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En México se hace urgente un cambio profundo
en el modelo de desarrollo, debido a que en las últimas décadas las condiciones sociales y económicas para la mayoría de los mexicanos se han mantenido invariables y, por el contrario, en otros casos su situación se ha agravado, manifestó Jacobo Silva Nogales, ex integrante del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI).
Junto con su esposa, Gloria Arenas, ofreció una plática –llena de anécdotas y experiencias como participante de grupos armados– sobre presos políticos, en la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM.
Silva Nogales advirtió que en el país perviven los caciques como Rogaciano Alva (actualmente arraigado por presuntos vínculos con La Familia Michoacana), que ejercen la represión, de forma impune y con el consentimiento de las autoridades, contra los luchadores sociales.
Consideró que de mantenerse esta situación de impunidad, cuando llegue el cambio político, económico y social, éste va a ser más violento, por lo que tiene que darse ya. El gobierno (de Felipe Calderón) está dando pie a que haya violencia porque está actuando con violencia, y a que la gente ya no confíe en su palabra, por lo que llamaría al pueblo a que se incorpore a la lucha social y ponga su grano de arena
.
Luego de su liberación en octubre del año pasado, tras una década de injusto encarcelamiento
, explicó en entrevista que en su nueva faceta de lucha social por la denuncia, la movilización y el cambio
del país emprenderá su caminodesde la izquierda y desde abajo
, acompañado de su compañera de vida y de lucha.
“En esta nueva lucha social tiene que cambiar todo, porque la economía del país está por los suelos; tiene que dejar de ser elitista, y debe haber una mayor participación del pueblo en las utilidades económicas y en la toma de decisiones.
“A finales de los años 70 empecé a participar políticamente en la guerrilla para que hubiera un cambio; de entonces a la fecha han cambiado muchas cosas, pero de forma superficial. En el fondo la cuestión está bastante parecida, y a veces peor de lo que estaba en aquellos años.
Antes uno se quejaba de la gran desproporción de mexicanos que estaban en la pobreza y extrema pobreza; ahora su número se ha agudizado, y se puede ver el abismo que hay entre unos cuantos como Slim y el resto de la población que apenas tiene para comer. La pobreza de ahora también está afectando a la clase media, y hasta a la empresarial.
Microhistorias zapatistas
n aporte al “debate sobre el impacto de la rebelión zapatista en las regiones indígenas de Chiapas”. Al estallar el levantamiento del 1 de enero de 1994, en el mundo académico predominaron primero los estudios sobre sus causas y los orígenes de este movimiento, al igual que la historia de otras organizaciones indígenas que ese año apoyaron muchas de las reivindicaciones de los zapatistas, aunque discreparan de la lucha armada. Cuando el EZLN y el gobierno federal negociaron en torno a los derechos indígenas, las revistas y editoriales académicas impulsaron una discusión más política que “científica”. La suspensión de las negociaciones en 1996 y la aprobación de una reforma constitucional sobre los derechos indígenas en 2001, impugnada por el EZLN, trasladaron la atención a la práctica de la “autonomía” en las comunidades con importante presencia zapatista. Este libro ofrece una pequeña muestra de estos estudios de caso y de otros sobre comunidades donde la rebelión reactivó la lucha agraria. Las microhistorias permiten observar cómo grandes procesos sociales, políticos y económicos son “leídos” desde lo local por grupos (que no eran homogéneos ni estáticos) que utilizan los discursos foráneos (el “agrarismo”, la “Palabra de Dios”, el “zapatismo”, la “transición a la democracia”…). El zapatismo fue posible gracias al grado de organización social y política en las comunidades: una amplia experiencia ejidal y campesina previa de los indígenas en los conflictos agrarios y las luchas políticas.
Se constatan “las semejanzas y diferencias de los zapatismos locales”, una singular conjugación local, regional, nacional y global de estructuras y procesos, junto con las historias de los múltiples actores involucrados de distintas maneras en la constitución del EZLN. Los autores de los siete estudios reunidos aquí se preguntan “cómo un conjunto de indígenas de la Selva Lacandona, Los Altos y el norte de Chiapas decidió rebelarse o no… esto puede explicar por qué el zapatismo se constituyó como proyecto político-militar dominante en ciertas comunidades (La Garrucha y Santa Catarina), disputado y dividido en otras (Buena Vista Pachán y San Andrés Larráinzar), respaldado temporalmente (Nuevo Francisco León, Veracruz, Saltillo y El Coloquil), o que después del alzamiento fueron marginales. Se puede trazar una cartografía donde se advierten archipiélagos zapatistas en un océano de comunidades indígenas no zapatistas: una geografía que ha ido cambiando a lo largo de 25 años. La vida social se tornó más compleja al establecerse vínculos estrechos y duraderos con el estado, el mercado, las iglesias y múltiples organizaciones políticas y sociales. Se abrieron nuevas oportunidades pero también nuevos retos, reflejados en la progresiva pérdida de poder e influencia del mundo mestizo local y regional a favor de los nuevos actores indios; en la formación de mecanismos de solidaridad social en un espacio de cooperación, competencia y conflicto; y en la formación de nuevos tipos de liderazgos comunitarios.
Una reflexión final: “el zapatismo representa una paradoja… Si bien los efectos del levantamiento de 1994 aceleraron las transformaciones en las regiones indígenas de Chiapas, las propuestas del EZLN para los múltiples problemas prevalecientes no han contribuido a resolver las necesidades e intereses de los indígenas, como lo demuestran tanto las deserciones del movimiento como el incremento de la migración laboral”.
* Marco Estrada Saavedra y Juan Pedro Viqueira (coordinadores), Los indígenas de Chiapas y la rebelión zapatista. Microhistorias políticas, El Colegio de México, México 2010, $230, 460 pp. ISBN 978-607-462-052-8
2010: un año propicio para la revolución en México
Las insurgencias de 1810 y 1910 alimentan la creencia de que este siglo también tendrá un”estallido social”
Algo mantiene atemorizados a los políticos aquí. Se trata del número 10.
La llegada del año 2010 despierta reminiscencias y temores de que la historia se vuelva a repetir. Esto se debe a que en los últimos dos siglos, ha habido dos revoluciones en México, y ambas en años terminados en 10.
“Es como una tradición cada 100 años”, dice Jaime Abundis, un historiador mexicano.
Primero fue una noche de 1810, cuando un cura insurgente llamado Miguel Hidalgo dio un grito de guerra que animó a miles de mexicanos a salir a las calles para derrocar a los españoles.
Luego vino 1910, el año que se suponía marcaría un hito para el gobierno por los festejos del centenario. Se realizaron desfiles y banquetes, pero al cabo de unas semanas comenzó la Revolución Mexicana.
La numerología no es un pensamiento marginal en México. Es un tema recurrente en los principales diarios y entre los políticos del país. No hace mucho, el periódico El Universal sacudió a sus lectores con tres columnas de opinión premonitorias al respecto: “El miedo del 2010″, “La revolución pendiente” y “2010: ¿tercera revolución?”.
“En asuntos históricos a veces los números dicen más que las palabras”, escribió el autor de una columna titulada “1810, 1910, 2010″ que se publicó el 1 de enero.
El tema se ha vuelto tan común que la revolución imaginaria incluso ya tiene un nombre: “estallido social”. Casi todos los días, se puede escuchar a políticos mexicanos advirtiendo sobre su llegada.
El 3 de enero, José Guadalupe Martín, arzobispo de la ciudad de León, advirtió sobre un posible estallido social entre los pobres descontentos con el estancamiento económico del país. Dos días después, Cruz López Aguilar, presidente de la principal organización de trabajadores agrícolas de México, la Confederación Nacional Campesina, ofreció su predicción: 2010 es un año que invita a la insurrección… hay condiciones para un estallido social”.
Andrés Manuel López Obrador, el ex alcalde de la Ciudad de México que perdió una reñida elección presidencial en 2006, dice que el estallido social ya se vive en México. En una entrevista, López Obrador señaló que en los últimos tres años ha habido casi 15.000 asesinatos, en referencia al creciente número de víctimas de la guerra de México contra los poderosos carteles de la droga.
Es una batalla que muchos mexicanos, incluido López Obrador, dicen que el gobierno está perdiendo.
Acontecimientos recientes sólo le han echado más leña al fuego. A fines de 2009, el gobierno dejó filtrar información de que en un rancho en el estado de Chiapas, policías hallaron 500 granadas, ametralladoras, rifles y miles de cartuchos. El plan, según las autoridades, era movilizar a fuerzas rebeldes para derrocar al gobierno estatal durante las ceremonias del bicentenario en septiembre de 2010.
Diego Osorno, un periodista de 29 años del diario mexicano Milenio, tiene un blog sobre elementos subversivos de México que van desde ex narcotraficantes hasta anarquistas. “Sin duda, este es un momento muy, muy importante para las guerrillas”, dijo. Osorno opina que los rebeldes aprovecharán la simbología del año y que se puede esperar grandes despliegues de propaganda.
Osorno, autor de un libro sobre movimientos insurgentes que incluye un capítulo titulado “Nos vemos en el 2010″, afirma que es probable que haya una serie de incidentes de menor escala y menciona explosiones en dos sucursales bancarias en las afueras de la Ciudad México el día de Año Nuevo que solamente dañaron ventanas. Osorno, sin embargo, no espera que haya una repetición a gran escala de las revoluciones de 1810 y 1910.
En cambio, dice, los posibles incidentes se inspirarían, aunque a menor escala, en los atentados de la izquierda radical de Estados Unidos, que en 1970 hizo estallar bombas en edificios del gobierno y ayudaron a sacar de prisión al ícono contracultural Timothy Leary.
Naturalmente, hay quienes no creen en las revoluciones imaginarias. “Lo que están oyendo es pura fantasía”, opina Carlos Montemayor, un ensayista mexicano que alguna vez hizo de mediador entre los grupos guerrilleros y el gobierno. Montemayor dice que la creencia de que habrá un estallido social en una fecha en particular no tiene base histórica ni sociológica.
Una de las voces más escépticas sobre el estallido social pertenece, curiosamente, a uno de los grupos guerrilleros. El Ejército Revolucionario Popular, una organización guerrillera que opera ocasionalmente en algunos estados sureños, se queja de que el temor es un invento del gobierno.
“Políticos de oficio de toda índole han recurrido en sus discursos al estallido social como un chantaje político, unos para asegurar más canonjías y otros para obtenerlas”, escribió un autor anónimo en el periódico del grupo guerrillero, El Insurgente.
Osorno dice que estará atento a señales de disturbios en México este año, aunque no vengan de uno de los grupos guerrilleros más conocidos. Y quizás no sean obvias hasta verlas en retrospectiva, añade.
En la Revolución Mexicana de 1910, por ejemplo, los libros de historia la sitúan en la frontera con Texas sólo un mes después de que México celebrara el centenario de la república. No obstante, cientos de kilómetros al sur, en la capital, pocos parecían estar al tanto ese año de una distante insurrección liderada por Francisco I. Madero, quien supuestamente habría recibido luz verde para iniciar su rebelión durante una sesión de espiritismo. La lucha real no comenzó hasta el asesinato de Madero en 1913, que dio lugar al surgimiento de figuras como Emiliano Zapata y Pancho Villa, un bandido que se convirtió en héroe nacional. Osorno explica que la noción de que lo que estaba sucediendo era una revolución no se propagó hasta 1913.
Ernesto Nava Villa, el último hijo sobreviviente de Pancho Villa, sostiene que es posible que haya más rebeliones. “Si ya ocurrió dos veces, ¿quién puede decir que no volverá a suceder”, se preguntó hace poco.
Si llegara a ocurrir, Nava Villa no lo verá; falleció a los 94 años antes de fin de año.
Por otro lado, tal vez no suceda nada. “Eso sería igual de histórico, quizás más”, señala Osorno. “Sería la primera vez que pasan 100 años en México y no hay una revolución”.
“No vamos a decir que cada 100 años se hace una revolución”
El cadáver de Omar Guerrero Solís apareció en una fosa clandestina el pasado 20 de noviembre, aniversario de la Revolución Mexicana. Unas semanas antes, el guerrillero conocido como comandante Ramiro, quien primero militó en las filas del EPR y luego en las del ERPI, concedió la que sería su última entrevista al escritor estadunidense John Gibler.
Gibler, autor del libro México no conquistado —que será traducido y publicado el verano próximo en México por la editorial Debate—, entregó a MILENIO la grabación de esta conversación ocurrida en algún lugar de la Montaña de Guerrero. En ella, Ramiro, quien fue ejecutado al estilo de la mafia, habla sobre batallas ignoradas, planes insurreccionales para este 2010, la vigencia de la lucha armada y de su propio paso de campesino a miliciano.
En la entrevista, brindada en la clandestinidad, Ramiro revela la existencia de enfrentamientos previos entre la columna de hombres armados bajo su mando y soldados del Ejército que participaron en una incursión a la comunidad guerrerense de Puerto Las Ollas, en la cual, de acuerdo con un amplio reportaje publicado el 9 de julio por The Washington Post, hubo actos de tortura contra los pobladores.
Armas y flores
Las incursiones a esta población enclavada en la agreste serranía, han continuado. El 19 y 20 de diciembre organizaciones no gubernamentales reportaron la más reciente, en la cual, un grupo de soldados realizó cateos y recorridos “buscando a los que se quieren levantar en armas en 2010”, según testimonios recopilados.
Ramiro narra en la entrevista con Gibler y otras personas, que el tiroteo entre su columna y el Ejército se dio fuera de la comunidad de Puerto Las Ollas y en una circunstancia similar a la del enfrentamiento sucedido el 7 de junio de 1998, en la comunidad de El Charco, municipio Ayutla de los Libres, donde también estuvo presente el guerrillero. “Los pobladores (de Puerto Las Ollas) no dispararon pues, ahí están sus hijos. Pero el monte es otra cosa. Nos persiguieron al monte y esa vez si se dio”, dice Ramiro.
—Lo acusan de asesino —le replica el escritor al guerrillero.
—¿Cómo vamos a enfrentar al Ejército, con flores? No. En los enfrentamientos algunos cayeron. Si de eso me acusan, acepto. Pero nada de civiles, ni secuestros ni violación, como se ha acusado en la prensa.
Batallas desconocidas
De acuerdo con el relato ofrecido por Ramiro, por lo menos fueron dos los soldados que murieron en ese enfrentamiento, el cual no se menciona en ninguno de los registros oficiales públicos de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Lo que narra el fallecido guerrillero del ERPI parece el parte de una guerra desconocida que se libra en aldeas lejanas de Guerrero: “Se respondió en una manera muy contundente, pues, solamente para que dejaran de perseguir a la gente. Fue autodefensa. Fue el primer día. Se pone en contención porque iban rodeando los cerros y se da otro choque. Y otra columna del Ejército también quería entrar por otro lado y también la paramos. Ya no siguieron a la gente, ni a nadie.”
Vivir bien
Sobre las críticas lanzadas contra el ERPI por algunos ex guerrilleros que participan en el gobierno de Zeferino Torreblanca y que consideran anacrónica la vía armada, Ramiro responde: “Lo dicen porque ellos ya viven bien. Otros lo dicen porque nunca de veras estuvieron entregados a una lucha por su pueblo, porque quien de veras lucha por un cambio, así sea lucha armada o como sea, da la vida por él, y no nada más lo dice. A lo mejor tendrán algún puestecito por ahí, tendrán algunas comodidades que mucha de la inmensa mayoría de nuestros hermanos mexicanos no las tienen.
“Si existe un movimiento armado es porque hay las condiciones para eso, hay pobreza, hay injusticia, hay represión. Por eso se da. No se da nada más por gusto… ”.
La gente se enfada
—¿Las comunidades no tienen mas opciones?
— Pues se están cerrando las puertas porque si el pueblo quiere elegir a un candidato o elegir a alguien para un puesto y ese candidato o ese funcionario llega ahí y no cumple con lo que dijo en la campaña o con lo que la gente quiere y así se da siempre, todo el tiempo, tanto y la gente se enfada como es el caso de nosotros.
Yo no nací guerrillero, no nací armado: fue la represión, la injusticia, la pobreza lo que nos orilló a esto. No es nada mas por gusto que yo voy a agarrar un arma y me voy al monte. Aquí se duerme en el campo, en la lluvia, sin comer, cansado pero siempre con la idea de que un día la cosa sea mejor para todos.
Marcos y el año 2010
Ramiro asegura en la entrevista que el ERPI cuenta con una base social amplia, no sólo en Guerrero, sino también en otros estados del país.
Sobre Marcos, portavoz del EZLN, dice: “Cuando dice que hay que mandar obedeciendo, eso realmente fue, es para mí algo muy importante, que incluso nosotros a lo mejor lo estábamos haciendo así parecido pero no lo habíamos puesto nombre, digamos”. Luego concluye enigmáticamente, diciendo: “Pero ahorita no puedo decir mas”.
Sobre la mística de alzamiento armado alrededor de 2010, en el Bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución, el guerrillero menciona: “No vamos a decir que cada cien años, como se dice, se hace una revolución. Eso no creo que ahora va a ser así, pero de que se acerca el momento, se acerca. Y si otro movimiento le entra, ahora si que a los balazos y le tenemos que entrar, o sea vamos a entrarle todos a apoyar, porque no podemos permitir que el pueblo sea masacrado. Tenemos que entrarle.
Pero no tenemos planes, ahora en lo que yo sé, de decir: ´ahora vamos en esa fecha’”.
Todos eran de una sola familia
Entre los cinco ejecutados encontrados en Tecpan de Galeana se encuentra un ex militar, quien fue identificado por sus familiares, resultando así que los cinco muertos eran miembros de una sola familia.
Los cuerpos, que presentaban impactos de arma de fuego y estaban atados de mano y pies y vendados de los ojos, fueron reclamados por sus parientes, quienes el 31 de diciembre los buscaron en las corporaciones policíacas, donde los reportaron como desaparecidos.
Fueron identificados como Adain e Iván Abarca Morales, de 22 y 24 años, respectivamente; su primo, Víctor Flores Morales, de 34 años, todos vecinos de la colonia de El PRI y originarios de la localidad Tierra Blanca, en la Sierra de Tecpan. Asimismo, se identificó a José Luis Abarca Radilla, un ex soldado que intentó ingresar el año pasado a la Policía Municipal de Atoyac y radicó en el Ticui.
El otro ejecutado fue reconocido como Odolio Abarca Morales, de 27 años, también vecino de Tierra Blanca, en la Sierra de Tecpan. Los cinco cuerpos fueron enterrados a un costado de la carretera que va hacia la comunidad del Balcón, en Tecpan de Galeana.
Dos grupos de la policía estatal, en coordinación con elementos de la Policía Ministerial del Estado y Policía Preventiva Municipal,fueron los que descubrieron la fosa clandestina el miércoles pasado
