para enfrentar en unos meses más el desmadre, muy anunciado, por la reforma energética. U follow me?

Un compromiso ineludible que se le puso medio en chino hace unos meses a Calderón.

Algo de política ficción le deben estar vendiendo al Gymboree presidencial que encantado cae en la peligrosa trama. Misma ya aderezada con un entretenido capítulo, cortesía de Eduardo Medina Mora, de que el EPR …busca tomar el poder (cual bebida etílica o ¿lo habrá traicionado el subconsciente?) ya que cuenta en sus filas decenas o cientos de personas e introduce un dato sobre su fuente de financiamiento que medio México sabe: …Históricamente este grupo armado se financiaba con los secuestros… Ajá.

Curioso.

Sobre todo porque en ciertas regiones del país, Medina Mora sabe, hay personas importantes que han sido (y están) secuestradas. Aquí es donde el juego se vuelve peligroso. Porque quizá los revoltosos hicieron la travesura. O no.

O tal vez hay un sugestivo interés gubernamental en elevar, aún más, el perfil de riesgo nacional para justificar actos, digamos, más firmes. Y así poder ir transitando por el agitado sexenio.

El despliegue de los Operativos militares whatever no arrojó el resultado obviamente esperado: la detención de los divertidos barones de la droga.

Lo que emanó (además de los lamentables excesos) fue el mensaje con nuestro Ejército en las calles. Y de ahí a la creación del Cuerpo de Fuerzas de Apoyo Federal para combatir la delincuencia organizada y “en casos excepcionales” (clever term) ayudar a restaurar el orden. Todo este jueguetito dependía por decreto de las instrucciones de Calderón, y hace unos días metieron la reversa para inventar la espléndida cadena de mando… colegiada… donde aparece la ornamenta de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, quien está bastante demodé en el ánimo presidencial.

Curioso el timing, ¿no cree?

Y en este juego con fuego de simulaciones hay un original vaivén de comunicados, declaraciones y verdades a medias. Pero un dato irrefutable: la desaparición de Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez. Y hay tintes en las huellas, my friend, aunque los titulares de amenos despachos se avienten la papa hirviendo.

Y todo apunta a que en Los Pinos saben… lo que no saben son las consecuencias de un error de cálculo en el tablero de la tenebra integral donde pretenden colocar en este timing al EPR como epicentro del ¿terrorismo? mexicano que arrastra importantísimas derivaciones… bilaterales.

Sin duda, my friend, su apuesta es… alta, muy alta.

El presidente de la República, Felipe Calderón, entregó el mando del Cuerpo Especial de Fuerzas de Apoyo Federal al secretario de la Defensa Nacional, apenas cuatro meses después de que este agrupamiento fue creado para apoyar a las autoridades civiles de cualquier nivel de gobierno, en la restauración del orden y seguridad pública, combate a la delincuencia y a actos que atenten contra la seguridad nacional.

Originalmente el despliegue de estos elementos dependía directamente del Ejecutivo federal y participaban elementos del Ejército Mexicano.

Ahora, la petición de intervención se dirigirá al secretario de Gobernación, además de que se integra a la Secretaría de Seguridad Pública federal en la toma de decisiones.

Lo anterior se expresa en el decreto emitido por Calderón el pasado 14 de septiembre, publicado ayer en el Diario Oficial de la Federación, en el que se indica que a partir de este martes los gobiernos estatales y locales deberán presentar su solicitud de apoyo al secretario de Gobernación (y no al Presidente), quien de manera conjunta con los titulares de las secretarías de la Defensa Nacional y de Seguridad Pública federal evaluará la situación e instrumentará las medidas para, en su caso, intervenir y coordinarse con las autoridades solicitantes.

Según el acuerdo publicado en la gaceta oficial el 9 de mayo pasado, la decisión de que interviniera ese grupo dependía únicamente del jefe del Ejecutivo federal, mientras que la situación técnica, operativa y administrativa era facultad del secretario de la Defensa Nacional, general Guillermo Galván Galván.

Por cierto, la presentación oficial de este nuevo cuerpo castrense tuvo lugar el pasado domingo, en la parada militar del 16 de septiembre, cuando desfilaron integrantes de este contingente, quienes se distinguieron por usar uniforme y vehículos color caqui.

Ayer se publicaron en el Diario Oficial de la Federación los cambios al decreto presidencial.

En el documento se reitera que el grupo castrense referido integra elementos del Ejército y Fuerza Aérea mexicanos y que dependerá “técnica, operativa y administrativamente de la Secretaría de la Defensa Nacional”.

Y que el citado cuerpo castrense, además de las misiones encomendadas por ley al Ejército, tiene la encomienda de proporcionar apoyo a las autoridades civiles de cualquier nivel de gobierno, en tareas de restauración del orden y seguridad pública, en el combate a la delincuencia organizada o en contra de actos que atenten contra la seguridad nacional para lo cual “contará con los recursos humanos, materiales, técnicos, tecnológicos, tácticos y estratégicos que le permitan cumplir con tales misiones”.

Este cuerpo podrá intervenir, añade, cuando haya “solicitud expresa, fundada y motivada de las autoridades civiles que requieran apoyo”.

También precisa el texto que este cuerpo “en ningún caso podrá sustituirse en las funciones que legalmente competan a las autoridades federales o locales apoyadas”.

Las autoridades solicitantes tendrán que precisar también “las circunstancias excepcionales que la motivan, las acciones ejecutadas hasta ese momento, el área geográfica afectada, así como el periodo mínimo de tiempo en que se requeriría la intervención”.

La solicitud, precisa el documento, “deberá presentarse ante el secretario de Gobernación, quien, conjuntamente con los titulares de la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Seguridad Pública (federal), evaluará la situación a enfrentar, el estado actual de la misma, las posibles alternativas a instrumentar y, en su caso, hará la propuesta de intervención y coordinación con las autoridades involucradas”.

Será el titular de la Defensa Nacional el que autorice la intervención del citado cuerpo especial. También deja en manos del general Galván “las acciones pertinentes para proveer los recursos humanos, materiales y presupuestarios necesarios” para dar cumplimiento al decreto presidencial.

Cabe señalar que esta decisión se da en el marco del fracaso de la instrucción presidencial de diciembre pasado, para que el Ejército transfiriera 7 mil 500 efectivos y la Armada otros 2 mil 500 elementos a la Policía Federal Preventiva (PFP).

Por otro lado, no es la primera vez que el Ejército crea grupos de elite, que terminan combatiendo la delincuencia organizada con resultados contraproducentes.

En los últimos meses del gobierno de Carlos Salinas de Gortari se formó el Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (Gafes) y, posteriormente, el Grupo Anfibio de Fuerzas Especiales (Ganfes), los cuales inicialmente fueron creados como unidades de reacción rápida para hacer frente a la guerrilla en Chiapas y en otras entidades, pero terminaron por ser utilizados por el alto mando en operativos de captura de capos del narcotráfico.

Con conocimiento de que Puebla tiene 26 distritos electorales y 217 Ayuntamientos, rindió protesta Mercedes del Carmen “Paloma” Guillén Vicente como la nueva delegada regional del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, quien, según dijo, armará la estrategia electoral del tricolor para los comicios del 11 de noviembre.
En entrevista, la viuda del operador electoral del sexenio bartlista, José María Morfín Patraca, aseguró que la estrategia que implementará no contempla directrices para aminorar los daños provocados por la participación del gobernador Mario Marín Torres en la detención y violación de las garantías individuales de la periodista Lydia Cacho Ribeiro.
El argumento de la delegada para excluir los daños que provocó el escándalo Marín-Nacif es que: “Nosotros venimos a una contienda electoral, estamos precisamente en la propuesta de los candidatos, en el perfil de los candidatos y creemos que la ciudadanía es lo que se merece”.
Esquiva, la hermana del subcomandante Marcos —líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional— aseveró que una de sus principales tareas será sanar las heridas que dejó a su paso la contienda interna para la designación de los abanderados.
Sobre el éxodo de priistas que se recluyeron en el Partido Nueva Alianza, la sucesora de Maxmiliano Silerio dijo que su trabajo será sumarse a los priistas y juntos realizar un “gran esfuerzo” para la campaña electoral.
“Ahorita nos tocaría más lo que tiene que ver con la estrategia de campaña, con la campaña en sí para partir de la selección hacia un, digamos, lo que tiene que ver con la reestructuración del mismo partido de las heridas que hayan tenido y hacer un gran esfuerzo de campaña para llegar al triunfo del 11 de noviembre, a eso vengo”
Ayer, Valentín Meneses y Efraín Ariza, secretario adjunto a la Dirigencia Nacional del PRI, tomaron la protesta a “Paloma” Guillén como la nueva delegada regional del CEN del PRI en Puebla, en sustitución de Maximiliano Silerio Esparza, quien a su vez fue nombrado Delegado Regional del tricolor para los estados de Puebla, Guerrero y Oaxaca .
—Algunos medios de comunicación han manejado que su hermano es el subcomandante Marcos… —se le comentó a Guillén.
—Hace años que no respondo esa pregunta, señor.
—¿No teme que eso sea utilizado por el PAN en su contra?
—Jamás los panistas lo han utilizado en mi contra en Tamaulipas, no veo por qué lo harían en Puebla.
—¿En su estrategia está considerado el escándalo del gobernador Mario Marín Torres?

—No, señorita. Nosotros venimos a una contienda electoral, estamos precisamente en la propuesta de los candidatos y creemos que la ciudadanía es lo que se merece.

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