Archivo para Septiembre, 2007

El subcomandante Marcos, líder de la guerrilla mexicana Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), reinició el jueves una gira por el país al viajar desde el estado de Chiapas (sureste) a la Ciudad de México, para luego trasladarse a la norteña Sonora.

El guerrillero, que es acompañado por cinco comandantes indígenas del EZLN, tiene planeado participar en un encuentro de los Pueblos indios de América que se celebrará en Sonora (noroeste) del 11 al 14 de octubre, informó en Chiapas un portavoz del Centro Indígena Fray Bartolomé de las Casas, un albergue donde Marcos hizo una parada antes de su viaje.

Marcos inició un periplo por el país en enero de 2006, al que denominó la “otra campaña”, con la intención de formar un frente de izquierda alternativo a las fuerzas políticas del país.

La guerrilla del EZLN, que se dio a conocer el 1 de enero de 1994 en el estado de Chiapas, no ha depuesto las armas pero en los hechos lleva unos 10 años funcionando como un movimiento social pacífico.

Los integrantes de esa guerrilla, incluido su líder, salen de la selva Lacandona, donde residen, y viajan por el país desarmados y bajo el beneficio de una ley de amnistía aprobada por el Congreso mexicano en 1994.

El vicerrector de la Universidad Iberoamericana, Javier Prado Galán, dijo que la ostentación que hizo el ex presidente Vicente Fox, egresado de esta casa de estudios, no forma parte de la filosofía educativa de la institución y reveló que el ex presidente “no se distinguió por ser un alumno brillante”.Prado Galán reconoció que Fox se tituló en la Ibero, donde cursó la carrera de Administración de Empresas, pero que su vida pública es cuestión aparte.

“No vamos a decir que producimos pura gente sublime y honesta. Uno no se hace responsable de los hijos que tiene después de los 18 años… No podemos hacernos responsables últimos de la trayectoria de cada uno de nuestros egresados”, indicó.

En un mensaje difundido el pasado martes por el Centro Fox, el ex presidente dijo que de su formación en escuelas de la Compañía de Jesús -orden religiosa que administra la Universidad Iberoamericana-, aprendió a compartir “lo mucho o lo poco” que posee y a actuar con “ética y verdad, a servir con humildad”.

“Académicamente él no se distingue, tampoco lo vamos a exhibir… no hizo posgrado con nosotros… no se distinguió por ser un estudiante brillante”, señaló el vicerrector.

CONMUEVE A MARTA DEFENSA DE SU MARIDO. Celaya, GTO.- El ex presidente de México Vicente Fox Quesada dijo ayer que “quisiera ser el blanco de todas las calumnias, que me toquen a mí todas las tonterías que dicen en contra de Marta”.

El tono de voz usado por el ex mandatario fue el de alguien abrumado, y en referencia a la información que recientemente se difundió sobre su presunto enriquecimiento a raíz de la exhibición que hizo de sus propiedades en una revista del corazón.

En su primer evento público luego de ser electo copresidente de la Internacional Demócrata de Centro, el ex presidente Fox traía bajo el brazo un ejemplar del libro “Un Mundo Ideal” escrito por H.H.

González. Fue casi al final de su intervención en el acto, cuando Fox Quesada no se aguantó y dijo “quiero decirles aquí que yo quisiera convertirme en un pararrayos, y lo digo con absoluta seriedad, quisiera ser el blanco de todas las calumnias, que me toquen a mí todas las mentiras, todas las tonterías que dicen todos los días, en contra de uno, en contra de Marta, en contra mía, y no pido más que eso”.

La educación y la exclusión de los indígenas

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, por sus siglas en Español), dio a conocer esta semana su informe sobre el Panorama Global de la Educación. En su nota para México, destaca una vez más lo que sabemos desde hace años: México es un país con enormes rezagos en materia educativa, y es un país que comparativamente invierte mucho menos en la educación, en números absolutos, que sus principales socios comerciales.
En su nota para México, la OCDE advierte que en promedio, el país invierte hasta casi tres veces menos en la educación de sus alumnos de primaria que los países más ricos del mundo, tema que no es menor, si se considera que nuestro México representa la 13ª economía a nivel planetario.
Si esta realidad es negativa para los niños de México, debe considerarse sobre todo la realidad de las niñas y los niños indígenas, pues en todas las evaluaciones que se han realizado recientemente sobre la calidad de la educación en México, las regiones indígenas son las que cuentan con menor infraestructura y con menores capacidades de aprendizaje y de rendimiento escolar.
El asunto no es menor. Se trata del incumplimiento de uno de los derechos fundamentales de las niñas y niños indígenas, más aún si se considera que al ser la educación un derecho habilitante, su incumplimiento reduce las capacidades de sobrevivir, de contar con una salud de calidad y de tener la oportunidad de desarrollar una vida digna.
Para los indígenas de nuestro país siempre ha habido regateos, excusas y negación en el cumplimiento de sus derechos. Hemos sido una nación poco generosa y solidaria con los pueblos y las culturas originarias (como les llama el maestro León Portilla), y hemos sido poco justos en la generación de un sistema social que los incluya en dignidad y en el reconocimiento de que somos una nación pluricultural y plurilingüe. Debe recordarse que fue sólo hasta la década de los 90, con la reforma al Artículo 4º Constitucional, cuando México reconoció tácitamente esta condición, lo cual es un indicador de la enorme deuda ancestral que tenemos con las comunidades y los pueblos originarios.
Los informes sobre la calidad de la educación básica en México así como las evaluaciones de aprendizaje que se han realizado en nuestro país recientemente, deben ser elementos clave no sólo para convocar a una reforma nacional de nuestro sistema educativo, sino a una profunda reforma en los modelos de enseñanza, que permitan que todas y todos podamos percibirnos como una comunidad nacional enlazada con aspiraciones comunes, pero también con base en distintas visiones del mundo, de la vida y de las personas.
Percibirnos en nuestras diferencias, aunque parezca paradójico, puede contribuir a fortalecer una identidad nacional cada vez más vaga y cada vez más frágil ante los embates de una cultura globalizante, que pretende homologar todo bajo la lógica de un discurso prácticamente único, y que privilegia al individualismo y a un mercado rapaz que todo lo avasalla aun a costa del sufrimiento y el malestar de miles de millones de personas a lo largo de todo el globo.
En efecto, lo que hoy sabemos a través de las aún incipientes evaluaciones sobre la educación en México, permite sostener que son las y los niños indígenas quienes menor calidad reciben en su educación. Desde un número menor de días de enseñanza por año: entre 160 y 180 días, frente a calendarios escolares que les ofrecen a los niños del Distrito Federal o Nuevo León 200 o inclusive 210 días efectivos de clases por año. En la curva del tiempo, esto implica que en promedio una niña o niño indígena puede recibir en total el equivalente a sólo 4 grados de educación primaria, mientras que en el mismo lapso, una niña o niño del Distrito Federal cumplirá efectivamente su educación primara con 6 grados normativos.
Aunado a lo anterior, debe señalarse el hecho de que mientras que el promedio educativo nacional rebasa ya los 8.5 grados, en algunas de las comunidades y regiones indígenas el promedio apenas alcanza los 3 años de enseñanza formal. Esto no puede seguir así y debe obligarnos a realizar un esfuerzo extraordinario de inversión y de mejoramiento de los servicios educativos para estas poblaciones.
Mejorar la educación indígena no será posible, sin embargo, sin una política nacional de inclusión de los pueblos originarios. La protección de sus culturas, tradiciones y principalmente de sus lenguas, resulta fundamental para reconstruir la unidad nacional con base en criterios y valores solidarios que nos den a todos razones suficientes para sentirnos parte de un país que aspira a la inclusión y la justicia social.
Proteger a las lenguas indígenas implica también proteger el patrimonio cultural de la humanidad. Implica proteger visiones de mundo, de lo social y de nuestras capacidades para buscar alternativas de desarrollo amigables con el medio ambiente promotoras de la cooperación y el desarrollo comunitario, e impulsoras de una nueva noción de un país verdaderamente pluricultural.
Para lograrlo, debemos reconocer que no es posible que poco más del 60% de las niñas y niños indígenas sigan siendo quienes presentan menores niveles de aprendizaje; que más del 60% de sus escuelas funcionen en la modalidad de “escuelas multigrado” y que presenten las mayores tasas de reprobación, repetición y deserción en el país.
No es tampoco aceptable que sean las escuelas de las regiones indígenas las que cuenten con menor infraestructura escolar, las que en mayor medida carecen de agua potable, servicios sanitarios, servicios complementarios de salud y, por si fuera poco, en las que el mayor grado de desnutrición y bajo peso y talla se registran.
Creerle al Presidente de la República cuando sostiene que su mayor prioridad es abatir la desigualdad en México, requiere que antes se presenten evidencias sobre la construcción de un conjunto de políticas que permitan revertir estas y otras condiciones que afectan el cumplimiento de los derechos de los pueblos indígenas. Ello requiere, por supuesto, la decisión de reconstruir capacidades de institucionales y de intervención del Estado para redistribuir el ingreso y para garantizar seguridad social, educación y trabajo digno para todas y todos.
México es el país de América Latina con mayor número de personas hablantes de alguna lengua indígena y poseemos el mayor patrimonio prehispánico del continente. Nuestro pasado es milenario y se quiera o no, es en estas culturas en las que tenemos ancladas nuestras más profundas raíces como nación y como proyecto de país.
Construir un país justo no es posible sin la inclusión plena de las y los indígenas. Construir una cultura para la paz no es posible en medio de la cínica discriminación y racismo que ejercemos contra los indígenas; construir un país para la tolerancia y la equidad no es posible en medio de la descarnada pobreza y miseria en que viven los más de 9 millones de indígenas en nuestro país.
Hoy tenemos la oportunidad de saldar esta deuda histórica; hoy podemos reconstruir y fortalecer nuestros mejores valores y reconocernos en la diversidad y pluralidad de lo que somos. De no lograrlo, tendremos un saldo impagable con nuestra historia.

En medio de la escalada de precios que se vive en el país, el presidente Felipe Calderón aseguró ayer que México se encuentra en un “momento muy diferente” al de 1982, cuando había índices inflacionarios de 100 por ciento, y se comprometió a que nunca más habrá una crisis económica.

A dos días de haber pospuesto la entrada en vigor del llamado gasolinazo, el michoacano se dedicó a comparar el año de 1982 –en que el país “estaba verdaderamente de cabeza, con una devaluación galopante”– con el momento actual, en que si bien –dijo– se batalla por mantener tasas de inflación razonables, éstas son de tres o cuatro por ciento.

Calderón estaba ayer de plácemes, porque en la residencia oficial de Los Pinos celebró el 25 aniversario del sindicalismo bancario y, en ese contexto, recibió un reconocimiento por ser el primer presidente que surgió de ese ámbito.

Eso lo llevó a recordar que su primer empleo fue como operador de cheques devueltos, en la oficina matriz de Bancomer en su natal Morelia, Michoacán. Contó que tenía un “nivel muy de base”, y confesó que si en ese momento hubiera podido adherirse a un sindicato “lo hubiera hecho orgullosamente. Ya saben que me encanta también…, no sé si deba decir la grilla, pero bueno”.

Al recordar los problemas que ha enfrentado la banca, como la nacionalización, la privatización y la quiebra por irresponsabilidad, aprovechó para marcar diferencias entre su gobierno y los años de 1982, 1987 y 1994, cuando hubo “severas crisis económicas”, las cuales provocaron que más de la mitad de los mexicanos viva en la pobreza.

En su afán por defenderse de las críticas que han suscitado los aumentos de precios en el país, recordó que en 1982 el dinero se pulverizaba y las cuentas en dólares se congelaron.

Señaló que para evitar la crisis económica ha mantenido una férrea disciplina fiscal y actuado con celeridad para frenar las burbujas inflacionarias, como las que se viven ahora en el mundo, sobre todo en el terreno agrícola.

Así, el Presidente se enorgulleció de que México tiene un sistema sólido, a diferencia de Estados Unidos, Europa y Japón, que han tenido que inyectar dinero de los bancos centrales para estabilizar sus mercados financieros.

Aseguró que hay confianza en la fortaleza del país, pero que aún falta “cambiarle velocidad” a la economía, promoviendo modificaciones de fondo. Por eso, pidió a la Federación Nacional de Sindicatos Bancarios y a la Asociación de Bancos de México que se haga una serie de cambios en el sector, como incremento de la cobertura, ampliación de las condiciones de acceso y promoción de la banca de desarrollo.

Piden que revise reforma a instituciones de crédito

Dirigentes de sindicatos bancarios pidieron al Ejecutivo dar marcha atrás a una iniciativa de ley que propone autorizar a las instituciones de crédito contratar con terceros, a través de los llamados outsourcings, la prestación de servicios o comisiones para realizar operaciones.

Luis Angel Romo, secretario general del gremio de Banobras, señaló que la reforma va en contra de los derechos de los trabajadores, la protección de la confidencialidad de los clientes y la seguridad de la información bancaria. Y de paso también expresó su preocupación por el futuro de la banca de desarrollo en el país, porque pareciera que el gobierno pretende su “extinción”.

Luego de escuchar estos planteamientos, el Presidente prometió que los revisará; asimismo, dijo que se buscará que en la actualización del marco normativo del sector laboral se incorporen disposiciones que puedan regular el trabajo, “a fin de evitar simulaciones y abusos sobre los trabajadores”.

Reunión con legisladora chilena

En otro acto, Calderón mostró interés en retomar la experiencia chilena para enriquecer la discusión que realiza el Congreso de la Unión sobre la reforma al sistema de justicia penal en México.

En reunión con la senadora Soledad Alvear, presidenta del Partido Demócrata Cristiano y quien como ministra de Justicia de Chile estuvo a cargo de la citada reforma en su país, el michoacano expresó confianza en el trabajo de los legisladores de todos los partidos, así como en la aprobación de una reforma que dote al Estado mexicano de mejores instrumentos para combatir la delincuencia y el crimen organizados.

En Chile, el nuevo sistema de justicia establece el juicio oral, público y transparente, en lugar del antiguo, que era escrito.

¿Quién es el señor Calderón?

Cantaban los jóvenes en las “peñas” cuando la lírica de protesta significaba oportunidad, pretexto y moda:
“Qué pobres estamos todos, sin un pan para comer (chun tata, chun tata), porque nuestro pan lo gasta, el patrón en su placer (chun tata, chun tata)”.
Eran los tiempos de la (aparente y siempre incomprendida) versión de la lucha de clases con charango y quena. El sueño era crear dos, tres, muchos Vietnam. Eran los tardíos sesenta y la alborada de los setenta cuando hacían una extraña esquina Carnaby Street y Ciudad Nezahualcóyotl; una mezcla de Che Guevara con John Lennon con las necesarias salpicaduras de marxismo de etiqueta: “…un fantasma recorre el mundo…”.
Luis Echeverría nos convocaba a la adjudicación nacional del tercer mundo; expropiaba tierras en Sonora y el Bajío (entre ellas las de la familia Fox) y condenaba la miopía de la clase privilegiada; acusaba a los industriales de haber construido sus palacetes en reforma sobre la explotación de los campesinos cañeros, y subía el precio del azúcar. Tiempo después José López Portillo (el último Presidente de la Revolución Mexicana) les pedía con encarnado rostro su perdón a los pobres por no haberlos sacado de la miseria y preparaba el zarpazo contra las riquezas de banqueros voraces (perdón por el pleonasmo).
Por una extraña paradoja, el último acto de la Revolución no fue la nacionalización bancaria sino el Fobaproa. Pero esos eran otros tiempos. O al menos eso nos había querido hacer creer. A fin de cuentas el nacionalismo revolucionario, si alguna vez existió más allá del general Cárdenas, no tenía otra forma de aproximarse a los ciudadanos (siempre tutelados, subsidiados, protegidos y a la postre explotados) sino mediante el discurso populista.
El populismo es, en términos muy generales, poner por delante de cualquier consideración política, ética, técnica o de otra naturaleza, la salvaguarda protectora de una masa indefinida y miserable llamada pueblo; actuar en su nombre y autonombrarse su redentor.
César Cansino e Israel Covarrubias, en su ensayo (2006) “En el nombre del pueblo”, afirman algo notable a la luz de los recientes discursos presidenciales cuyo contenido ha generado tantos comentarios: “Tal parece que el populismo ha terminado por convertirse en un exceso de la teoría al intentar dar cuenta de un exceso de la realidad. Se trata pues, de un concepto tan elusivo como las realidades de las que trata de dar cuenta, tan retórico e ideológico como la propia retórica e ideología que caracteriza a los populismos en los hechos (yo diría, que distingue a los populismos de los hechos)”.
He aludido a recientes intervenciones presidenciales en las cuales no se percibe a un hombre cuyo pensamiento sea la derivación natural (quizá sea su evolución) de la escuela ideológica en la cual fue formado. No son las frases tradicionales de un panista ortodoxo como siempre se ha identificado a Felipe Calderón. El pensamiento de derecha, a pesar de los intentos de subsidiariedad y responsabilidad social en el pensamiento de Manuel Gómez Morín, no deja de estar muy distante de las palabras de fuego en las enjundiosas y comprometedoras intervenciones recientes del Ejecutivo cuyo empeño en “rebasar por la izquierda” lo pone a veces al borde de la cuneta.
Una de ellas de carácter cívico conmemorativo (21 de marzo) cuando Felipe Calderón habló de Benito Juárez en términos similares de como podría haberlo hecho el gran maestro de la logia del Valle de México.
“Juárez es el gran constructor de la Nación, es el defensor de la República, gracias a él y a una extraordinaria generación de liberales, se colocaron los cimientos del Estado mexicano y de sus instituciones… Benito Juárez fue el artífice de muchas de las victorias más preciadas en la historia de la Patria, el triunfo del Derecho frente a la arbitrariedad y la injusticia, el triunfo de la razón y la ilustración frente a la cerrazón; el triunfo de los derechos y las libertades del hombre sobre cualquier clase de servidumbre.
“Con la profunda visión de Estado que le caracterizó, él comprendía que no podríamos ocupar con éxito un lugar entre las naciones libres, con las instituciones y estructuras sociales del pasado de la era colonial.
“En su momento hubo mucha incomprensión a su proyecto de Nación, pero el tiempo ha demostrado que tenía la razón y que aquellas reformas que encabezó eran las necesarias.
“Junto a una generación de liberales impulsó la Constitución de 1857, que ha cumplido este año su 150 aniversario y las Leyes de Reforma que, entre otras cosas, separaron los ámbitos del Estado y de la Iglesia”.
Ahora bien, deberíamos saber si toda esta pirotecnia oratoria de inusitada audacia corresponde a una realidad intelectual y política; si se trata de un esfuerzo congruente con un proyecto personal cimentado en una determinación real, o es únicamente un recurso temporal (tan temporal como un aplazamiento trimestral del inflacionario y encarecedor impuesto a las gasolinas y combustibles diversos) sólo para disminuir y arrebatarle sus tesis y ofertas (y eso quién sabe) a los adversarios, especialmente a ese cuya sombra “legítima” lo persigue a mañana tarde y noche.
¿Estamos frente a una convicción o nada más frente a un subterfugio? ¿Son éstas las expresiones de una obra o son nada más una maniobra?
En este sentido valdría esperar por los compromisos y actos más allá de la declaración, cuyo carácter fugaz e improvisado permite ciertas indefiniciones y aun contradicciones, sobre todo por la forma como las palabras recientes han (aparentemente) confrontado al Presidente con quienes al menos en el papel son sus similares de clase, cuando no su margen electoral (su 0.56%): los empresarios, los ricos, los privilegiados, los favorecidos, o como él los llamó: la “elite”, “minoría selecta”.
En este sentido valen la pena dos revisiones. La primera (julio 2007) ante la Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural (Lorenzo Servitje) cuando fue increpado por la eliminación de la deducibilidad filantrópica en el marco de su reforma fiscal (ya solucionada en favor de los quejosos), y la otra su ya célebre intervención (21 de septiembre) ante los editores y personajes de la revista “Líderes” cuya naturaleza —dicho sea de paso— consiste en exhibir la bien fotografiada vanidad con el ropaje del éxito social.
Obviamente ha habido otros discursos de Felipe Calderón en los cuales se advierte una tendencia si no contraria, al menos distante (real o simulada) a la ortodoxia del panismo. Estos son algunos de esos fragmentos:
“Allá afuera, hay un México, ciento cinco y pico millones de mexicanos esperando a ver a qué horas hay una fuerza nacional capaz de entenderse y hablar… Cuántas fortunas se han construido sobre la sangre y sobre el dolor de esa mitad de mexicanos… Partimos de la premisa, además, de que si no corregimos esa desigualdad ahora, se seguirán incubando en todo el país y particularmente en el campo donde se concentra la pobreza extrema, rencores y agravios que se exacerban con intenciones políticas y que pueden romper totalmente las posibilidades de desarrollo del país…”.
“Yo le digo a la sociedad mexicana entera que no hay caridad sin justicia y que lo que México necesita ahora es encabezar una cruzada enorme por una justicia que está olvidada y tenemos que hacerlo antes de que sea demasiado tarde…
Un México distinto al de la oruga docta que pontifica y se sube allá a su torre de marfil y que tarde o temprano queda convertida en pedestal de imbéciles (¿la oruga, el pedestal o la torre?)”.
Pero independientemente del interés inmediato, hay un elemento común en todas las intervenciones recientes de Calderón: la desigualdad, la pobreza y sus diversas derivaciones y circunstancias; la injusticia, la concentración y la inviabilidad del futuro si estas condiciones persisten (todo eso quedó definido en su mensaje del 2 de septiembre, primera de sus dos cadenas de TV), pero más allá del acertado diagnóstico no se advierten transformaciones reales.
La simplona receta de la reforma fiscal en trozos y con pausas no determina absolutamente nada pues no modifica la estructura de la formación del capital en México. La verdadera reforma en este país pasa por un camino para el cual nadie está preparado: decapitar a la oligarquía y romper la dependencia.
Desde el neoliberalismo, así se presente lleno de remordimientos y conflictos morales, no se hace una revolución. Si la Hacienda mexicana se perfecciona y comprende con el fichaje de un ex funcionario del Banco Mundial, la tendencia y orientación no se desvían del modelo impuesto cuyos resultados hoy públicamente lamenta el Ejecutivo.
Y así no se va a corregir nada. Se buscan otros resultados con los mismos ingredientes. Poniendo a hervir otro pollo no se hace otro caldo, se hace otro consomé de pollo.
Por: Rafael Cardona

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