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Estrategia fallida

Convencidos de que las acciones del gobierno de Felipe Calderón contra el narcotráfico estarán condenadas al fracaso si no bajan pronto los índices de violencia en México, asesores del gobierno de Barack Obama proponen una estrategia que incluye operativos militares con características de contrainsurgencia urbana, una policía militar transitoria y asistencia multilateral.
Los expertos recomiendan de plano cambiar las medidas adoptadas por Calderón, cuyo gobierno “carece de una estrategia hacia la violencia relacionada con la droga”.
Consideran que sin un regulador del mercado ilegal de las drogas, la crisis de inseguridad generada por el narco –que controla varios territorios del país– tiene más paralelismos con Afganistán y Somalia que con Colombia.
La estrategia está planteada en el documento El violento mercado de la droga en México y lecciones de Colombia, elaborado por Vanda Felbab-Brown, experta en conflictos internacionales e internos de Brookings Institution, un centro de investigación cercano a Obama que se dedica a la elaboración de políticas públicas.
La relación de Obama con dicho centro es tan estrecha que el 26 de marzo pasado propuso al vicepresidente y director de Estudios de Política Exterior del instituto, Carlos Pascual, como embajador de Estados Unidos en México. Tanto en Brookings como en el Departamento de Estado Pascual se ha dedicado a estudiar países que enfrentan problemas de inestabilidad.
El documento sobre el narcotráfico en México está fechado el 12 de marzo y firmado por Felbab-Brown, pero de acuerdo con la autora contiene los comentarios y observaciones de varios especialistas, entre ellos el propio Pascual.
El documento coincide con los recientes señalamientos de funcionarios estadunidenses que molestaron a Calderón sobre el poderío del narco, la extendida corrupción policial y la ausencia del Estado mexicano en varias zonas del país, dominadas por los cárteles.
Si bien aclara que las comparaciones con Afganistán o Somalia no indican que México sea un “Estado fallido” –como difundió en diciembre pasado el Departamento de Defensa–, el centro asesor de Obama le sugiere poner en marcha políticas públicas tomando en cuenta que la violencia está fuera de control en México.
Y advierte que las medidas de Calderón para enfrentar el narcotráfico son reactivas y, en consecuencia, limitadas, por lo que plantea una “estrategia alternativa” de largo plazo para disminuir la violencia de los cárteles, pero también para regular el mercado ilegal de las drogas en México.
Como muestra de la falta de estrategia de la administración calderonista, menciona la dispersión en el combate al narcotráfico, así como la falta de transparencia y de rendición de cuentas sobre el uso del paquete de mil 600 millones de dólares para los próximos tres años en equipo y tecnología contenidos en la Iniciativa Mérida
Esto “refleja no sólo preocupaciones sobre la soberanía, sino la falta de articulación (y formulación argumentada) por parte del gobierno mexicano de una estrategia hacia la violencia relacionada con la droga”.
Vanda Felbab-Brown, especializada en la relación entre las economías ilícitas y el conflicto militar en regiones de América Latina, Asia y África (en particular la región andina, México, Afganistán y Somalia), es autora además de dos reportes recientes sobre las prioridades de la seguridad nacional de Estados Unidos en América Latina.
Los documentos fueron elaborados durante la campaña presidencial estadunidense. En mayo de 2008 publicó La política de seguridad nacional de Estados Unidos en Latinoamérica: Evaluación de la amenaza y recomendaciones de políticas para la próxima administración. En octubre, Bloqueando el crimen organizado: Adaptando la política de seguridad nacional de Estados Unidos en Latinoamérica.
Luego, en diciembre pasado, fue la encargada del Brookings Presidential Memo, titulado “Expansión de la agenda en Pakistán y Afganistán”.
A partir de comparaciones con Afganistán, Somalia y Birmania, Felbab-Brown señala que en México “pocas áreas son inmunes a la violencia relacionada con la droga”, y a tal escala que supera a la de países en guerra, al punto de que la cifra de ejecuciones en México durante 2008 “es más que el total de bajas en Irak en 2008, más que en Afganistán y seis veces más que el promedio de una guerra civil, de unas mil personas al año”, y hasta supera a la violencia que afectó a Colombia entre los ochenta y principios de los noventa, cuando hubo una confrontación similar entre el Estado y los grupos de narcotraficantes.
De hecho, el procurador Eduardo Medina Mora admitió el martes 8 en San Diego, California, en la reunión anual de la agencia informativa Associated Press, que de diciembre de 2006 a marzo de 2009 se han registrado 10 mil 657 muertes violentas relacionadas con esos grupos.
De esas muertes, 988 fueron de policías, lo que según el procurador significa que “lento, pero seguro, los cárteles están entrando en un estado de fragmentación y autodestrucción”. Además, resaltó los “miles” de detenidos por el gobierno de Calderón.
Pero lo que presenta como éxito la PGR, para los asesores de Obama es exactamente una forma equivocada de enfrentar el problema, pues consideran que la “estrategia de decapitación oportunista” de algunos capos o jefes medios simplemente propicia una turbulencia más grande en el mercado y “más batallas territoriales”.
Apoyado en las cifras oficiales, el documento deja ver que las medidas tomadas por Calderón no responden a un plan integral y hasta pueden ser contraproducentes.
Menciona que Calderón desplazó a 45 mil soldados y 5 mil policías federales en ocho estados, ha detenido a 25 funcionarios de alto nivel y a muchos otros de bajo nivel como una manera de obstaculizar “la extendida corrupción” en la policía y el aparato de procuración de justicia, y ha gastado 6 mil 500 millones de dólares para combatir a los cárteles.
Pese a ello, cuestiona los resultados, pues de los 90 mil “narcotraficantes” detenidos desde 2001, sólo 400 son sicarios; es más, la mayoría son vendedores al menudeo, lo cual ni incide en una disminución de la violencia ni debilita a las organizaciones criminales. En cambio, dice, probablemente provocará un flujo intenso de detenidos y la paralización de los sistemas judicial y carcelario, de por sí ya bajo una enorme presión.

Nuevos acuerdos, viejos arreglos

Para los asesores de Obama, la crisis de seguridad en México debe compararse con nuevos referentes: “La turbulencia en el mercado mexicano de la droga es en varios sentidos análoga al nivel de caos y violencia en los mercados con profundos disturbios, como fue el caso de Afganistán a principios de los años noventa, antes del establecimiento de los Talibanes, o en Somalia”.
Aclara que la analogía no significa que México sea un “Estado fallido”, sino que el narcotráfico mexicano “está muy desorganizado y sus costos de transacción son tan altos que afectan al propio negocio ilegal”. Es más, dice, “el mercado ilegal en México necesita que emerja un árbitro o regulador”.
En cuanto a la producción de cultivos ilegales, indica que en la última década se sembraron anualmente en México entre 20 mil y 25 mil hectáreas de amapola (de la que se obtiene el opio), lo que lo equipara con Birmania y supera el máximo que alcanzó Tailandia en los años sesenta.
En el caso de la mariguana, las cifras son todavía más altas: de 30 mil a 40 mil hectáreas cultivadas cada año. Asegura que en estados como Michoacán y Sinaloa, las drogas “representan una parte sustancial de la economía local”.
Con tales niveles de producción y los diversos grupos involucrados, el mercado de las drogas en México es muy fluido y complejo. Para estabilizarlo, los asesores de Obama consideran cuatro escenarios.
El primero es que surja una o varias organizaciones que puedan imponer un control adecuado en sus territorios, en una suerte de “división del comercio”, incluidas las rutas de contrabando. En clara alusión al régimen del PRI, dice que tales pactos existían hasta antes del año 2000.
Advierte que cuando no se logra una distribución estable de ese tipo, surgen otros actores beligerantes, como grupos insurgentes y terroristas, como fue el caso de los Talibanes, que a mediados de los noventa regularon todo tipo de tráfico ilegal en Afganistán.
Por eso considera como “atípico” que ni el EZLN, el EPR o el ERPI –a los que define como “grupos insurgentes”– hayan penetrado significativamente en el comercio de las drogas, a diferencia de lo ocurrido en Perú, Colombia, Tailandia, Afganistán y Birmania.
El segundo escenario “representa el resultado óptimo y es la meta de los esfuerzos del presidente Calderón”: el éxito del Estado en dividir a los cárteles en grupos pequeños y débiles, sin la capacidad de violencia y penetración que ahora tienen. Esa situación sería parecida a lo que ocurre en Estados Unidos y Europa Occidental.
Sin embargo, dudan que la administración de Calderón lo logre, pues entre los mayores obstáculos destacan “los muy altos niveles de corrupción” entre los 400 mil policías y los encargados de la procuración y aplicación de justicia, incluidos los mandos de “las instituciones supuestamente reformadas”, como la Agencia Federal de Investigación (AFI), creada en 2001 por el ahora secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna.
Y aun si llegara a triunfar –señala en su tercer escenario–, los narcotraficantes impondrían arreglos corporativos como los que tuvieron en el pasado con la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y la Policía Judicial Federal (PJF), lo que tendría “un fuerte rechazo” por parte de Estados Unidos.
La DFS y la PJF “nunca tuvieron la voluntad de arrestar y procesar a los capos del narcotráfico”; pero desde entonces la penetración del narco en las instituciones alcanzó a los tres grandes partidos, el PAN, el PRI y el PRD, “que han sido acusados de tener dirigentes y grandes apoyos de personas vinculadas al comercio de drogas”.
Considera que si el Estado mexicano no ofrece rápidas mejoras en seguridad, “el apoyo a la actual confrontación con los narcotraficantes se podría evaporar entre la población y las élites (y se estaría) pidiendo que se llegue a tales acomodos”.
El cuarto escenario de estabilización del mercado, y que define como “muy peligroso”, es que el Estado retroceda, limitándose a garantizar seguridad pública sólo a algunos segmentos de la población y del territorio, lo que ha sido persistente en la historia de América Latina.
Señala que, la decisión de Calderón de sacar a los militares a las calles, busca reducir los niveles de violencia impuestos por el narco; pero en lugar de conseguirlo se han incrementado las quejas por violaciones a los derechos humanos, “lo cual no es una sorpresa, pero sí una preocupación”.
Más aún, “el despliegue de militares para contener a los traficantes hasta ahora ha fallado para poner fin a la violencia. De hecho, los militares han sufrido ataques de los cárteles, lo que ha redundado en apoyo de la población a esa política”.
Pero advierte que si en el corto plazo no mejora la seguridad pública, Calderón no sólo se quedará sin opciones, sino que su fracaso tendría consecuencias peligrosas, incluido un creciente rechazo social al Ejército.
Menciona que las protestas callejeras contra el Ejército, atribuidas por el gobierno mexicano a los propios cárteles, “indican la ambivalencia hacia la estrategia militar y la incapacidad del Estado para mejorar la seguridad pública y detener la violencia”.

Sociedad militarizada

Ante ese panorama, los asesores de Obama le proponen una estrategia de tres fases que incluye un modelo de “cumplimiento enfocado” de procuración de justicia, la institucionalización de la protección de los derechos humanos y las libertades civiles, la reforma de la policía y la justicia, y el establecimiento de una unidad de inteligencia táctica y estratégica contra el narcotráfico.
La primera fase consiste en “el redespliegue de las fuerzas militares para enfocarse inicialmente en áreas estratégicas, establecer un firme control y gradualmente incrementar las áreas de predominio del Estado”.
Tal estrategia, dice, “es análoga, aunque no necesariamente idéntica, a la estrategia enfocada de contrainsurgencia urbana”. Esto no significa un aumento de fuerzas militares, sino un diferente despliegue como se hizo en las favelas de Brasil (aunque el ejemplo no precisa si se refiere a antes o después de que surgieran los escuadrones de la muerte que eliminaban a niños de la calle, particularmente en Río de Janeiro).
Una vez que los militares hayan impuesto orden, iniciaría la segunda fase, que transformaría la presencia militar en un modelo combinado de policía militar y policía comunitaria.
“Eso permitiría dispersar unidades más pequeñas de militares (o) policías militares entre la población y la construcción de relaciones con la población”. El modelo aquí son los carabineros de Italia.
La fase tres consiste en una verdadera reforma policial, para que sus elementos sustituyan a esa policía militarizada.
Respecto de la necesidad de contar con inteligencia táctica y estratégica, asegura que el Ejército mexicano carece de esa capacidad, por lo que puede constituirse como una pequeña unidad ubicada en alguna de las actuales oficinas dedicadas al combate del narcotráfico.

Las autoridades ejidales y comunales de Mitzitón, poblado tzotzil en el municipio de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, colindante con Teopisca, anunciaron su rechazo a la controvertida autopista San Cristóbal-Palenque, cuya construcción arrancaría precisamente en su territorio, y que ya está generando violencia institucional en otras partes, como Agua Azul.

Dirigiéndose a las juntas de buen gobierno del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), la otra campaña y la sociedad civil, los inconformes denuncian “que el mal gobierno pretende construir una autopista que afectaría gravemente nuestro territorio, destruyendo casas, parcelas, pastizales, bosques y manantiales”.

Y se presentan: “Somos ejidatarios de la comunidad de Mitzitón y pertenecemos al ejido Flores Magón del municipio Teopisca, en los Altos. Nuestra comunidad está ubicada a un costado de la 31 Zona Militar Rancho Nuevo. El 4 de marzo nos reunimos las autoridades ejidales y todos los ejidatarios para tratar el problema relacionado con la medición y trazos que realizaron entre el 25 y 26 de febrero los ingenieros de la Secretaría de Comunicaciones y Transporte (SCT) dentro de nuestro territorio”.

Los ingenieros mencionaron que los trazos son para la construcción de la autopista. “Hemos analizado que ella nos traerá mucha destrucción y despojo de tierras. El mal gobierno violó nuestros derechos como pueblo indígena, ya que en ningún momento se nos ha dado a nuestro conocimiento que quieren construir una autopista y tampoco se nos ha pedido permiso para entrar a nuestro territorio y hacer mediciones.”

Consideran que “ya ha comenzado la afectación porque han hecho brechas y puesto estacas en el patio de las casas de nuestros compañeros”, mientras el presidente municipal priísta de San Cristóbal, Mariano Díaz Ochoa, y la SCT federal ofrecen láminas, revestimiento de calles, tinacos, pisos firmes y otros “apoyos”.

“Al paso del tiempo nos hemos dado cuenta de que es a cambio de nuestras tierras. Lo hacen para mantenernos callados y que su proyecto avance. Pero no lo permitiremos, porque de por sí hemos venido viviendo pobres y aquí seguimos, aquí estamos y nos organizaremos y nos defenderemos, no estamos solos. Por donde han pasado sus trazos se encuentran diez casas de compañeros ejidatarios que desde hace muchos años viven en el lugar.”

También se afectarían 10 hectáreas “donde hemos venido cultivando papas, frijoles, habas, rábanos, maíz, calabaza, calabacitas, repollo, lechuga, coliflor, betabel, chícharos nativos, zanahorias, etcétera”, así como 40 hectáreas de bosques “que hemos venido conservando y el mal gobierno quiere venir a destruir con sus maquinarias pesadas”.

Señalan que el gobierno “sabe claramente que nuestra comunidad es el primer lugar de productor de semillas de arbolitos de diferentes especies, por eso la destrucción de nuestro territorio nunca la vamos a permitir, a nosotros no nos beneficia en nada la construcción de su autopista y sólo se benefician los grandes empresarios. Los malos gobiernos prometen y prometen y de lo único que salimos beneficiados son con encarcelamientos, torturas, secuestros, golpes y otras violaciones a nuestros derechos humanos para que ellos implementen sus proyectos”.

Ante esa situación, los ejidatarios acordaron “rechazar totalmente la construcción de la autopista en nuestro territorio, ya que se nos ha violado nuestros derechos como pueblos indígenas, y no hemos dado nuestro consentimiento”.

Acordaron organizarse para defender su territorio “hasta con nuestras vidas, porque son nuestras únicas tierras que nuestros abuelos nos han dejado y lo mantendremos para nuestros hijos”. Hacen un llamado a todas las comunidades por donde se pretende pasar la autopista “para que se organicen y defendamos juntos nuestros territorios”. Y concluyen: “Nuestras tierras no son negociables. Son nuestras y no de las empresas. Alto al extermino de los pueblos indígenas”.

El Canal 6 de Julio cumple 20 años de documentar aspectos fundamentales de la vida social y política de México. Desde la campaña electoral de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, con los impresionantes mítines en la región de La Laguna, hasta el movimiento de resistencia contra un tiradero de residuos tóxicos en Zimapán, Hidalgo, incluyendo la producción de un filme histórico sobre la intervención, en 1968, de la CIA en México.

Esta productora posee, quizá, el archivo más rico de imágenes de las pasadas dos décadas, con entrevistas y fotos exclusivas.

Su acervo ayuda a formar “la memoria colectiva de este país”, resumió el camarógrafo, editor y realizador Mario Viveros, integrante del equipo del canal.

La urgencia por informar, por darle herramientas a la gente para que esté enterada y luego pase a la acción, ha llevado al equipo a realizar 62 documentales, un promedio de tres por año.

Se trata de “informar, analizar, investigar y dar un punto de vista que se contrapone a las versiones oficiales”, explicó Nancy Ventura, productora del canal.

“El trabajo del canal es necesario, aunque muy marginal”, opinó por su lado Viveros. “Tenemos una posición clara, no jugamos a la objetividad.”

El abanico es amplio, aunque se enfatizan ciertos temas: los procesos electorales, el papel de los medios de comunicación electrónicos, los derechos humanos, los movimientos sociales y la guerrilla. Recientemente tocaron el tema del medio ambiente.

Con sus cintas se puede hacer una especie de radiografía del país. Basta echarle un vistazo a algunos títulos del catálogo: Zapatistas, Teletiranía, Fobaproa, Aventuras en Foxilandia, Habla el ERPI y Tlatelolco, las claves de la masacre.

Este último filme es probablemente el más conocido del canal. Reúne la más completa recopilación de imágenes del 2 de octubre de 1968.

Algunos documentales han nacido por la urgencia de informar algo, como Romper el cerco (sobre Atenco). “Antes funcionábamos mucho al calor de los hechos, tratábamos de ser los primeros en acercarnos al acontecimiento, como ocurrió en Chiapas”, dijo Nancy Ventura.

Otros son temas que el canal cree importante poner sobre la mesa, como ¿Adiós a la izquierda?, que ofrece material para un debate de qué ha hecho la izquierda en estas décadas recientes.

“Ahora hacemos documental con investigación más profunda”, siguió Ventura.

En conjunto, se trata de un archivo riquísimo que incluye no sólo lo incorporado a los documentales, sino también lo que quedó fuera.

Hoy, uno de los mayores apremios del canal es hacer un respaldo digital de todo ese material. Para empezar, sólo 12 de 62 documentales están en dvd, pero también “tenemos muchísimas horas en formatos ya descontinuados”, además “hay archivos que no tiene nadie: el plebiscito del 93 (sobre la elección de gobernantes en la ciudad de México), imágenes de la campaña del 88, un acervo importante sobre grupos armados, registros parciales de luchas obreras y entrevistas”, explicó Carlos Mendoza, fundador del canal.

La Filmoteca de la UNAM tiene interés en hacer un respaldo que quede bajo su custodia, siguió Mendoza. Pero hacen falta recursos para llevarlo a cabo.

El respaldo digital sería de gran utilidad para la gente que llega a consultar los archivos. A veces simplemente necesita revisar el material, y en otras requiere usarlo para alguna cosa. “Nos lo piden muchísimo y lo cedemos, dependiendo del proyecto, porque hay un compromiso con el material, hay esa confianza con el canal de que vas a usar el material correctamente”, explicó la productora.

Por su parte, el camarógrafo Pablo Ramos, quien apenas iba a entrar a la primaria cuando inició la productora, dijo que los documentales deberían ser “un medio para preservar la historia, un poco como las primeras planas que se imprimieron de las gacetas que ahora nos sirven para hacer una investigación. El documental tiene que hacerse con esa visión hacia el futuro, de que sean para consulta posterior. La principal función del documental sería servir como consulta, para conocer la historia”.

Además, “más allá del documental, el archivo es importante para futuras consultas”.

Romper el cerco

Respecto del peso que un documental pueda tener para que las cosas cambien, Mario Viveros opinó que “depende de qué tanto la gente se apropie de él y lo utilice; no depende de ti, sino de los movimientos sociales y los ciudadanos”.

Viveros mencionó el caso de Romper el cerco, que fue ampliamente distribuido por organizaciones y activistas vía Internet y ayudó a difundir, en México y afuera, lo que estaba ocurriendo en Atenco. Al canal llegaron colaboraciones de gente que había hecho “subtítulos en alemán, portugués, italiano…”

Romper el cerco fue un caso especial en varios sentidos: se hi-zo rápido (en tres semanas) por la urgencia de informar, se realizó en colectivo (con ProMedios, Indymedia y otros) y se subió a Internet con copyleft (por oposición a copyright), explicó Viveros.

Debido a que toca temas políticos delicados, la productora ha sufrido allanamientos y llamadas telefónicas y correos electrónicos intimidatorios.

El “colchón”

El Canal 6 de Julio se mantiene al margen de apoyos gubernamentales o de empresas privadas y casi no participa en festivales. “La mayor parte del financiamiento viene de encargos que nos piden”, explicó Ventura. “La venta de los videos y los trabajos externos nos permiten seguir produciendo”. Filmaron campañas políticas para Cuauhtémoc Cárdenas, Lázaro Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador; lo ganado sirve de “colchón”, explicó Ventura.

Altas y bajas

Carlos Mendoza comenzó a trabajar en documentales a mediados de los años 70. Su primera aproximación fue un proyecto que nunca cuajó sobre la Tendencia Democrática de los trabajadores electricistas, con una entrevista al dirigente Rafael Galván.

Luego Mendoza estudió en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos. Entre 1979 y 1983 él y Carlos Cruz realizaron tres documentales premiados: Chapopote, Chahuistle y Los encontraremos.

Tiempo después hizo un documental acerca del movimiento universitario en 1986. El resultado fue UNAM: la fuerza de la razón.

Luego fue invitado a filmar la campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988. En mayo de ese año sacaron Tiempo de esperanza, un registro de todos los días con el candidato. “Tratábamos de vender copias y la gente decía, ¿para qué lo quiero? No había la costumbre del video”, recordó Mendoza.

En septiembre sacaron Crónica de un fraude, acerca de lo ocurrido en el proceso electoral del 88: “Fue un asunto sorprendente: las copias volaron, hicimos una exhibición concurridísima en un cine al sur de la ciudad, la gente dio portazo. Se hicieron más proyecciones. Y, sobre todo, se difundió de mano en mano. Como anécdota te cuento de gente que subía televisor y videocasetera a su coche y se iba a recorrer las comunidades para exhibir la cinta. Creo que es la primera vez (en México) que un documental independiente llena una sala, recupera económicamente, brinda ganancias a la productora y tiene una difusión tan amplia”.

Fue en este contexto que se fundó el Canal 6 de Julio, en enero de 1989.

“Nunca creimos que duraría más de un año, pensamos que el canal acompañaría lo que quedaba del movimiento y que se harían dos o tres trabajos y ya.”

Han sido 20 años de altibajos. Los integrantes del canal opinan que está vinculado con la “efervescencia social”.

En 1991 estrenaron el documental San Luis: lección de dignidad, acerca del movimiento cívico encabezado por Salvador Nava, el cual tuvo gran éxito.

En 1994, como para confirmar el estrecho vínculo entre los tiempos sociales y los del canal, cuando hizo su aparición pública el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), otra vez el trabajo del canal repuntó. El primer documental, “bastante malo, pero muy inmediato, se vendió de manera impresionante”. Siguieron varias producciones sobre este tema, hasta llegar al recuento más completo, Zapatistas, crónica de una rebelión.

En el caso del EZLN, así como de otros movimientos armados y sociales, el canal podía entrar donde otras no. Y “a la inversa: a los actos oficiales teníamos que ir a escondidas”.

A lo largo de 20 años han hecho coproducciones con organizaciones no gubernamentales, sindicatos y medios de comunicación (con La Jornada coprodujeron Tlatelolco y Zapatistas).

Actualmente, entre otros proyectos, trabajan en actualizar La guerra oculta, sobre la militarización de la vida civil, y en una producción que por ahora se llama Protestar es un derecho (coproducción con la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos Todos los Derechos para Todos y Todas), “una reflexión de cómo el gobierno actual ha criminalizado la protesta social”, anunció Mario Viveros, quien dirige estos dos documentales.

Desde las acciones político-militares contra los ductos de PEMEX en 2007, ninguna otra organización guerrillera se había expresado sobre ellos. Pero la situación ha cambiado. La “Coordinación Revolucionaria” (CR) profundiza sobre éste y otros temas. Y su importancia radica en saber de su ideario, su posicionamiento y conocer la forma en que asumen la actual coyuntura política.

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A pesar de su importancia, de la poca o nula atención que hoy posee el tema de la guerrilla en los medios masivos de comunicación mexicanos, gran parte –sino en forma absoluta– se refiere al Ejército Popular Revolucionario (EPR). Esta cuestión tampoco ocupa ahora algún espacio “en agenda”, como el alcanzado en el segundo semestre de 2007 con los sabotajes contra los ductos de Petróleos Mexicanos (PEMEX). Mientras tanto, otras organizaciones –escisiones del tronco eperrista en este caso– están actuando conjuntamente desde, al menos, el 28 de junio de 2006. La fecha, por supuesto, no es casual pues refiere al décimo aniversario de la primera presentación pública del EPR en el vado de Aguas Blancas y marca el inicio de la “nueva ola” de organizaciones guerrilleras actualmente en actividad.

Desde hace casi tres años la CR ha dado a conocer once comunicados (“Manifiestos a la Nación”) suscriptos por cada una de las organizaciones que la integran: Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos (MRLCB), Tendencia Democrática Revolucionaria-Ejército del Pueblo (TDR-EP) –las dos organizaciones más conocidas–, Organización Insurgente 1º de Mayo, Brigada de Ajusticiamiento 2 de Diciembre, Unidad Popular Revolucionaria Magonista (ausente en el texto de diciembre de 2007), Brigadas Populares de Liberación (hasta diciembre de 2006) y el Colectivo Revolucionario Francisco Javier Mina (hasta agosto de 2006). De todas ellas, Tendencia es la organización más antigua y activa. Cabe agregar que la experiencia de coordinarse entre grupos eperristas reconoce un antecedente del año 2001, cuando las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo, el Ejército Villista Revolucionario del Pueblo y luego el Comando Justiciero 28 de Junio constituyeron la Coordinadora Guerrillera Nacional José María Morelos.

En forma conjunta, llevaron a cabo un acto de propaganda armada en las afueras de Oaxaca en septiembre de 2006 y las acciones político-militares de noviembre del mismo año en el Distrito Federal, con la colocación de explosivos contra “blancos simbólicos” políticos, económicos y judiciales; y ofrecieron una conferencia de prensa para medios de comunicación del estado de Guerrero y una entrevista al periódico La Jornada en diciembre también de 2006.

No obstante, esta resulta la primera vez que las organizaciones enumeradas acceden a responder un cuestionario escrito tras las acciones eperristas contra PEMEX y después de la conformación de la Comisión de Mediación, que entiende sobre el caso de los dos desaparecidos. Y no sólo ello sino que, además, fijan su posición respecto a diversos temas de la coyuntura que servirá para ubicar el ideario que sostienen.

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La primera de una serie de preguntas refiere a si la coordinación es hecho es coyuntural o de largo aliento, a lo que respondieron:

“Una pretensión del Neoliberalismo en el plano ideológico precisamente fue convencernos de que no hay más que una opción en el rumbo de la humanidad. Y precisamente se trata de romper de manera radical con esa visión de que sólo hay un camino para lo que sea. En nuestra América desde las raíces más profundas, la característica más visible es la diversidad, lo que se traduce en variados proyectos, diversos pensamientos y múltiples sujetos. Pensar entonces en la unidad conduce a la eliminación –o subordinación– de alguno o algunos proyectos que ahora existen y se desarrollan en las distintas latitudes de México. Es por ello por lo que proponemos la articulación. Así pues, la coordinación pretende ser un proceso de largo plazo y, en consecuencia, estratégico, ya que asumimos que la transformación social profunda requiere de la articulación de todas las voluntades en una sola voluntad popular nacional, cuya acción transformadora no suprima ni la diversidad ni la diferencia, antes al contrario, se apoye en la pluralidad de luchas, sujetos e ideas para la construcción de un mundo otro. A nuestro juicio, ninguna organización por sí misma puede garantizar dicha articulación, y menos si no se construye ésta con base en el respeto a la dignidad, la autonomía y la diferencia. La coordinación que varias organizaciones revolucionarias armadas hemos venido impulsando intenta ser congruente con esta visión.”

En cuanto a sus objetivos, destacan:

“1) Contribuir a la transformación social profunda de nuestro país construyendo, desde abajo, un nuevo modo de producir y reproducir nuestra existencia, así como un nuevo poder, más allá del Capital y del Estado. 2) Hacer frente común a la ofensiva capitalista-neoliberal y, más concretamente, a la injusticia y a la impunidad que dicha ofensiva ha profundizado en México a niveles nunca antes vistos.”

En cuanto a la toma de decisiones a su interior, generalmente las organizaciones político-militares practican el “centralismo democrático”; pero este caso expresa algo distinto:

“Nuestras decisiones han sido tomadas en reuniones de carácter horizontal y policéntrico, donde han tenido más peso las coincidencias que las diferencias. En este esfuerzo pretendemos que las directrices sean resultado de la elaboración de propuestas al interior de cada estructura para, luego, ser consensadas en el espacio de la coordinación. Y que la elaboración de propuestas en el espacio de la coordinación sean discutidas al interior de cada estructura. Nuestro objetivo es que la toma de decisiones, sea resultado de un proceso democrático: 1) participativo, en el que la militancia de cada organización tenga el papel primordial en la conducción del proceso; y, 2) delegativo, en el que las comisiones representativas tengan una función derivada.”

La etapa actual que la CR transita se corresponde a un momento de reafirmación interna y apertura:

“En el intento de dar a ésta mayor cohesión a partir de principios, metas y estrategias comunes. Y, en relación con este intento, en el intercambio de experiencias que fortalezcan a cada organización, y en la elaboración colectiva de planes de trabajo.”

En cuanto a sus vínculos con otras organizaciones, señalan:

“Tenemos relación con otras organizaciones revolucionarias armadas, pero no con el propósito exclusivo de ampliar esta coordinación. Desde luego, estamos abiertos a la incorporación de la organización que lo desee, siempre y cuando haya coincidencias de fondo. En este sentido, esperamos ir dando a conocer paulatinamente los resultados de este proceso, por medio del cual pretendemos potenciar nuestras fuerzas y posibilidades de acción y transformación revolucionaria.”

“Como la realidad misma: diversa, contradictoria y enriquecedora, pero ante todo de reconocimiento y de respeto. Ofrecemos nuestro análisis, experiencia y solidaridad, sin la pretensión de ser los ‘poseedores de la verdad’, los ‘poseedores de la línea correcta’, o los ‘verdaderos revolucionarios’. Tratando de aprender de los demás, de las luchas lejanas, recientes o actuales, tanto de nuestro pueblo como de otros pueblos. Nos esforzamos por apegarnos a principios revolucionarios, ser consecuentes en nuestra práctica y estar abiertos a recoger las enseñanzas de otras organizaciones y luchas.”

Ante la pregunta si la guerrilla se está expandiendo hacia otros puntos de la República y dejando su espacio histórico, Guerrero, respondieron:

“El surgimiento y actual presencia de la guerrilla en diversos puntos del país, incluido Guerrero, es resultado del acelerado deterioro en las condiciones de vida del pueblo mexicano, bajo el modelo neoliberal-capitalista, y no de un mero ‘corrimiento’ de esa forma de lucha. Guerrero no ha sido la única región histórica de la guerrilla en México, aunque sí una de las más importantes.”

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A partir de aquí, las preguntas versan en torno del EPR, su campaña militar por los desaparecidos, la Mediación y su posición sobre las razones que impulsaron su actual producción político-militar.

“La campaña militar de esta organización quedó enmarcada en la exigencia de presentación con vida de sus compañeros desaparecidos. Y aunque el inicio fue tardío, la presión política que ejerció el sabotaje a los ductos de PEMEX fue parcialmente efectiva. Difundió la denuncia de sus desaparecidos, generó la repulsa social contra la desaparición forzada y dio pie a la formación de una comisión ciudadana que aceptó presentar al gobierno federal las exigencias de dicha organización.”

En cuanto a la Comisión de Mediación y de cuál sería la actitud de la CR en esa situación, subrayaron:

“El proceso de mediación, y la comisión que lo encarna, constituye la expresión del reconocimiento político que se imponen, y se otorgan, recíprocamente dos contendientes, en el despliegue de una antagonismo social que los contiene y los rebasa, en este caso, a partir de una serie de hechos: la desaparición forzada de dos militantes eperristas, y las acciones de presión político-militar desarrolladas por el actual EPR para exigir la presentación con vida de sus militantes. El hecho no es menor, pues las millonarias pérdidas económicas, obligaron al gobierno federal a reconocer –prácticamente–, como fuerza insurgente, al PDPR-EPR, a fin de congelar el conflicto y ganar el mayor tiempo posible, en la perspectiva de golpear y desarticular militarmente a dicha organización. El acuerdo explícitamente establecido entre nosotros en estos momentos es el de accionar militarmente frente a la captura y posible desaparición forzada de que pueda ser objeto cualquiera de nuestros militantes.”

Por último, se preguntó sobre los dichos de Felipe Martínez Soriano quien señaló que los atentados contra PEMEX fueron planeados por años y que un solo grupo no posee la logística para llevarlos a cabo (El Universal, 16 de julio de 2007); en tanto que para Edgardo Canseco, la propuesta del EPR fue una respuesta para “romper el cerco armado en su contra”, fundamentalmente por los anónimos que circularon con una presunta entrevista con uno de los desaparecidos (El Universal, 18 de mayo de 2008). Ante ello, respondieron:

“Que ambas consideraciones son producto de la desinformación. En el primer caso porque a pesar de los desprendimientos que vivió dicha organización, demostró capacidad para actuar, aunque de manera tardía e insuficiente. Y en el segundo caso, porque resulta insostenible pensar que una organización político-militar, con una estructura conspirativa, pueda encontrarse en un ‘cerco armado’, pues podrá estar cercada momentáneamente alguna célula, núcleo, concejo o comité de una organización, más no toda ella. Técnica, táctica y logísticamente varios grupos políticos-militares que existimos en México tenemos la capacidad militar para realizar atentados a la infraestructura económica del estado mexicano, así como golpearlos en otros aspectos. La realización o no de estas acciones dependen de la valoración, de las necesidades políticas, generales y particulares tanto de la lucha revolucionaria como de los proyectos político-militares que existimos.”

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Desde el año 2003 hasta noviembre de 2006, la CR –o parte de ella– era la única expresión (o conjunto de expresiones) de estas características que se mostraba activa militarmente. Ante las explosiones contra los ductos y la denuncia por los desaparecidos del EPR asumieron una tregua, la que hicieron conocer a través de comunicados públicos, y manifestaron su apoyo a doña Rosario Ibarra de Piedra como integrante de la Comisión de Mediación.

Debe anotarse, también, que la CR no esgrime un cuestionamiento profundo al EPR. Y no es un dato menor si se considera que se trata de una experiencia, la del eperrismo, que transitó la mayor parte de su existencia entre divisiones, recriminaciones mutuas y enfrentamientos. Las diferencias subsisten, sí, pero los tiempos parecen haber cambiado.

Investigador – Centro de Documentación de los Movimientos Armados – www.cedema.org

Finalizan negociaciones; alertan actos del EPR

La falta de interés y voluntad política del gobierno federal para esclarecer la presunta desaparición forzada de dos integrantes del Ejército Popular Revolucionario (EPR) puede motivar el resurgimiento de acciones violentas de ese grupo armado, advirtió la Comisión de Mediación que dio por terminados sus trabajos.

Este mensaje de advertencia lo hicieron los integrantes de la Comisión de Mediación que durante un año sirvieron de canal de comunicación entre el EPR y la Secretaría de Gobernación, para la presentación con vida de Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, desaparecidos en Oaxaca en abril de 2007.

Carlos Montemayor afirmó que la posibilidad de que resurja el EPR se debe a que el grupo armado se comprometió a declarar un alto el fuego y suspensión de hostilidades durante el tiempo que duraran las negociaciones de la Comisión de Mediación.

Sin embargo, como este organismo, al cual también pertenecen los intelectuales y luchadores sociales Miguel Ángel Granados Chapa, Rosario Ibarra de Piedra y Samuel Ruiz, decidió hoy poner fin a su misión, se abre la puerta a que el EPR desconozca ese pacto.

“Al principio del proceso mediador, la parte oficial mostró cierta apertura, que fue correspondida con una atención muy intensa de la prensa. Posteriormente el gobierno federal se mantuvo en la tesis de que sólo mediante la resolución judicial se podrá determinar si el hecho que nos ocupa es o no una desaparición forzada.

“Y aunque en algún comunicado de la Segob se mencionó ese ilícito regulado por la jurisdicción internacional, más tarde se insistió en meter el asunto en la camisa de fuerza de las gestiones ministeriales”, dijo Montemayor.

En tanto, Granados Chapa afirmó que el gobierno federal perdió una oportunidad histórica de aclarar por vías pacíficas el presunto delito, y lamentó que con esa actitud abre la posibilidad de que se registren nuevas acciones violentas del EPR.

La Comisión de Mediación anunció que su decisión de ponerle fin a sus actividades ya fue comunicada a la Oficina de la Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en relación con el reporte que la ONU emitió recientemente sobre desapariciones forzadas en México.

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